31 de Agosto de 1939:

Berlín, Alemania y todo el mundo estaban al acecho, Hitler había enviado tropas a Polonia, lo que llevaría a la ll Guerra Mundial y a revolver más el caos en todo el mundo. En todas las casas estaba puesta la radio las veinticuatro horas del día para saber si habían llegado y lo más importante: si habían atacado, pero por el momento, no se sabía nada, nada hasta la una de la madrugada, que anunciaron que las tropas alemanas habían penetrado en Polonia con suma violencia y que los ataques eran imparables. Declararon la Segunda Guerra Mundial el 1 de septiembre de 1939, una fecha que jamás se olvidaría. Los Gabay permanecían todos unidos en el salón de casa y todo se vino abajo cuando la noticia salió a la luz. Manos a la cabeza, miles de pensamientos que hacían perder por completo la poca esperanza que quedaba, rostros preocupados, una familia más rota que feliz...

-Es el fin.-añadió Kiva-

-Podríamos huir de Alemania.-dijo Eden-

-¿Qué?. Yo no pienso separarme de Nevin, mi familia está aquí.-dijo Eliana-

-Y si nos vamos, ¿a dónde iríamos? Polonia está casi en las mismas condiciones que Alemania, y allí por lo menos teníamos un hogar.-dijo Clara-

-Podríamos sobrevivir, tenemos fortuna.-dijo Eden-

-¡Madre, dile que no!.-replicaba Eliana-

Kiva se encogió de brazos, no dijo nada porque también estaba de acuerdo con la decisión que Eden había tomado.

-Tiene razón, debemos irnos.

-Yo no puedo irme, y no me voy a ir.

-Mañana id recogiendo vuestras cosas. Nos vamos dentro de tres días.-dijo por último Eden-

Eliana se levantó del sofá de golpe y mirando a su padre con decepción le dijo:

-¿Y estas son tus ganas de luchar?.

Ella subió las escaleras de casa sin decir nada más y Eden tampoco quiso enfadarse con ella puesto que entendía también su dolor. A la madrugada, Eliana se vistió a toda velocidad para ver a Nevin y comunicarle la decisión de su padre, de que se iban y que no sabrían cuando iban a volver. Eliana montó en su coche, que ya estaba allí esperándola. Cuando Nevin fue a arrancar, Eliana lo detuvo y él comenzó a ponerse nervioso, algo no iba bien. Se miraron y ella enseguida bajó la mirada, no se atrevía a contarle lo que estaba a punto de suceder.

-Mi padre ha decidido que nos vamos, nos vamos de Alemania.-dijo Eliana-

Nevin no sabía si creerla o no creerla.

-¿Y qué vas a hacer?.-preguntó él-

-Quedarme contigo, no pienso dejarte.

Nevin cerró los ojos y dejó escapar un suspiro mientras la miraba.

-No puedes hacer eso, debes irte. Estarás más segura donde vayas que si te quedas aquí.-dijo él-

-¿Es eso todo lo que te importo?.

Nevin no podía permitir que Eliana se quedara por mucho que lo deseara.

-Alomejor no lo suficiente..-mintió él-

-¿Cómo?.

-Hoy mismo iba a pedirte que te alejaras de mí.

-Mentira, ¿cuáles son tus razones?.

-Tan simple como que ya no siento lo mismo por ti, no quería decírtelo antes por lo que pasó con Abraham.

Eliana se quedó parada, inmóvil. No quería llorar delante de él, pero estaba tan dolida en todos los sentidos, que no se pudo contener las lágrimas. Nevin, sin embargo, estaba luchando contra su dolor, él quería una vida mejor para Eliana, y para que eso fuera posible, tenía que irse con su familia, y sí, hacerle daño con sus palabras para que no se quedara junto a él.

