-¿Ya estáis aquí?.-preguntó Eliana sonriendo a regañadientes-

-Sí, ¿y tu amigo?.-preguntó Kiva curiosa-

-Oh, está un tanto indispuesto...

-¿Enfermo?.-preguntó Clara sin creerla-

-Así es.

-Extraño...

Clara, a pesar de no entablar muchas conversaciones con su hermana, conocía todos y cada uno de sus gestos y sabía cuando mentía y cuando decía la verdad. Se figuró que habían discutido por algo, aunque no era tan inteligente para saber por qué.

-¿Bailas?.-preguntó Clara a su hermana para poder hablar-

Eliana asintió y las dos hermanas corrieron a la pista a bailar una canción con ritmo mientras Nevin entraba dentro del local y se sentaba en una silla en solitario con su cerveza en la mano mirando cómo Eliana bailaba junto a Clara.

-¿Qué os ha pasado? Veo que os lleváis como el perro y el gato.-dijo Clara-

-Se ha enojado porque Kinor fue a buscarme y cuando Nevin nos vio juntos, le mintió diciéndole que fui yo quien lo buscó, y como es tan idiota, se lo creyó.

-¿Me estás hablando en serio? Bajo mi punto de vista, es normal que todavía dude de tus sentimientos, pero no hacía falta recurrir a una discusión.

Eliana bajó la cabeza durante unos segundos y Clara le dio un pellizco con disimulo en el brazo derecho.

-No bajes la cabeza, sonríe, nos está mirando.

-¿Y qué?.

-Hazle creer que no te importa.

A Eliana le gustó la idea y efectivamente, sonrió lo más ampliamente que pudo. Cuando Nevin vio esa sonrisa tan bien disimulada, dio un gran sorbo de cerveza, y al ver aparecer a su padre, se largó de nuevo hacia fuera del local para calmar un poco sus nervios. Acabó la canción y la pobre se quedó en mitad del escenario sola, su acompañante andaba en la calle junto a su orgullo. Justo ahí, al minuto, la soledad fue interrumpida por Manfred, que se acercaba a ella poco a poco hasta colocarse a su lado.

-¿Tan bonita y tan sola en la pista?.-preguntó él-

Eden desde lo lejos, notó algo muy raro en ese hombre, y no era bueno que digamos, asíque se dedicó observar la escena. Eliana se volvió reconociendo la voz del padre de Nevin y sonrió sin ganas.

-Bueno, esque está un poco enfermo. Le duele la cabeza y ha salido a tomar el aire.-contestó-

-Conociendo a mi hijo yo diriía que no es muy frecuente que le duela la cabeza.

-La verdad es que hemos discutido.

-Una pena que se enfade con una mujer como tú...

Eliana frunció el ceño tras esa frase, y Manfred ya iba por otro trayecto. La chica empezó a sentirse un poco incómoda y quería irse corriendo de allí, pero hubo una sensación extraña en su cuerpo que se lo impedía constantemente. La boca de Manfred se fue acercando a su oreja derecha y pudo notar el cálido aliento recorriendo las paredes auditivas hasta llegar a escuchar entre susurros sus palabras.

-Yo si fuera mi hijo, no desperdiciaría ni un solo centímetro de tu cuerpo.-dijo él mientras se excitaba notando el roce de su piel en la boca-

-Señor, yo no...

-Shh, calla pequeña, no tengas miedo. No voy a hacer nada que tú no quieras.

-Con el debido respeto, ya lo está haciendo...

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!