La mujer empezó a descoser los puntos de la cadera de Eliana, y su herida, como bien la enfermera había dicho, iba a sangrar. Eliana soltaba leves quejidos de dolor, y digo leves porque no tenía fuerza para gritar más alto. Poco a poco fue cosiendo con paciencia mientras Nevin limpiaba toda la sangre que derramaba, viendo cómo Eliana apretaba los puños haciéndose a sí misma heridas con las uñas. Al pasar unos diez minutos, justo cuando acabó la operación, Eliana volvió a desmayarse y entre los dos, le humedecieron la frente con agua para bajarle la fiebre, pero era insuficiente, el agua se agotaba enseguida debido a lo poco que les repartían, por ello Nevin se levantó para traer algo más. La mujer que la operó, fue dándole la vuelta al palo de vez en cuando, aunque con lo caliente que estaba su frente, el palo se secaba velozmente. Esta vez, Nevin se retrasó media hora pero logró su propósito, lo que él no sabía, era que había sido visto llevando el agua al barracón por Egbert Blau, que desde que escuchó swing en su habitación, lo tenía muy vigilado. Egbert se sonrió asimismo, ya había descubierto por qué había entrado al barracón. Sólo faltaba quitarle la máscara con los superiores del campo para deshacerse de él. Nevin y aquella mujer no descansaron hasta que Eliana despertó de su profundo sueño un tanto mareada pero ya encontrándose mejor físicamente. Al principio de despertar, hubo un par de segundos en los que se encontró aturdida sin saber dónde estaba, pero vio ante sus ojos a Nevin y supo que estaba viva y eso era lo importante.

-Menudo susto nos has dado. ¿Cómo te encuentras?.-preguntó él acariciando su cara-

-Acalorada y algo mejor. Por un leve momento pensé que moriría.-contestó Eliana-


-E ibas a morirte, pero esta señora te ha curado bien la herida y bajado la fiebre.

Eliana miró a la mujer sonriendo y le dio las gracias de corazón.

-No lo habría logrado sin él ya que fue quién trajo lo necesario para curarte.-dijo la mujer-

-Está bien, los dos lo habéis conseguido.

Los tres echaron a reír.

-Tengo que irme antes de que me busquen y empiecen a sospechar. Te quiero, ¿vale?. Vendré a verte en cuanto tenga un hueco libre.

Nevin se acercó más a ella, la besó y se marchó del barracón soltando su mano y mirándola por última vez ese día. Cuando salió, de camino a su habitación, se cruzó con Egbert, se quedaron mirando un par de segundos en silencio, tomando después, cada uno su camino. Blau se moría de ganas por destapar su mentira delante de todo el mundo, pero necesitaba pruebas de lo que pensaba que había visto, así que por ello decidió seguir vigilándolo, tenerlo más en el punto de mira para así, atacar en el momento perfecto y llevar a la muerte a Nevin con Eliana; sus mayores estorbos. De momento, se puso con su trabajo, que era vigilar que nadie intentara saltar las alambradas, las cuales estaban electrificadas y arriba del todo, estaban rodeadas de cuchillas afiladas. Media hora después, Menguele pasó a buscar a Nevin para que lo acompañara a ver a un "enfermo" sin saber que era Eliana a quién iban a visitar. Tras Nevin, fue a buscar a Egbert a las alambradas para que lo acompañara también porque los consideraba, a parte de buenos soldados, buenos escoltas para protegerlo si alguno de los presos se dignaba a atentar contra su vida. Al pararse frente al barracón de Eliana, Nevin ya supo a quién iba dirigida la visita, Egbert observó todos los gestos de su rival al que notó preocupado por lo que pudiera pasar una vez ya dentro. Menguele se dirigió directamente a ella y al ver su buen estado de salud, se quedó sorprendido porque estaba totalmente liberada de una muerte segura. Rabioso le levantó la camiseta y pudo ver la herida bien curada y cosida, algo que lo sacó de sus casillas. Egbert miró a Nevin, pues sabía que eso había sido obra suya.

-¿Quién ha sido?.-preguntó el doctor-

-No sé nada, me desperté así.-contestó Eliana-

El doctor sacó la pistola y apuntó a la joven en la cabeza.

-Muy bien, pues entonces que salga a la luz la persona que ha osado curar esta herida sin mi permiso o aquí mismo le vuelo la cabeza.-dijo en un tono amenazante-

La situación esa bastante tensa y aterradora, Eliana miró a la mujer que la curó y disimuladamente le negó con la cabeza indicándole que no abriera la boca aunque su silencio la condenara a morir.

-Vaya, parece que aquí te quieren todos estos perros, ¿no?. Pues vete despidiendo de ellos, que yo seré el que te quite la vida.

Eliana cerró los ojos con fuerza después de mirar a Nevin, que estaba a punto de saltar a sus brazos para morir junto a ella, pero de repente, la mujer que le salvó la vida dio un paso hacia adelante confesando que había sido la responsable de ayudar a Eliana.

-¡No!. Ella no ha sido.-dijo Eliana en su defensa-

-Sí, he sido yo. Olvídalo Eliana, ya es absurdo engañarle...

Menguele la cogió del pelo y ordenó a sus dos guardaespaldas que se retiraran cuando quisieran, que él se encargaba de llevársela a la enfermería para ocuparse de ella. Nevin y Egbert salieron y el malvado Blau cogió a Nevin por el brazo deteniendo su paso mirándolo a los ojos.

-Sé lo que has hecho. Sé que tú has colaborado también para salvar su vida.

Nevin se liberó de que la mano de Egbert agarrara su brazo.

-No sé de qué me hablas.-dijo Nevin-

-Te vi llevando agua al barracón.

-No puedes probar lo que dices.

-Eso es cierto, pero una cosa sí te digo: Vigila bien por dónde vas, porque estaré acechándote en cada esquina.

-Eso suena amenazante. No me das miedo.

-No digo nada más. Ándate con ojo. Y también controla a tu chica, puede que hoy sea la última vez que la veas.

Nevin lo cogió del cuello con odio.

-Atrévete a acercarte a ella o seré yo el que te mate sin pensármelo dos veces.-dijo Nevin-

Ambos miraron a su alrededor y vieron que todo el mundo les observaba, así que soltó su cuello y se largó conteniendo las ganas de matarlo.



Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!