En el invierno de 1940, una noche de febrero se dio una fiesta en un local solo para "arios", una fiesta en la que habría una sorpresa al final de la noche. Eliana iba bien vestida, ya tenía sus dieciocho años y no aparentaba ser una niña, ahora era toda una mujer y había despertado pasiones a muchos de los soldados alemanes, pero ella solo teníaojos para uno que sí la amaba de verdad y ese era Nevin, que deambulaba por ahí hablando con unos amigos de su padre también Nazi, en cambio, Eliana se estaba sirviendo ponche mientras muchos de los allí presentes la observaban con ganas de acercarse a ella y poder mantener una simple conversación. Solo el valiente y abrupto Egbert Blau lo hizo sirviéndose también un poco de bebida. Llevaba ya tiempo sin ver al asesino de Abraham cara a cara, y cuando a ella se acercó sintió ganas de matarlo, unas ganas que no había tenido nunca con nadie.

-Dichosos los ojos que te ven, ¿cómo te ha ido todo este tiempo?.-preguntó Egbert-

-Bien. Digamos que lo de siempre. No hago ni veo cosas diferenes.

-Verás una en breve.

Eliana sabía que esa "sorpresa" no era nada buena.

-Seguro que me encantará.-dijo ella irónica-

Los soldados envidiaron a Egbert y solo uno lo odiaba, que aunque estuviera hablando con gente, Nevin no le quitaba el ojo a su dama y menos cuando estaba con aquel soldado.

-Mira, te observan por todos lados, eres la envidia de la noche.-dijo él-

Eliana miró a sus alrededores y pudo comprobar que muchos la miraban y le sonreían, algunos incluso delante de sus esposas, ella ignoró todas las miradas y se fue directamente a la de Nevin, que con su boca le sonrió.

-Bueno, mirar no es malo, ¿no?.-dijo Eliana-

-No, quizás desearte...

-¿Desearme?. Ni siquiera me conocen.

-Se mueren de ganas.

-Como tú, por ejemplo.

Egbert y Eliana se miraron y después él le sonrió.

-Por ejemplo. Pero yo respeto que estás con Nevin.

Entonces, un grupo de soldados entran en el local con unos diez judíos detenidos en los que estaban Mara y Gabriel, que al parecer también los habían descubierto ya. Cuando Eliana los vio allí, se quedó paralizada recordando la muerte de Abraham a manos de Egbert. Ella miró a Nevin oprimida por los nervios y un gran nudo en la garganta, él también la miró y a través de gestos le indicó que se tranquilizara. Una vez los judíos rodeados en círuclo, a un anciano le ordenaron tocar el clarinete mientras los demás bailaban, excepto un tullido, que no podía mover muy bien sus pies. El muchacho era joven, de unos diez años con el pelo alborotado y moreno, que permanecía quieto sin moverse a causa de su invalidez. Manfred y Egbert se acercaron al niño para burlarse de él mientras los allí presentes se mofaban de las gracias de aquellos dos individuos.

-¿Qué te pasa?, ¿no puedes bailar?.-preguntó Manfred-

-No, tengo un problema...-dijo el joven asustado-

Egbert lo cogió de la cara y lo empujó fuerte contra el suelo ordenando a los demás que no pararan de bailar al compás del clarinete.

-Dirígete a nosotros con más respeto. Levántate y baila como los demás.-dijo Egbert-

Él intentó levantarse, enseguida se volvió a caer, necesitaba ayuda para ello, él solo no podía. Egbert sacó entonces la pistola y Eliana comenzó a ponerse tensa de nuevo, solo era un niño.

-¿No me obedeces?.-preguntó de nuevo despiadado-

-Señor, me duele, nunca he podido levantarme yo solo.-contestó el niño-

-Lo harás si aprecias tu vida.

Al cabo de un minuto, el niño seguía sin levantarse y Egbert estaba dispuesto a mancharse de nuevo las manos de sangre esta vez, con mucho público delante, pero su disparo fue detenido por una mano que le bajaba el arma: Eliana.

-¿No crees que no merece la pena? Mírale, si no sabe levantarse...Va a sufrir más así que si lo matas ahora. La decisión es tuya, tú decides.-dijo ella-

Egbert miró a aquel niño y por cortesía de Eliana, no apretó el gatillo, ordenó que lo levantaran y se lo llevaran junto a los demás. Luego, ella salió del local un par de minutos para desahogarse, ojalá hubiera impedido también la muerte de Abraham, pero digamos que se sintió bien por haber impedido al menos la de un niño inocente incapacitado para andar. Al cabo de un minuto, una risa malvada familiar sonó a sus espaldas. Antes de darse le vuelta ya supo de quién se trataba y cerró los ojos con fuerza para no perder la peciencia.

-Precioso espectáculo. Mara y Gabriel lo han hecho genial.-dijo Kinor-

Eliana abrió los ojos de golpe temiendo una cosa terrible, asíque se dio la vuelta para hablar con él de frente.

-¿Qué quieres decir? ¿Los has delatado tú?.-preguntó Eliana-

-Sí, ¿no ha sido brillante?.

Apretó los puños con fuerza.

-¿Por qué?.-preguntó Eliana-

-Porque son amigos tuyos. Bueno, eran. Ya no estarán contigo.

-¿Tú también fueste el responsable de que cogieran a Dina y a Abraham?.

-Ya me hubiera gustado, pero se me adelantaron.

-Cada día me estoy hartando más de ti.

-La siguiente eres tú.

Eliana rió con ganas ante ese comentario.

-Tú ahora no eres nadie, yo tengo el control sobre ti, yo decido si vives o mueres.-dijo ella-

-Eres lo que eres por una mentira, no lo olvides.

-Es una mentira que me ayuda a sobrevivir.

-No de mí. Y sabes que yo puedo hacer que se te vaya esa alegría.

-¿Quieres jugar?. Juguemos entonces.

-Nos veremos pronto en Auschwitz.

-A Auschwitz irás tú. Yo me quedo en Berlín disfrutando de mi libertad.

-Pienso quitártela si tú me quitas la mía.

Eliana le dedicó una última sonrisa y se fue de nuevo al local para disfrutar de la fiesta. Nada más entrar buscó ansiadamente a Egbert, que estaba por ahí merondeando y dando vueltas de un lado a otro sin saber a dónde ir.

-¿Te encuentras bien?.-preguntó él-

-No. Un judío acaba de molestarme.

-¿Sabes quién es?.

-Sí, puedo decirte su nombre e incluso dónde vive.

A Egbert se le puso una sonrisa amplia, se ve que le encantaba ir a la caza de judíos, y más si se trataba de alguien que había ofendido a Eliana.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!