Eliana comenzó a reírse, se acercó al puesto de helados justo donde estaba el joven cartero sentado de frente, mirando a su objetivo un tanto entristecido y furioso, asíque se levantó y se fue de su vista para no seguir torturándose. A Clara le dio un poco de pena y se le ocurrió unir a ese muchacho con su hermana aunque fuera solo para ser amigos.

Tras comprar los helados y deborarlos, se fueron a dar una vuelta por la ciudad cuando de pronto, Eliana se choca contra un hombre muy bien arreglado, con su perfume, sus guantes negros de cuero, su tez morena y su pelo negro con una estatura más o menos alta. Sobre sus manos tenía unos papeles que se le cayeron al suelo tras el choque. Eliana se agachó para cogerlos pidiendo disculpas, dándole tiempo solamente a leer el nombre de aquel hombre: Josef; que aceptó las disculpas sonriéndole y dándole luego las gracias por ayudarle a coger los papeles.

Lo que Eliana no sabía, era que más adelante, jamás olvidaría la cara de ese hombre como tampoco su nombre.

Josef tomó su dirección, y las dos hermanas otra diferente continuando su paseo por Berlín.

Toda la tarde, Clara y Eliana se pasaron la mayor parte del tiempo en tiendas, comprando vestidos y arreglos para el pelo para ocasiones especiales; como una cita, una ceremonia, una reunión, una fiesta...

Alrededor de las nueve menos diez de la tarde-noche, ya caminaron hacia la barbería de Eden, donde él ya las esperaba en la puerta desde hacía cinco mintuso.

-No llegamos tarde padre, hoy has salido antes, no nos puedes regruñir.-dijo Clara-

-Ya lo sé. ¿Os lo habéis pasado bien?

Ambas mostraron sus bolsas llenas de vestidos y Eden les sonrió.

-Eso es un sí.

Subieron al carro azul oscuro y partieron de nuevo a casa, donde allí ya tenían los platos de comida servidos por el alma de la casa: Kiva. Después de cenar, las chicas colocaron la ropa nueva en sus armarios y se fueron a dormir.

***

-¡Levántate, vaga!. Padre se va a Berlín en cinco minutos.-gritaba Clara a su hermana, que pensaba que se estaba vistiendo cuando en realidad ni se había levantado-

Eliana abrió los ojos de golpe, retiró las sábanas a prisa, se vistió de color naranja clarito sin adornos en el pelo esta vez, bajó las escaleras casi a punto de rodar sobre ellas, se tomó su desayuno y al acabar, se volvieron a marchar a la ciudad.

Eden entró al trabajo y Eliana acompañó a Clara hasta la casa de la compañera más cercana y después fue en busca de sus amigos para ir de nuevo por ahí.

Los encontró justo en la puerta de la barbería de su padre, pero solo estaban Dina, Mara y Abraham. Cruzó la calle para estar junto a ellos casi sin aire después de todas las prisas que llevaba.

-Ya está bien, ¿eh? Dichosos los ojos que te visualizan.-dijo Abraham-

-Si lo extraño es que me visualices con vida...

-Te has dormido, ¿a que sí?

-Pues sí, se me pegaron las sábanas.

-No se hable más, Kinor y Grabriel nos esperan en la fuente.-interrumpió Dina-

De camino a la fuente, el cartero estaba de nuevo allí en el mismo lugar esperando a que cruzaran delante de él, y cuando Eliana lo vio, detuvo a todos sus amigos.

-¿Te encuentras bien?.-preguntó Mara-

-El cartero.-contestó Eliana-

-Vale, ¿y qué pasa?.-preguntó Abraham-

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!