Dos meses después, cuando el verano se había fugado y llegaron las primeras heladas, Eliana y su familia celebraron los diez años de Clara fuera de la ciudad de Berlín para estar algo más tranquilos sin que los Nazis pudieran estropearlo, ya que todo estaba mucho peor. En una sola noche llegaron a pillar a más de treinta judíos sin identificar, que fueron llevados a los calabozos durante un par de días sometidos a pasar hambre y sed, y obligados a renovar su carnet de identidad con una enorme jota sobre él para saber que eran el "enemigo" y digo "enemigo" porque ya se les empezó a considerar una gran amenaza para la sociedad alemana. Una vez, Eden también tuvo que pasar un par de días encerrado y contó a su familia con horror que fue lo peor que tuvo que soportar.

"Me dieron una pequeña jarra de agua con menos de la mitad para todos los días. Estaba un poco putrefacta y se veía el fondo de la jarra con moho y barro, pero me la bebí entera porque sentía que me moría si no bebía por muy asqueroso que fuera su aspecto. Luego me llevaron un cuenco con dos trozos de pan muy duros, los cuales tuve que mojar en el agua para masticarlos mejor. Me administré el agua y el pan para esos dos días que iba a estar allí, temiéndome que fueran más...Afortunadamente vuelvo a estar junto a vosotras" -Relató Eden-

Por otro lado, Nevin y Eliana seguían teniendo una relación que aumentaba de pasión cada vez más, y todavía ninguno de los dos sabían quiénes eran realmente: ella judía, él alemán. Nevin iba a buscarla cada día a la salida del instituto y traía para ella un ramo de rosas con una dedicatoria, pero Eliana nunca salía de clases con ánimo, ya que cuando la profesora tenía que mandar deberes, a la fila derecha les mandaba el doble pero nunca preguntaban dudas porque no se les permitía.

4 de Noviembre de 1938:

La tarde del cuatro de noviembre, Nevin y Eliana iban de camino a casa de él para que conociera a Marie ya que Manfred estaba por ahí emborrachándose en una de las tabernas cercanas. Nada más entrar, Eliana se detuvo en seco al ver las esbásticas colgadas en la pared junto a las fotos de Htiler, y entonces descubrió la verdad: él no era de su clase. Sus ojos casi lloraban de rabia y el corazón le pedía una vía de escape lo más rápido posible. Nevin la miraba, supuso que fueron las esbásticas las que le habrían provocado esa horrible reacción, y cierto era, pero la verdad esque lo que la puso así, fue la verdad.

-Son de mi padre, ama a su Führer...-dijo él-

-Creo que es mejor que me vaya.-dijo Eliana-

Eliana casi sin poder respirar salió por la puerta sin dar explicaciones y Nevin la siguió hasta una calle donde la logró detener.

-¿Qué te pasa?.-preguntó él-

-Ha sido un error estar contigo...No puede ser.-contestaba ella llorando al fin-

-¿Lo dices por las esbásticas?.

-No, no es por eso. Lo siento, no puedo más...

Eliana le dio la espalda y Nevin la cogió de los hombros girándola para que se miraran los dos.

-Dame una explicación, no puedes hacerme esto y de esta manera.-dijo él-

-¿Esque todavía no lo entiendes? Soy una judía, ambos hemos vivido engañados, ni tú sabías lo que yo era, ni yo lo que tú eras.

Nevin creía estar en una especie de sueño, sus piernas comenzaron a temblar cuando supo que ella era lo que era, y aún así no estaba dispuesto a dejarla marchar, la amaba.

-Me dá igual, no pienso dejarte.-dijo él-

-Tú y yo ahora somos enemigos Nevin, nunca habrá un lugar para nosotros.

-Te prometí que estaría contigo aunque este país entrara en guerra...

-Siendo yo judía y tú alemán ya estamos en guerra ambos. Esto debe terminar, porque si nos descubren nos matarán a los dos.

-No, no me dejes ahora...

-Esto es imposible...

Eliana se volvió y caminó hacia la barbería de su padre corriendo a toda velocidad llorando como nunca había llorado, y Nevin no volvió a entrar a casa. Se largó. Cuando Eliana entró, se arrodilló al suelo sin parar de llorar, y Eden, que no tenía gente y estaba haciendo un papeleo corrió nervioso hacia ella más que preocupado.

-Eliana, ¿qué ha pasado?. No me asustes por favor.-dijo Eden-

-Nevin no es lo que yo creía que era.

-¡¿Qué te ha hecho?!.

-Nada padre. Es un alemán, es hijo de uno de los Nazis que trabajan para Hitler y yo creyendo que era como yo...

Eden la abrazó.

-¿Te engañó?.-preguntó él-

-Nunca lo hizo. Él pensó que yo era como él. Crecimos enamorados junto al mismo engaño.

-¿Y ahora qué vas a hacer?.

-Ya lo he hecho. He acabado con él y no sabes cómo me siento. Solo pensar que nunca podremos estar juntos me quema el corazón tan fuerte que ni me quedarían las cenizas.

-Esto se acabará pronto y estarás con él.

-No padre, nunca se va a acabar.

Se abrazaron otra vez y Eden entendía a su hija, que compartía sus lágrimas junto a él. Un par de días después, Eliana seguía saliendo por ahí pero con sus amigos, y nunca se encontró con Nevin por las calles. A la salida del instituto, no fue a buscarla ni tampoco estaba junto al buzón repartiendo cartas ni estaba por los alrededores. Pensó que le pudo haber pasado algo por no tenerla. Preguntó a sus amigos, pero tampoco le habían visto por ningún sitio. Eliana comenzó a ponerse nerviosa...Cuando regresó de nuevo a casa, se encerró en su habitación sin querer saber nada de nadie y comenzó a recordar su historia de principio a fin junto al verdadero amor de su vida. Sus lágrimas caían hasta que llamaron a la puerta. Clara necesitaba hablar con ella urgentemente y Eliana la tiraba, no quería ver a nadie.

-Necesito hablar.-decía Clara insistiendo-

Al final Eliana le abrió la puerta y entre sus manos había una carta de Nevin para ella, Eliana la cogió sin tener seguro el querer leerla, pero su corazón la obligaba a ello, asíque se sentó en su cama y comenzó a leerla despacio:

"No sé ni siquiera si abrirás esta carta, debo decirte que han pasado dos días desde que lo nuestro acabó y no he dejado de pensar en ti en ningún momento. Es más, mi amor por ti sigue creciendo cada vez más y necesito que alimentes las ganas que tengo de ti. No quiero que me olvides, tengo tanto miedo a que eso pase que tengo que escribirte para que te sigas acordando de mí y de todo el verano que hemos pasado juntos. Sé que ahora que sabemos lo que somos, todo ha tomado un rumbo totalmente diferente, pero eso solo me hace amarte más. No me has visto porque no me muevo ahora por dónde tú sueles estar porque no quiero abrir mi herida cada vez que me cruce contigo y saber que no te puedo ni besar, ni abrazar....Asíque estoy con tu hermana para que me cuente de ti y que por lo menos sepa que estás bien. Si decides volver, aquí estaré esperando, y si encuentras a otro, por lo menos quiero comprobar si te pierdo por un hombre mejor que yo y que no te trate como lo hizo Kinor. Te querré toda la vida, no lo olvides. Nevin"

Ella, dobló la carta y lloró junto a su almohada.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!