Caían ya las diez en punto, Nevin estaba en su habitación acabando de atarse los cordones de sus zapatos negros y luego se puso el chaleco marrón encima de la camisa blanca ansioso ya por ir a buscarla aunque tuviera que esperarla media hora. Salió del cuarto feliz y bien arreglado de buen humor hasta cruzarse de frente con su padre, aquel hombre al que se le había metido Eliana entre ceja y ceja. Ambos pasos frenaron la velocidad un poco y sus miradas formaron una nueva tormenta de odio, envidia y celos.

-¿Vas a buscarla?.-preguntó Manfred-

-A ti, ¿qué te importa?.

-Eso es un sí. Bueno, ya os veré por allí, a ver si ella se ha puesto tan guapa como tú...Y ten en cuanta que me fijaré.

-Depravado de mierda...¿Crees que ella se fijaría en ti?

-Ya sé que no, pero no me hace falta, sólo con tenerla cerca y rozarla accidentalmente me bastaría para satisfacer estas ganas que llevo acumuladas.

-He luchado por ella lo que nadie se imagina, ni siquiera tú, he sudado y llorado sangre para que sea feliz y un tipo como tú no va a impedirme que siga haciendo lo mismo, pero si la tocas o le haces daño, te las verás conmigo.

-Este duelo no lo podrás ganar.

-¿Me estás desafiando?

Marie llegó y se puso en medio de los dos para que no salieran a golpes. Manfred le sonrió a su hijo con la maldad que llevaba dentro desde que era un Nazi. Por no larcerar a su padre, se conservó las ansias apretando ambos puños con las manos hiriéndose la piel con sus propias uñas. La sangre caía lentamente al suelo, sangre que Marie vio y con un leve gesto, le indicó a su hijo que se fuera de casa para que el ambiente estuviera más sereno, y entonces Nevin se fue bajando rápido las escaleras para largarse lo antes posible. Decidió no coger el coche ya que estaba a unos cinco minutos de la barbería. Deseó que cuando llegara allí, todavía no hubieran llegado y así fue, aún no había nadie. Nevin daba vueltas de un lado a otro con las manos hacia atrás mirando al suelo y pensando en el asunto familiar que lo atormentaba día tras día, se detuvo al escuchar un carro que venía de lejos. Reconoció su sonido y miró esperando a que su niña bajara para verla otra vez, que se moría de ganas. Cuando la vio bajar y tan espléndida, el corazón le bombeaba sangre más y más deprisa, tan deprisa que sentía la sensación de que le faltaba oxígeno para respirar...Eliana se fue acercando a él despacio intentando vencer el miedo, el miedo que Kinor le provocó tras iniciar aquella relación.

-Vas preciosa, princesa.-le dijo Nevin sonriendo-

Los mofletes de ella se hincharon y se pusieron rojizos.

-Tú también.-contestó ruborizada-

Al saludarse, miraron juntos a Eden, que estaba dentro del coche y lo último que dijo fue que tuvieran cuidado y que ya se verían dentro de un rato. Ambos comenzaron a caminar en silencio, ninguno sabía qué decir por miedo a quedar en ridículo a causa de los nervios.

-¿Te gusta el swing?.-atinó a preguntar Nevin-

-Por supuesto, ¿y a ti?.

-Me encanta. Aunque últimamente hay que tener cuidado con esa música, si alguien dá parte de que en algún local se pone swing, nos podrían denunciar o cerrar el local.

-Bueno, mientras no haya ninguno habrá que pasarlo bien, ¿no?

Se miraron y se sonrieron.

-Merecerá la pena bailar una sola pieza si es contigo.-dijo él-

-Yo creo que sí.

Llegaron al local y allí había un montón de gente bailando ya al ritmo de la música pasándolo bien, y otros sentados en sillas alrededor de las mesas tomando algo. El mundo de Eliana se detuvo por completo cuando alrededor de una de las mesas, vio a Kinor tomando una cerveza moviendo su pie derecho al compás de la música. Y entonces, las miradas se cruzan de golpe, ella tiembla, tiene miedo de que algo le pudiera suceder mientras que él no apartaba los ojos de ella, la veía tan hermosa y tentadora que estaba deseando acercarse a solo un centímetro de su cuerpo, y al ver que no estaba sola, frunció el ceño e ideó un plan para arruinarles la noche a los dos fuera como fuera. Nevin se dio cuenta de que se estaban mirando y no pudo evitar ponerse delante de ella para que esa mirada entre los dos se detuviera.

