Aparcó el coche en la puerta de casa de él, Eliana no entendía nada ni sabía a dónde iban. Tan solo esperaba que no fueran a casa de Nevin y mucho menos si estaba Manfred allí dentro.

-Mi madre quiere conocerte.-dijo Nevin-

Eliana comenzó a ponerse nerviosa y él le dijo que no se preocupara, Manfred estaba la mayor parte del tiempo o en el bar o con los soldados, a veces incluso dando charlas a niños pequeños de entre diez y doce años ya inculcándoles las ideas hitlerianas en la mente. Eso pareció tranquilizarla más que suficiente, cogió aire un par de veces con fuerza y entró junto a Nevin a casa teniendo que ver todas las esbásticas de nuevo, algo que le recordó cuando descubrió toda la verdad sobre Nevin. El miedo volvió a aparecer, ¿y si saliera de las Juventudes odiándola?, ¿y si la delataba a ella y a su familia?. Deseó con fuerza que eso no sucediera. Marie se encontraba sentada en el sofá escuchando la radio casi a nada de dormir plácidamente, pero los vio aparecer y enseguida se levantó dirigiéndose a ellos, -en especial a Eliana- sonriendo y siendo todo lo amable que solía ser.

-Soy Marie.-dijo-

Se dieron dos besos cariñosamente.

-Yo Eliana. Un placer señora.

-Lo sé. Nevin me habla todo el tiempo de ti.

-Seguro que ha exagerado.

Los tres se echaron a reír. Marie invitó a los dos a sentarse en la mesa para tomar un café y mientras ella lo preparaba, Nevin la agarraba de las manos.

-No te preocupes, ella es como yo. No dirá quién eres.-dijo él-

-Lo sé. Se nota que es buena.

-Demasiado. Todavía no entiendo por qué sigue al lado de ese desgraciado que se hace llamar mi padre. Ella no se lo merece. El amor ha de ser ciego.

-Más que el amor, quizás sea el miedo. Yo estaba igual cuando estaba con Kinor. Debes estar con ella para defenderla, yo sé lo que es el miedo y te aseguro que necesitaba la compañía de segundas personas.

-Y ahí estaba yo.

Se sonrieron y luego se besaron antes de que llegara Marie con los cafés. Allí se los tomaron y hablaron solamente de Eliana, de lo que le gustaba y lo que no, de los problemas que había tenido con su antigüo amor y de los que había actualmente respecto a los judíos. Fue una tarde agradable, sin incomodidades, una tarde llena de buenos ratos que transmitieron confianza y más que una sonrisa.

VERANO DE JULIO DE 1939, BERLÍN:

Seis meses después, algunas cosas cambiaron, otras seguían igual y algunas empeoraban cada vez: Empezando por Nevin, que le habían ascendido ya a soldado junto a su padre, pero a diferencia de él, Nevin nunca aprendió nada de lo que le pretendían "enseñar" en las Juventudes, disimuló y disimuló hasta el final, costándole muchas veces enfados con Eliana ya que llegaba enojado a casa por algunas de las cosas que se les contaba en clase. Por un momento, ella llegó a pensar que se acercaba el final y que poco a poco su amor dejaba de ser el Nevin que conoció, pero con lucha y fuerza, él consiguió salir adelante apoyando a los judíos y amando a Eliana cada vez más. Lucía ahora por las calles su uniforme verde oscuro con sus SS grabadas en el cuello de su traje, sus botas altas de cuero negras, su cinturón con sus armas y la cachuca con la calavera y el águila. Las calles de Berlín, permanecían ahora con un soldado en cada esquina pidiendo a la gente sus documentos en los que se incluía la identidad completa con nombre, apellidos y nacionalidad, pero a Eliana y a su hermana no le pidieron nunca documentos por verlas mayoritariamente con Nevin, uno de los mejores soldados que había ahora. Digamos que todo era un caos, la gente tenía más dificultad para ocultarse, Eden y Kiva ya no iban más a la ciudad por temor a ser llevados a los campos de concentración como a Auschwitz-Birkenau, uno de los más conocidos. Aunque por el momento, allí se enviaban a soldados rusos. A ellos los enviaban a campos de trabajo -algo más o menos parecido- pero no tan mortífero. Egbert Blau ya era teniente de las SS y uno de los más peligrosos que andaban por las calles de Berlín. Cada vez que se encontraba a algún judío, ya podía rezar la víctima para que no lo matase a golpes. A veces enviaba rosas a Eliana como muestra de que la echaba de menos, ella las rompía o las tiraba a la basura. No quería saber nada del hombre que había humillado a su padre y menos si era tan malo como era. Clara dejó de irse por los barrios de antes puesto que allí estaba algo más identificada por algunos Nazis y más de una vez tuvo que huír de los peligros que por ahí rondaban. Una tarde mientras Nevin y Eliana paseaban para llegar a un parque cercano a la casa de él, alguien conocido se cruzó en su camino deteniendo sus pasos frente a ellos con la mirada fija y firme puesta en el unifrome Nazi de Nevin. Kinor lo contemplaba con gran asombro, no esperaba para nada que fuera un soldado y por un momento en su vida, sí tuvo miedo al estar frente a él, en cuanto Nevin decidiera lo podría llevar preso a los campos de trabajo. Sin embargo, las intenciones de Nevin eran otras, puesto que no era un soldado tan malévolo como algunos, no tenía pensado delatar a Kinor por mucho que lo detestara a menos que siguiera metiéndose en medio de la relación y molestando. Para Eliana, el nuevo Kinor le sorprendió físicamente. Llevaba meses sin verlo desde el pasado mes de octubre y su pelo estaba más crecido, su rostro mostraba más belleza y más atracción, pero ella ya no sentía nada por Kinor salvo asco y odio, deseando que desapareciera lo más rápido de sus vidas y como ahora tenía a su favor a Egbert, provablemente lo delataría para que lo encerraran.

-Y yo que te creía de otra manera...No hay más que ver en lo que te has convertido.-dijo Kinor-

-¿Por qué mejor no te ocupas de tus asuntos?. Veo que no tienes miedo de que te encierre y te aseguro que si sigues molestando lo haré.-dijo Nevin-

-Eres un soldado, pero no como la mayoría, ya que sino, Eliana no estaría contigo.

-Contigo igual podría hacer una excepción.

Eliana supo entonces que Nevin comenzaba a enfadarse y ella cogió a Kinor para hablar con él sin que Nevin los pudiera escuchar. Fue ahí, cuando la verdadera guerra entre Kinor y Eliana dio comienzo.

-Lárgate, lárgate porque seré yo quien te delate.-amenazó Eliana-

-¿Me hablas tú de delatar? Yo también puedo buscarme amiguitos alemanes que te detengan a ti, y escúchame bien: como alguien venga a por mí, tú y tu familia seréis los siguientes en caer.-contestó Kinor intentando quedar por encima-

-Ya me encargaré de que eso no suceda, porque si es necesario ordenaré que te corten la lengua.

-Deja tus sueños a un lado, porque no sabes a quién te estás enfrentando.

-Creo que tú tampoco.

Las miradas de Kinor y Eliana se chocaron con más fuerza que nunca, con odio y rabia, dispuestos a enfrentarse por proteger sus vidas. Él la miró por última vez y se fue esbozando una sonrisa maliciosa, tirándose por calles en las que él sabía que no había soldados alemanes al acecho. Nevin se acercó a Eliana, se notaba en su rostro que algo estaba preocupada. Ella misma supo que había cometido un error al amenazarlo, ya que si alguien iba a por él, Kinor delataría a su familia.

-¿Todo bien?.-preguntó Nevin-

-Le he amenazado con delatarlo, sé que no he hecho bien pero ya no podía más. Y me ha dicho que si van a por él, delatará a mi familia y a mí.

-Lo cierto es que no, no has hecho bien. Pero si van a por él yo me encargaré de que no abra la boca, te lo prometo.

Se dieron un fuerte abrazo cuando de pronto, una multitud de judíos corrían a modo de escape, huían de algo. Corrían a toda velocidad hacia el centro de la ciudad.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!