A la mañana siguiente temprano, Eliana ya apareció por allí, tenía que ordenar unos documentos, puesto que la tarde anterior no le dio tiempo y era una maniática del orden.

-Buenos días, ¿tú a estas horas por aquí?.-preguntó Bruno sonriéndole-

-Lo siento, necesito tenerlo todo correctamente en orden. Buenos días Bruno.

Él rió ante su frase y Eliana se metió por la puerta secreta para ordenar sus papeles y documentos. Un rato después,s unos tipos raros entraron a la biblioteca: La Gestapo. Al parecer, una de las judías ocultadas se había ido de la lengua mientras un policía de la Gestapo cruzaba por allí, por lo que inmediatamente decidió intervenir y hacerse con los documentos de los nombres originales de los judíos para darles caza.

-¿Qué desean señores?.-preguntó Bruno-

-Gestapo, venimos a que vengas con nosotros.

-¿Yo?. ¿Por qué? No hice nada.

Egbert y dos soldados más aparecieron por la puerta.

-Sabía que había algo en ti que no me gustaba...¡¿Quién más te ayuda?!.-digo Egbert-

Eliana empezó a escuchar alboroto y enseguida bajó las escaleras despacio, comprendió que ya los habían descubierto. El corazón le iba a mil por hora.

-Nadie, yo sólo lo he hecho.-contestó Bruno-

-¡No mientas traidor!. Sé que alguien te ha estado ayudando y necesito que me des los papeles orginales donde están los verdaderos nombres de la gente que has tapado.-dijo Egbert-

-No tengo tales documentos, los he quemado todos.

Entonces Nevin apareció por la puerta llevándose las manos a la cabeza, y Bruno con un gesto le indicó que Eliana estaba arriba escondida.

-¿Los has quemado?. Maldito seas...-se quejó Egbert dándole un golpe en la cara-

Eliana presa de nervios, se le ocurrió atascar la palanca para que nadie pudiera entrar, pero escucharon el sonido.

-¿Qué ha sido eso?.-preguntó Egbert-

-Nada, son solo ratas.

-Sé que aquí hay alguien. Llevaos a esta cucaracha de mi vista y enseñadle lo que hacemos con los traidores.

La Gestapo se llevó a Bruno primero a interrogarle, pero se negó a hablar y a dar el nombre de la persona que había colaborado junto a él, por lo que lo enviaron a uno de los camiones para deportarlo a un campo de concentración. Mientras, seguían buscando el sitio oculto donde habían escuchado el ruido y uno de ellos vio la palanca tras una estantería y al ver que no se abría, Nevin suspiró de alivio. Eliana subió de nuevo las escaleras y allí rompió todos los papeles que pudo para que fueran detenidos los menos posibles, claro estaba que su documento fue el primero que hizo trizas. Cuando consiguieron abrir, Eliana cogió una vara de hierro que había por allí y se escondió tras la puerta dispuesta a matar al que subiera arriba, que solo uno se ofreció. El soldado poco a poco fue subiendo las escaleras y al llegar a la sala, Eliana le golpeó la cabeza por la espalda, por lo tanto no le vio la cara. Cayó inconscientemente al suelo y sin dudar lo arrastró hacia una de las ventanas donde lo arrojó sin importarle si lo mataba o no. El ruido de su cuerpo caer se escuchó en la calle y todos salieron excepto Nevin, que se ofreció voluntario para supervisar que no se escapara el que estuviera arriba. Él la llamó y Eliana bajó rápidamente las escaleras con las piernas temblando.

-Vamos, vete. Ve a casa y no te detengas.-dijo Nevin-

Eliana le obedeció y después de ello, Nevin se hirió la cabeza dándose un fuerte golpe con el pico de una mesa para disimular que le habían golpeado. Cuando Egbert y el otro soldado entraron y lo vieron así, Egbert se volvió a enfurecer.

-Se me ha escapado...-dijo Nevin un tanto mareado-

-¡Eres idiota!, ¿no sabes defenderte?.-dijo Egbert-

-Lo hice, pero se me escapó, inútil.-contestó Nevin-

Ambas miradas chocaron con odio.

-¿Quién era?. ¿Le viste la cara al menos?.

-No, no pude reconocerlo...

-Encárgate de subir allá arriba y de buscar los malditos papeles, yo tengo que llevarme a Müller, que no ha sobrevivido al impacto de la caída.

Una vez que Egbert partió, Nevin subió rápido y allí ya rompió todos los papeles que quedaban, lo que siginificaba que los judíos estaban a salvo. Cuando Nevin llegó a casa, abrazó con fuerza a Eliana sin poderse creer que la abrazaría de nuevo después de lo que había sucedido.

-¿Estás bien?.-preguntó Nevin-

-Ahora sí, necesito ver a Bruno...

-Yo también, pero no sé si podremos conseguir hablar con él.

-Intentémoslo.

Los dos salieron de allí y se dirigieron a la zona donde la Gestapo solía interrogar a la gente. Tras unos minutos, vieron como subían a Bruno a uno de los camiones, y Nevin junto a Eliana, se dirigieron hacia allá aunque hubiera un soldado vigilando para que ninguno se escapara.

-Gracias...-susurró Eliana por lo bajo-

-A vosotros, ha merecido la pena.-dijo Bruno-

-Todos los documentos están rotos, no podrán detener a nadie. Siento que esto acabe así...Espero que esta no sea la última vez que nos veamos.

-Me temo que lo es...

Nevin y Eliana bajaron las miradas.

-Suerte allá donde vayas...-dijo Nevin-

-Bergen-Belsen. Ese es mi próximo destino.

Salieron más soldados y más policías con judíos y entonces los dos se retiraron del camión.

-¿Se os ha perdido algo aquí?.-preguntó el policía que detuvo a Bruno-

-Míralo como quieras. Pensé que uno de ellos me insultó desde lo lejos, pero me equivoqué.-contestó Nevin-

-Iros de aquí, nadie os ha invitaado.

Asintieron y sin rechistar se fueron de nuevo a casa. Respecto a la biblioteca, destrozaron el pasadizo completo quemando los libros y la cerraron para siempre pintando en la puerta de color blanco: Verräter (traidor). Cuando Clara supo lo que había pasado, enseguida dejó de pasear con sus amigas para correr a casa de Nevin y comprobar que su hermana estaba bien, que no le había pasado nada. Entró en casa y al verla se echó a sus brazos entre lágrimas y suspiros de alivio. Eliana la abrazó con fuerza, pensó que ya no la volvería a ver nunca más.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!