Pasó la noche y le vuelve a tocar el turno al amanecer. Eden despertó a Eliana para irse a Berlín, y ella se negó, necesitaba un día entero sola para meditar sobre sus asuntos y poner en orden todas y cada una de sus ideas.

Tras la decisión de Eliana, Eden fue a preguntarle a Clara; que sí se iba porque dijo que tenía que hacer una cosa importante "con sus amigas". La pequeña tomó su almuerzo como todas las mañanas, se puso guapa con un vestido de color verde pistacho y su madre le hizo dos coletas con un lazo blanco en cada una de ellas. Se despidió de Kiva con un beso en la mejilla, la abrazó y partió a Berlín junto a su padre en el coche que tan limpio estaba siempre, ya que Eden lo adoraba. Llegaron a la puerta de la barbería y Clara fingió irse por la dirección de siempre, pero en cuanto su padre se fue para dentro, se fue por el camino que siempre tomaba su hermana en busca de Kinor. La verdad a la niña no le importaba llevarse un golpe, tres, cuatro...Simplemente quería darle lo que se merecía sin importarle nada el riesgo de quedar malherida de un golpe.

Antes de llegar a la fuente, Clara lo vio a lo lejos acompañado de una muchacha de la misma edad que Eliana con el pelo negro y corto a media melena con sus bucles danzando por sus hombros al ritmo de sus pasos.

"No puede ser, será una amiga"-pensó Clara-

Pero Kinor miró a sus alrededores como asegurándose de que no lo estuviera viendo nadie y entonces deslizó la mano derecha hacia el trasero de aquella muchacha, que sonreía coqueta al sentir su mano.

Fue entonces cuando Clara salió corriendo hacia su presa sin dudar ni un segundo. Se enganchó a su espalda y le estiró fuertemente del pelo arañándole con fueria la cara pensando en lo que pasaría si Eliana se enteraba de lo que había sucedido. Él intentaba quitársela de encima, pero las heridas dolían y no conseguía quitársela de su espalda hasta que Clara perdió el equilibrio y cayó al suelo.

Cuando Kinor vio la cara de la niña, empezó a ponerse nervioso, digamos que había sido descubierto y por su cuñada, una niña de nueve años que cuando se cabreaba, su fuerza aumentaba a cada instante. Le pidió a su amante que se largara con un tono frío que daba miedo escucharlo, y la chica como no, le obedeció.

-¿Qué crees que estás haciendo, estúpida? ¿Te crees mejor que yo?.-le dijo Kinor-

-Estás engañando a mi hermana con esa fulana que se deja meter mano y a ti te da igual.

-Ya que tu hermana no me deja tendré que hacerlo con la que sí me deje.

Clara intentó levantarse del suelo para atacar otra vez y Kinor la volvió a tirar al suelo de un fuerte empujón. Todos los de alrededor miraban pero ninguno hacía nada. La niña no tenía pensado rendirse, por lo que le dio una fuerte patada en la rodilla a su rival, y cuando Kinor fue a darle un golpe en la cara, Nevin detuvo su mano con fuerza y le dio un puñetazo en la cara levantando a Clara del suelo.

-¡¿Tú otra vez?! ¿No sabes cuándo rendirte o qué?.-dijo Kinor-

-Defiéndete conmigo si tienes lo que hay que tener, pero a ella ni la toques.

Kinor con chulería, empezó a sonreír mientras se limpiaba la sangre de la ceja derecha.

-No merece la pena.-interrumpió Clara-

-Vete con esa niñata si no quieres que mañana cuando vea a Eliana, me acuerde de ti y descargue esta rabia contra ella.

-Maldito hijo de...-dijo Nevin conteniéndose para no pelearse con él, ya que era lo que Kinor andaba buscando-

-Vámonos.

Clara cogió del brazo a Nevin y ambos se fueron de la vista de Kinor. Caminaron un rato los dos juntos por la calle sin rumbo, no habían dicho algún lugar para ir y sentarse para charlar.

-Gracias, ¿cómo supiste que nos estábamos peleando?.-preguntó Clara-

-No hay de qué. Estaba trabajando y me detuve al verlo con otra.

-Y, ¿te has peleado alguna vez más con él?

-¿Lo dices por esta herida?

Clara asintió.

-No, son pequeños problemillas.-contestó Nevin-

Llegaron hasta un banco y allí se sentaron para hablar más tranquilamente del asunto.

-Me preocupa mi hermana. Tengo miedo de que le haga daño físicamente, y ya no me importa que sepa que le he dado lo que se merecía a ese desgraciado.

-Esta tarde si viene, intentaré abrirle los ojos una última vez.

-La quieres, ¿a que sí?

-La verdad esque sí, y no sé qué más poder hacer. Si fuera feliz la dejaría marchar, pero no lo es, no al lado de él.

-Tienes que hablar con ella esta tarde por favor...

-Lo haré.

Nevin y Clara se dieron un abrazo entre tristeza, y después, antes de las dos del medio día, él la acompañó hasta la puerta de la barbería de Eden y luego se retiró para seguir trabajando entregando cartas a los barrios de Berlín.

***

Padre e hija llegaron a la hora de comer, y las dos mujeres que estaban en casa, ya estaban sentadas sobre la mesa esperándoles. Eden y Clara tomaron sus asientos correspondientes y empezaron a tomar la comida con ansia, ya que tenían hambre, pero Eliana vio en uno de los dedos de la mano derecha de su hermana, unas pequeñas gotas de sangre y luego la miró a ella.

-¿Dónde te has hecho eso?.-preguntó Eliana-

Clara se miró la mano, y nerviosa cogió una servilleta para limpiarse la sangre fingiendo que le dolía un poco.

-Me hice daño en la uña.-contestó-

-¿Haciendo qué?

-Pues...Haciendo nada, se me enganchó en el vestido, tiré fuerte y me sangró.

-No te habrás peleado, ¿verdad?.-dijo Eden-

-No padre, ya sabes que no me gustan las peleas.

-¿Y por qué te acompañó Nevin?

Las miradas de Eliana y Clara se cruzaron.

-Anda, ¿te acompañó Nevin?.-preguntó Eliana-

-Cuidado con los mayores...-le advirtió su padre-

Eliana le dio una pequeña patada a su hermana por debajo de la mesa al saber que Clara se había movido por sus círculos.

-Clara, ¿podemos hablar un momento?.-preguntó Eliana-

-Ahora no. Después de comer.-interrumpió Kiva-

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!