-Eres un imbécil. Creyendo yo que nunca te ibas a separar de mi lado. Estaba dispuesta a quedarme contigo, veo que no merece la pena...Ya eres otro más que me hace daño.-dijo Eliana-

-Desde que entré en las Juventudes cambié.

-Ya...Pues corre y delátame antes de que me vaya, ¿a qué estás esperando?.

-A que te bajes de este coche.

Tras oír aquello, sintió que ya no estaba viva, las palabras de Nevin la mataron, ya no volvería a ser la misma. Eliana bajó del coche continuando con sus lágrimas y echó a correr hasta casa mientras Nevin arrancaba el coche y se iba de allí, pero en mitad del camino, tuvo que detenerse. Sus puños chocaban con fuerza el volante, hiriéndose los nudillos hasta hacerlos sangrar. Lloraba, de todas maneras, ya había perdido a Eliana. Intentó mentalizarse de seguir sin ella, y dejó de hacerlo puesto que imaginar que no la tenía a su lado, lo mataba por dentro. Cuando ella llegó dentro, sus lágrimas estaban secas en sus manos y algunas todavía resbalaban por su cara, se las limpió antes de entrar para que no le notaran nada extraño, solo Clara sabía que algo no iba bien. Eden se acercó a su hija para pedirle disculpas, y Eliana se negó a aceptarlas, la tonta había sido ella.

-Eliana yo...-dijo él-

-Olvídalo. Tienes razón. Lo mejor es irnos cuanto antes.

Aquella frase impactó a toda la familia, les resultaba raro cuando apenas hacía un día, se negaba a irse teniendo a Nevin en Berlín. Subió las escaleras de casa metiéndose en su habitación y sacando toda la ropa de sus armarios para meterla en cinco maletas diferentes con su nombre grabado en ellas. Poco a poco fue metiendo la ropa hasta encontrar en el bolsillo de uno de sus vestidos una de las tantas rosas que Nevin le había regalado. Sus pétalos estaban ya secos, frágiles, muertos...sin brillo, sin color, como el corazón de Eliana en esos momentos. Llorando, arrugó con fuerza la rosa hasta hacerla pedazos y exparcir sus trozos por el suelo de la habitación. Siguió haciendo su equipaje cuando Clara entró por la puerta y se sentó encima de los vestidos para captar la atención de su hermana.

-Me estás arrugando los vestidos.-dijo Eliana-

-No lo creo. Conforme los estás guardando en todas y cada una de esas maletas yo diría que lo mismo te dá. ¿Qué te ha dicho Nevin?.-dijo Clara-

-Bueno, es evidente que no se lo ha tomado bien, espera encontrarse pronto conmigo.-mintió Eliana-

-Por la manera en la que has destrozado esa rosa, diría que mientes.

Eliana miró fíjamente a su hermana, sabiendo que ya la había descubierto y que era imposible engañarla.

-Fui a decirle todo, le dije que me quedaba junto a él y me dijo que no lo hiciera porque ya no sentía lo mismo por mí, que desde que entró en las Juventudes cambiaron sus sentimientos. Y lo que es peor, estaba esperando a que me bajara del coche para delatarme.-contó Eliana-

-Eres una ignorante, ¿no crees que si quisiera delatarte, ya hubieran venido a por nosotros?.

-¿A qué te refieres?.

-Pues que él prefiere que estés a salvo, y junto a él aquí en Berlín ya sabes el riesgo que corres. Estoy segura de que Nevin te quiere más que a nada y haberte dicho todo eso también le habrá dolido.

-Quiero irme, quiero verlo.

-No. Debes hacer tu equipaje como yo el mío y dejar las cosas como están.

-Necesito decirle que le quiero y escuchar que él también me quiere.

-Volveréis a estar juntos, pero ahora toca huir y ser fuerte.

Clara se levantó de la cama, quitó las arrugas de los vestidos en los que se había sentado y se fue también a realizar su equipaje puesto que al día siguiente se iban de Alemania en busca de una nueva vida algo más "tranquila".

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!