-¿Estás bien?.-preguntó Clara-

-Sí, tranquila...

Clara limpió la sangre de su hermana con la camiseta de su pijama y se abrazaron de nuevo.

-Les voy a echar mucho de menos...-dijo Clara-

-Yo también. Y ahora vete antes de que te echen a patadas.

-¿Y tú?-

-Yo me quedaré cinco minutos más, te lo prometo.

-Eso es injusto.

Eliana le sonrió.

-¿Te acuerdas hace unos años cuando te dije que te dejaría de proteger?.-dijo Eliana-

Clara le devolvió la sonrisa y asintió.

-Pues lo siento, no voy a cumplirlo.

-Ya tengo quince años.

-Siempre serás mi pequeña, y ellos querrían que nos protegiéramos juntas. Ahora vete.

Clara miró a sus padres y entre un pequeño llanto se esfumó a su barracón obedeciendo así a su hermana. Cinco minutos después, Eliana tuvo que marcharse con todo el dolor de su corazón dedicándoles una última sonrisa tras recordar buenos momentos junto a ellos. Tres días después, Eliana se encontraba de nuevo en su barraca intentando descansar y despejar la mente de todo, reto que era demasiado imposible. Por la puerta entró Nevin, que la abrazó tanto a ella como a Clara disculpándose por no haber podido visitarlas antes, pero ellas no lo tuvieron en cuenta.

-Tengo una sorpresa, tendrás que acompañarme si quieres verla.-dijo Nevin-

No estaba segura, no tenía ganas de sorpresas, todo estaba muy reciente. Clara la animó a irse para que así por lo menos intentara volver a ser feliz. Eliana le asintió y juntos se dirigieron a la puerta parándose antes de salir para que Nevin la cogiera del brazo y así hacer parecer que la llevaba de mala gana a cualquier parte. Al llegar a la sala en la que Nevin estaba instalado, cerró la puerta con llave y se acercó a su disco de vinilo, hasta que una música swing comenzó a salir de él no muy alta para que no la escucharan desde fuera.

-Me ha costado conseguirlo, pero lo he logrado, así que señorita, ¿me harías el honor de concederme este baile?.-dijo Nevin-

Él le ofreció su mano y Eliana sonriendo se la agarró. Al compás de la música fueron bailando a un ritmo acelerado a la vez que se miraban. Por fin, Eliana había encontrado un hueco para sonreír y ser feliz gracias al hombre con el que estaba bailando en ese momento y que tan especial la hacía sentir cada vez que estaba junto a él. Con Nevin encontraba esa pequeña esperanza para seguir luchando por su vida. Después de esa canción, vino una lenta y se abrazaron mientras la bailaban olvidando todo lo malo que les rodeaba.

-Te quiero y pase lo que pase estaré contigo. Lo juré por mí y por ti, y yo no rompo mis promesas.-dijo él-

-Recuérdame que en mi próxima vida te vuelva a conocer.

-¿Y si no?.

-Te buscaré hasta encontrarte.

Nevin le sonrió y siguieron bailando al compás de la música lenta hasta que empezaron a besarse aumentando la pasión. Eliana pasó una mano por su nuca suavemente mientras él le desabrochaba la camiseta. Tras quitársela, Nevin se quedó observando las heridas de sus senos y Eliana avergonzada se los cubrió.

-No mires... Se ven horribles.-dijo ella-

Pero Nevin la cogió de las manos haciendo que se destapara los pechos.

-Estás perfecta con o sin esas heridas. No te avergüences por ello.-dijo él abrazándola-

Se besaron y ambos cuerpos se convirtieron en uno solo haciendo el amor sobre la cama después de tanto tiempo sin poder desearse como hubieran querido. Después de acabar, estuvieron unos treinta minutos abrazados mirándose en silencio hasta que fue interrumpido por el sonido de la puerta. Nevin se levantó corriendo a apagar por completo la música mientras Eliana se vestía a toda prisa. Cuando la voz de Egbert se reconoció, Nevin y Eliana se miraron y le ordenó que se escondiera en el armario con cuidado de no hacer ruido y así ella lo hizo. Abrió la puerta y Egbert entró sin ser invitado, así eran sus "educados" modales.

-¿Qué pasa?.-preguntó Nevin-

-He empezado a escuchar música swing y me daba la sensación de que salía de esta habitación.

Eliana cruzó los dedos, por suerte, se había llevado consigo aquel disco de swing.

-Te habrá parecido, sabes que yo no salgo de este campo para nada, y además llevo tiempo sin escuchar música.

-Tengo entendido que a ti te gustaba esa música. Fuiste visto un par de veces en locales donde la emitían.

-Y no lo voy a negar. Me gustaba hasta que supe el peligro que suponía.

Los dos se quedaron mirando y sinceramente Egbert no se fiaba demasiado de su palabra, así que decidió tenerlo más vigilado, llegó a pensar que era un traidor.

-Bien pues...Siento si he osado molestarte. Yo me voy, tengo cosas que hacer.-dijo Egbert-

Y se retiró de la habitación de Nevin. Volvió a cerrar la puerta con llave y le dijo a Eliana que saliera de su escondite.

-Lo sabe...-dijo Nevin-

-¿Qué sabe?.

-Que la música salía de aquí. No me ha creído.

-¿Y qué hacemos ahora?.

-Tener mucho más cuidado. Ahora me tendrá vigilado.

Los dos guardaron silencio.

-Tengo que volver, puede que Josef me necesite.-dijo Eliana-

Él le asintió y salió a la puerta asomándose por todos lados unas mil veces para comprobar que no venía nadie ni les vigilaban. La cogió de uno de sus brazos y de una carrera la llevó a su barracón despidiéndose de ella con un beso. Al llegar, buscó a Clara, pero no estaba por ninguna parte y entonces se dirigió a Jael muy nerviosa con las piernas y la voz temblorosas.

-¿Dónde está Clara, Jael?. Dímelo.-dijo ella-

-Se la ha llevado Menguele.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!