-Por cierto, ¿y Nevin?.-preguntó Mara-

-No lo he visto. Creo que la noticia lo habrá dejado sin ganas de nada como a todos..-contestó Eliana-

Después de una larga charla, Eliana se despidió de sus amigas y se fue a la barbería aunque todavía no fuese la hora, pero ya no tenía nada interesante que hacer si no estaba Nevin. De camino, cuando llegó junto al buzón de la señora Schweitzwer, se paró en seco y observó a sus alrededores por si algún casual Nevin estaba por ahí. Sin resultado de sus deseos continuó su marcha y al entrar a la barbería allí se encontraba Eden sentado en una silla de madera escribiendo algo en un papel sobre su escritorio. La muchacha curiosa se acercó para echar un vistazo y pudo comprobar que su padre ya estaba poniendo en marcha su nuevo horario de trabajo.

-No merecemos que nos traten como a perros.-dijo Eliana-

-Tienes razón, pero así nos toman. Por perros.

-Los perros son ellos. Son unos hijos de puta que van obedeciendo a ese desgraciado que odia a nuestra raza y que se dedica a mandar órdenes como que se nos odie y se nos humille como si no valiésemos nada.

-¿Y qué quieres que hagamos? Cada vez se hace más superior y nosotros más inferiores. Si el día de mañana ordena que se nos mate, nos matarán y tendremos que dejarnos.

-Eso lo harás tú si te place, pero yo no me voy a estar con los brazos cruzados mientras me apuntan con una pistola. No sé tú, pero a mí aún me quedan fuerzas para luchar.

Unos pasos estropearon la conversación. A lo lejos venían tres soldados de las SS a saber qué y entonces Eden le ordenó a su hija rápidamente que se escondiera tras las cortinas, a lo que ella obedeció antes de que entraran. Eden corriendo, se volvió a sentar en la silla de madera y a disimular que estaba continuando con su nuevo horario. Los soldados abrieron la puerta con tanta fuerza que le hicieron un gran rasguño. Eden se levantó sobresaltado de su sitio y observó el desperfecto que esos mediocres habían hecho con sus malos modales, pero enseguida bajó la mirada ante los ojos del enemigo, que le rodearon en círculo mientras Eliana obsevaba a través de la fina tela intentando no mover un pie del suelo pasara lo que pasara. Uno de ellos, el más alto y el que más respeto daba de todos por cómo observaba tan fíjamente, le estampó a Eden un papel en la cara con la intención de que lo leyera en voz alta. El hombre así lo hizo, leyó el mismo papel que se encontró horas antes en casa entre las manos de su mujer, pero al fallar un par de palabras a causa de los nervios, de nuevo el más alto le dio un bofetón ordenándole empezar de nuevo. Eden volvió desde el principio haciéndolo ahora más despacio para no equivocarse, también porque su hija estaba viéndolo todo y no quería que siguiera el espectáculo. Al acabar el fragmento, el alto rubio de ojos azules esbozó una sonrisa que hasta daba miedo,pero todavía no estaba tranquilo. Quería más.

-¿Y bien judío, te has enterado ya de lo que tienes que hacer, o es necesario que aquí y ahora te lo hagamos aprender?.-dijo situando su mano en una porra que tenía guardada en el cinturón junto a una pistola-

-No señor, sé lo que tengo que hacer.-contestó tembloroso-

-Como haya un solo día que no lleves esa estrella cosida en uno de tus asquerosos arapos te volverás a encontrar con mi cara, y te aseguro que la próxima vez no la vas a olvidar, ¿entendido?.

Mientras Eden asentía mirando el suelo, Eliana se tapaba la boca con las dos manos para ni tan siquiera sollozar, pero las lágrimas eran imposibles de ocultar. El malvado soldado, se acercó a su escritorio y al ver que estaba organizando un nuevo horario, con furia lo rompió en mil pedazos para que lo volviera a hacer nuevamente, y los trozos se los lanzó en la cara marchándose al fin con los otros dos. Al partir, Eliana salió ligera de su escondite para ver cómo estaba su padre,la tristeza la invadió totalmente al ver la marca de la mano de ese alemán sobre una de sus mejillas. Se quedaron quietos, no sabían qué hacer, la verdad es que había sido una visita inesperada que dejó huella: por un lado la marca de un golpe, por otra mil papeles esparcidos por el suelo y por último, sentimientos echos trizas. Eliana se sentó en la silla que minutos antes había ocupado su padre, cogió un bolígrafo de pluma junto a un nuevo papel dispuesta a hacerle el horario a su padre, pero Eden se negaba, no quería que su hija hiciera el trabajo que a él le pertenecía, aunque Eliana era cabezota y se opuso a obedecerle por una vez.

