Unos pasos más, encontró a Kinor sentado alrededor de la fuente donde también se encontraban sus amigos, que le giraron la cara cuando la vieron aparecer. Se besaron al verse y luego caminaron juntos de la mano para dar un paseo sin ir a ningún sitio que mereciera la pena ver en pareja.

-Pasado mañana hay una fiesta un poco lejos de aquí, querría que vinieras conmigo.-dijo Kinor-

Eliana no tenía ninguna gana de ir, pero por miedo a su reacción si se negaba a no ir, asintió sonriéndole sin ganas, y él, sin sonrisas ni gestos tiernos le dijo:

-Ya sabes, nada de ir muy arreglada, me niego a que otros hombres se fijen en ti.

-Sé lo que tengo que hacer, ¿vale? No hace falta que me lo repitas una y otra vez.

-¿Y ese tono?

-Disculpa, esque unos Nazis casi pillan a mi hermana.

-No me sirve de escusa, no eres quién para hablarme así.

-Es mi familia, me preocupo por ella, pero veo que a ti te da igual. Acabo de acordarme de que tú no tienes sentimientos.

Kinor cabreado por el tono que Eliana estaba usando, la empujó en plena calle a vista de muchas miradas que pasaban de largo. Perdió el control de sus pasos y una vez más volvió a caer al suelo sintiéndose inservible totalmente humillada.

-Levántate estúpida, me estás haciendo quedar mal.-le ordenó Kinor-

Eliana, herida de la palma de ambas manos se levantó con dolor y siguió caminando con las piernas temblorosas.

-¿Y tus disculpas?.-preguntó Kinor desafiante-

-Lo siento.

Kinor sonrió, el control hacia Eliana siempre le hacía sonreír con maldad. Seguían caminando, esta vez por un parque pequeño lleno de grandes árboles y rosales que daba gusto contemplar.

-¿A dónde iremos?.-preguntó Eliana-

-A un pequeño pueblo, no te preocupes, iremos en mi coche y se viene también un amigo más.

¿Un amigo? Eliana también quería llevarse a alguien de los suyos, pero claro, Kinor se lo había prohibido y no podía hacer nada para evitarlo. Al llegar la hora de irse a casa, Kinor la acompañó hasta la puerta del trabajo de su padre donde ya estaba Eden esperando. Cuando lo vio a él, le dieron ganas de darle una buena paliza, aunque sabía perfectamente que no podía hacerlo porque eso perjudicaría más la seguridad de su hija.

Eliana subió al coche veloz sin despedirse de Kinor, cuanto menos tiempo pasara a su lado mucho mejor. Eden puso en marcha el motor del coche y Kinor le tendió la mano para disimular ser educado. En lugar de dársela, quitó el freno de mano y se dispuso a marchar con su hija ignorando aquel "buen" gesto. Para Kinor, aquello fue una humillación y tenía pensado darle a su novia una buena lección para que su familia aprendiera a respetarlo. Le gustaba más que demasiado el control de los suyos, y en su vida, la palabra "vergüenza" no existía, él siempre tenía que quedar por encima de todo y de todos los que estaban a su alrededor, digamos que era un obseso del control.

***
-¿Por qué no dijiste nada?.-preguntó Eliana a su hermana-

Clara estaba en la cama casi a punto de dormirse, pero Eliana necesitaba explicaciones.

-No quiero preocuparos.-contestó la menor-

-No me vale.

-Y aunque lo hubiese dicho, ¿qué cambiaría? Seguramente si nos quejamos nos acabarán encerrando a nosotros, ellos son los que ahora mandan y no podemos hacer nada. Da igual si estoy sola por la calle o no, si nos quieren hacer daño nos van a hacer.

-¿Y Nevin?

-Nevin me ayudó, mentí en lo que dije, él no me gusta.

-¿Entonces?

-Yo sabía que si sentías algo de rabia hablarías con él y así al menos sabrá que tú sientes algo por muy pequeño que sea.

-Lo único que siento por Nevin es cariño, siempre ha estado ahí cuando lo necesitaba al igual que mis amigos, pero es mejor dejar las cosas así.

-Y ahora dime, ¿para quién es mejor?.

Eliana no tenía respuesta para esa pregunta, nada de lo que estaba haciendo era mejor para nadie. Era cierto que a Nevin le tenía cariño, pero también le gustaba, siempre ha estado con ella en los malos momentos y ambos se ayudaron cuando tenían problemas, y ella siempre negaba que no sentía nada, era una lucha constante entre el corazón y la razón. Se enamoró una vez y salió mal, después del primer golpe que recibió por parte de Kinor, comenzó a tener miedo de él y del amor, no sabía si existía o solo tenía que esperar a encontrarlo. El problema ahora esque no sabía salir de aquella pesadilla que le quitaba el sueño cada noche. Cada palabra, cada decisión, cada movimiento podría ser lo último que hiciera en su vida...Y tenía miedo de la muerte.

Al no obtener respuesta a la pregunta formulada, Clara la miró por última vez un par de segundos y se metió entre sus sábanas junto a uno de sus peluches, después Eliana apagó la luz de la habitación de su hermana y se fue hacia la suya, aunque de camino se encontró con su padre y pararon a charlar.

-Pasado mañana querría irme a una fiesta. Está fuera de la ciudad, pero no se tarda mucho en llegar.-dijo Eliana-

-Mejor no pregunto con quién vas.

-Voy con él, pero se viene un amigo suyo y creemé, su amigo no es como Kinor. Tendré cuidado.

-¿A qué hora llegarás?

-No muy tarde.

Eden tuvo que pensarse muy bien si dejarle o no, pero se dio cuenta de que ambas opciones perjudicaban a su hija, ya que si le daba permiso para ir, corría peligro estando con Kinor, y si se negaba, cuando la viera le podría pegar de nuevo y llegar a herirla gravemente. Por lo tanto, accedió a la petición puesto que se iba un amigo y él podría defenderla. Eliana sonrió, pero Eden notó en su hija que ya no era la misma sonrisa que daba vida a la casa todos los días. Se dieron las buenas noches y los dos se fueron a dormir al fin.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!