-¿Todavía le quieres?.-preguntó Nevin-

-No es eso, es sólo que cuando lo veo no puedo dejar de sentir miedo.

-Estás a mi lado y conmigo, jamás sentirás lo mismo que sentiste con él, sé que dentro de ti sientes lo mismo que yo pero no te atreves a avanzar y es por culpa del desgraciado que está ahí sentado.

-Deja de creerte eso de que yo siento lo mismo, porque no tienes ni idea.-dijo Eliana mintiendo para hacerse la dura-

Nevin dejó de contestar, quizás creyó estar demasiado convencido con los sentimientos de Eliana hacia él y lo cierto esque no se equivocaba, ella sentía lo mismo, poco a poco fue gustándole Nevin y cada vez más y más hasta llegar al punto de no poder dormir durante noches enteras pensando y pensando si estaba haciéndolo bien esta vez. El chico, para airearse un poco, decidió ir a por unas bebidas a la barra y supo Eliana que se había pasado, pero quería ser un poco más dura, quería dejarse conquistar un poco más y dar el paso en el momento perfecto. Mientras tanto, Eliana se acercó a la pista y allí comenzó ella sola a bailar despacio al ritmo musical, cuando de repente, siente una mano que le hace cosquillas en el brazo. Creyendo que era Nevin se volvió medio sonriendo, pero al ver a Kinor, en su rostro se reflejó el horror una vez más.

-¿No te alegras de verme? Antes solías hacerlo.-dijo Kinor-

-Lárgate de mi vida Kinor.-contestó ella-

-¿Quieres que me vaya?

Su mano volvió a pasar por la piel del brazo de Eliana hacia arriba y abajo lentamente notando cómo su vello se erizaba de temor.

-Vete, lo único que haces es molestarme.-dijo ella-

Y apartó su mano de su brazo siendo valiente enfrentándose a una de sus mayores pesadillas durante un par de meses enteros.

-¿Ya no me quieres? No me creo que ya no quede nada de mí ahí dentro de ti.-siguió Kinor-

-Hay algo que todavía me queda, y es un inmenso asco.

-Dime si a él lo quieres como me quisiste a mí.

Eliana pensó y recapacitó su última frase, y con la verdad le contestó:

-Incluso mucho más. Al menos él no me ha hecho daño.

Eso último rebotó a Kinor y entonces la agarró del brazo fuertemente.

-Mientes.-dijo él enfurecido-

-Suéltame, me haces daño.

Kinor apretaba cada vez más fuerte su brazo hasta que llegó Nevin, que de un empujón lo apartó de ella.

-Tú no te rindes, ¿eh?.-dijo Nevin-

-Fue ella la que vino a buscarme.-contestó Kinor-

-¡Eso no es cierto!.-replicó Eliana-

-Aprovechó tu ausencia para decirme que todavía me extraña, y tú estás haciendo el ridículo luchando por su amor cuando soy yo quien lo tiene.

-Sabes que eso no es verdad.-dijo Eliana-

-Vete de aquí si no quieres que me arrepienta de darte lo que te mereces.-dijo Nevin-

-Está bien, pero piénsalo.

Y Kinor se largó de sus vistas y del local satisfecho porque lo que había planeado, sin duda había funcionado. Nevin y Eliana se quedaron mirando y él le pidió salir fuera del local para hablar a solas.

-¿Es verdad que fuiste a buscarlo?.-preguntó Nevin-

-¿Y esta pregunta? Si lo extrañara ya habría ido corriendo a sus brazos.

-Eso es lo que dice has hecho.

Eliana negó con su cabeza mirándolo con odio por desconfiar de ella.

-Si de verdad me quisieras tanto como hablas, creerías en mí.-dijo Eliana-

Se dio la vuelta para irse y esperó esperanzada a que él la detuviera y le pidiera disculpas, y en lugar de eso, le dijo:

-Sí, mejor vete, ¡vete de nuevo a sus brazos!.-gritaba celoso-

Eliana se volvió hacia él andando deprisa y le dio un fuerte empujón llena de furia.

-¿Y si me largo con él, qué? No estoy contigo, y a este paso nunca lo estaré.

Y se metió dentro del local donde a lo lejos, vio a sus padres junto a su hermana pequeña y entonces corrió hacia ellos fingiendo que no había pasado nada.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!