-Díctame, yo apunto. Bastante has hecho ya con aguantar cómo te rompían el otro papel en tu cara.-dijo ella-

Eden sin más, le dictó a su hija lo que debía poner y de qué manera, y así estuvieron los dos hasta las diez de la noche. Antes de irse a casa, pusieron el horario en la ventana por dentro para asegurarse de que nadie lo quitara, y tras ello ya partieron a casa por fin, donde estaba Kiva cosiendo dos estrellas de David con tela amarilla, pero, ¿dos?. Eden se acercó a su mujer y preguntó por qué dos si era él quién iba a llevarla; a lo que Kiva le respondió:

-Yo también debo llevarla, tengo que ir a comprar mañana a la ciudad.

-Puedo ir yo.-interrumpió Eliana-

-No. Iré yo, no os preocupéis.-dijo Eden-

-¿Tú por qué?.-preguntó Eliana-

-Igual me piden la identidad, asíque apúntame en un papel qué quieres comprar y yo lo compraré.

Kiva asintió y siguió cosiendo las dos estrellas mientras padre e hija cenaban.

-No menciones nada de lo sucedido, ¿de acuerdo?.-preguntó Eden-

-No tenía pensado hacerlo.-contestó Eliana-

Acabaron, solo Eliana se fue a dormir realmente agotada, el día había sido muy ajetreado y por primera vez sintió deseos de dormir durante horas y horas para olvidar la realidad por un par de días.

***

-No te vi.-dijo Eliana incorporándose junto a la fuente-

Nevin seguía callado incapaz de hablar aún conmovido por las nuevas normas. Eliana, para que reaccionara, le dio un codazo en uno de sus hombros y ya pareció espabilarse por fin, asíque de nuevo sus ojos se encontraron con los de su dama.

-¿Qué te pasa? Estás ido.-dijo ella-

-Lo siento, aún me dura la conmoción de las nuevas noticias.

Silencio.

-Es una grandísima pena, lo sé, pero ¿qué más podemos hacer nosotros?.-preguntó Eliana-

-Ver, oír y callar si eso te sirve.

Silencio otra vez. Nevin ahora sonrió de repente y le dio a su novia un abrazo inesperado dándole un dulce beso en la frente que a Eliana sin duda le encantó.

-¿Me has echado de menos princesa?.-preguntó él-

-Demasiado. No quiero estar tanto tiempo sin verte, queda prohibido.

-Estoy pensando en desaparecer unos cuantos días para que me sigas echando de menos y que me cojas con ansias cuando me veas.

-No, porque allá dónde tú vayas yo me iré contigo. Estás aquí delante de mí y esque te sigo echando en falta, me gusta vivir de tu cariño.

-Y a mí vivir de ti, de tu corazón.

Se sonrieron y volvieron a frotar sus narices de un lado a otro.

-He estado pensando en nostros a parte de todo lo que está pasando en Alemania, y ayer llegué a la conclusión de que todo va a salir bien, que estando juntos tú y yo y queríendonos como nos queremos estoy seguro de que será un para siempre a tu lado.-dijo Nevin-

Los ojos de Eliana brillaron como nunca.

-¿Ah sí? Pues una pena que te dieras cuenta ayer, porque yo lo hice mucho antes que tú.-dijo sonriendo picarona-

-Pero serás...

Nevin comenzó una guerra de cosquillas contra Eliana, que reía con ganas mientras notaba las manos de él sobre sus costillas a la vez que se le escapaban un par de lágrimas. Cuando Eliana fue a atacar sin compasión, Nevin corrió y ella lo siguió velozmente hasta que llegaron a un callejón y la chica se lanzó de golpe a sus espaldas, por lo que se cayeron al suelo, él encima.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!