Eliana lloraba, y él entonces la abrazó con fuerza mientras ella se dejaba machacada de dolor.

-Por cierto cariño, dile a tu hermana que la próxima vez que se me lance al cuello como una gata, le voy a dar un golpe que se le van a quitar las tonterías.

Después de esa frase, besó los labios de Eliana y se fue del callejón dejándola ahí sola con las piernas temblorosas y el corazón a mil por hora del horror que había presenciado. Al pasar unos minutos más, se levantó del suelo y se fue ala barbería de su padre, pero pasó por al lado de Nevin una vez más y decidió ser dura para mantenerlo lejos del peligro, ya que después de la amenaza de Kinor tenía miedo de que le matara o le hiciera algún tipo de daño físico.

-No puedes seguir con esto.-dijo Nevin-

-Aléjate de mi vida. No quiero saber nada más de ti. Olvida todos los favores que nos hayamos hecho mutuamente. Esta amistad no ha sido nada más que una ilusión.

-Lo habrá sido para ti, pero para mí no.

-Exacto. Lo ha sido para mí, asíque búscate la vida sin mí.

-¿Y qué buscabas en mí entonces?

-Hacer que te olvidaras de mí como algo más que un amigo. Lo único que he hecho, es hacerte creer que soy tu amiga para herirte por la espalda. Que te vaya bien, Nevin.

Eliana le sonrió con maldad sin sentir aquello de verdad, y cuando se dio la vuelta, ella empezó a llorar sin más pero asegurándose de que Nevin no escuchara sus lamentos. Ella desapareció de la vista de Nevin y él, congelado por las palabras de Eliana, empezó también a llorar y de rabia golpeó las paredes con las dos manos fracturándose uno de sus nudillos e hiriendo todos los demás.

***

Durante el mes de agosto, las cosas iban de mal a peor, Eliana iba a todos lados con Kinor, pero no se sentía a gusto, siempre le estaba mandando qué hacer, lo que debía decir y lo que no, le prohibía cosas como por ejemplo arreglarse demasiado para evitar que otros hombres se fijaran en ella, le prohibía tener amigos o hablar entre risas con un hombre...En cambio él se iba con sus amigos y muchas veces dejó tirada a Eliana por ellos o por otra chica que había conocido la noche anterior en un baile o algo parecido.

Con su familia las cosas tampoco iban muy bien que digamos, no decía ni una palabra durante el día, solo un simple adiós cuando se iba para Berlín o palabras vulgares que lanzaba en contra de Clara como siempre. Kiva y Eden estaban preocupados, esa no era la misma Eliana de todos los días, y sospecharon que podía ser por Kinor, superstición que no falló.

Muchas veces, de camino al encuentro con Kinor, se había cruzado con Nevin, pero giraban la mirada cuando se encontraban justo de frente, cosa que a los dos les dolía.

Nevin, -por otra parte-, estuvo una semana de baja en su trabajo porque no podía hacer ningún movimiento con su mano derecha gracias a la fractura de uno de sus nudillos, pero enseguida volvió a repartir cartas entre semana, y solo los sábados y los domingos salía con Karl y Markus para despejarse. Lo primero era no parar en casa, y lo segundo no moverse por los círculos de Eliana.

La tensión en su familia era cada vez más alta, Manfred había cambiado los cuadros de su esposa Marie por retratos de Hitler, y más y más esbásticas que adornaban la casa de un verdadero soldado nazi, admirador de Adolf.

Muchas veces, Nevin se atrevía a quitarlas y a romperlas delante de su padre, pero él siempre le respondía con amenazas en contra de su madre para que no volviera a hacerlo.

A mediados de agosto, el doce de ese mes, un sábado se celebraba un baile en un club nocturno cubierto. Allí se encontraba Nevin con sus dos compañeros sirviéndose champán entre risas y observando a las chicas para ver cuál elegían para bailar esa noche. Nevin había fichado a una rubia con el pelo ondulado y corto a media melena con una falda de flores y una camiseta de tirantes de color azul con unos zapatos negros. Se miraban entre los dos sonriéndose como dos niños, y por primera vez, él no se acordó de Eliana, aunque eso no significaba que todavía la seguía queriendo.

Karl, viendo que su amigo no dejaba de mirar a la rubia, se acercó a él.

-¿Ya te has olvidado de Eliana?.-preguntó él-

-Sí. Ya no me importa nada de ella.-contestó Nevin-

Y entonces Eliana entró junto a Kinor por la puerta, y Nevin la miró todo el rato perplejo ante su presencia, y se quedó asombrado al ver que no parecía la misma. Apenas iba arreglada, pero supo que no lo hacía porque Kinor se lo ordenaba.

-Ya veo que no te importa.-añádió Karl-

Nevin miró a su amigo.

-Y no me importa. Ella ha preferido quedarse con él. A ver cuánto baila esta noche... Apuesto a que nada.-dijo él-

La orquesta empezó con una canción lenta y Nevin se acercó a la rubia para sacarla a bailar, y justo al acercarse a ella, Eliana los vio, y a ser sinceros, hubo algo en sus sentimientos como molestia y un poco de celos. Creyó que ya se había olvidado de ella, y en parte así lo quería.

Su boca se acercó al oído de Kinor y le preguntó entre susurros si bailaban la canción los dos juntos, y extrañamente, él aceptó. La sonrisa de Eliana fue amplia, asíque salieron a la pista muy cerca de Nevin con la otra chica y empezaron a bailar mientras se miraban disimuladamente entre Eliana y Nevin. Cuando él los vio bailar, miró a su compañero Karl y él se ensanchó de hombros sin entender que Kinor estuviera bailando con ella.

Mientras seguían, hubo un par de veces que Nevin se chocó contra ellos a propósito y al acabar la canción, Kinor se retiró con la escusa de que tenía que ir a beber un poco de agua y tomar el aire, pero en realidad se fue a ver a una chica durante unos cinco minutos para no ser descubiertos, y Eliana aprovechó para acercarse a Nevin y decirle un par de cosas por esos choques planeados.

-Mira por donde pisas.-dijo Eliana-

-No. Mira tú por donde pisas.

-¿Yo? Serás idiota, me has hecho daño, que lo sepas.

-Eso es lo que siento cuando te veo con él y sé que no puedo hacer nada para evitarlo.

-Te dije que me olvidaras, ¿tan difícil te resulta?

-Tan difícil como a ti salir de los brazos de Kinor.

-Pues tendrás que hacerlo.

-No pienso hacerlo, porque te quiero y pase lo que pase te voy a querer.

-Nevin no me lo pongas más difícil...

-Sal de ahí. Sé que quieres hacerlo.

-No puedo hacerlo, después de que me golpeara tengo miedo a que te mate a ti o a mí.-se le escapó a Eliana-

-¿Te golpeó?

Se produjo un silencio entre los dos.

-Olvida lo que te he dicho.-dijo Eliana yéndose-

Pero él la detuvo.

-¿Por qué lo hizo?.-preguntó Nevin-

-Por decirle que tú me demostraste más que él. Me golpeó y entonces me amenazó con matarnos a los dos si lo hacía, si le dejaba.

-No, quien le va a matar soy yo.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!