-Se lo conté hace tiempo, creía que había cambiado...-dijo Nevin-

-Un momento...¿No se lo has contado recientemente?.

-No, ¿por qué?.

-Porque eso significa que realmente no te ha traicionado como crees ya que si no, habrían venido a por nosotros. Apuesto a que no le has dejado explicarse.

-No, no lo hice... Me sentí usado.

-En mi opinión le debes una disculpa, como yo te debo otra por dudar de él.

-Gracias por apoyarme y entenderme.

Eliana le sonrió y se besaron antes de que Nevin se fuera en busca de su padre, que ahora más que traicionado se sentía un idiota por no haberle dejado que se explicara. En primer lugar, entró en su habitación pero no estaba, cerró la puerta y se dirigió ahora a la de Manfred, que estaba cerrada.. Le resultó extraño puesto que casi nunca solía cerrar la puerta e intentó abrirla por la fuerza. Cuando lo consiguió, no podía creer lo que sus ojos estaban viendo, por una milésima de segundo creyó que estaba soñando, pero no, Manfred se había ahorcado con las cortinas y su cuerpo inerte yacía colgado con la cara morada y los ojos en blanco. Nevin corrió hasta él y lo desató tomándole seguidamente el pulso en el cuello, no sentía ni siquiera un leve latido del corazón de su padre, lo que lo llevó a la conclusión de que ya era tarde. Había muerto. Dio un fuerte grito de rabia mientras lo abrazaba, y cinco minutos después aparecieron Egbert y Heller con otros dos soldados más.

-Era de esperar, llevaba un tiempo que no sabíamos nadie qué le pasaba.-dijo Egbert-

-¿Eso es todo lo que vas a decir?.-contestó Nevin-

-Ya sabes que lo siento, no me hace falta decirlo.

El capitán del campo hizo su aparición y le dio el pésame de corazón a Nevin, pues le dijo que había sido un buen soldado durante su estancia, uno de los mejores.

-Quiero que llevéis el cuerpo a Berlín y que lo sepa mi madre...Yo no puedo irme de aquí, y él habría hecho lo mismo. Lo primero es el deber y nuestra patria.

-Bien se nota que lleváis la misma sangre.-dijo Heller-

El capitán ordenó a Egbert que lo ayudara con el cuerpo y en seguida, Nevin fue en busca de Eliana, que se encontraba descansando un poco en su barraca. Al verlo llegar, ella le sonrió pensando que todo había salido bien, una sonrisa que se le fue consumiendo al ver poco a poco las lágrimas de Nevin. Sin decir nada, la abrazó con fuerza donde en sus brazos rompió a llorar más todavía.

-Se ha suicidado con las cortinas.-dijo al fin-

Eliana lloró también y le acarició el pelo para tranquilizarlo, pues eso le relejaba.

-Soy un estúpido...Lo perdí por mi culpa.-seguía diciendo-

-Tú no tienes culpa de nada, estabas enfadado...

-Pero yo...

-Shh. No sigas hiriéndote.

Eliana siguió abrazando a Nevin.

***

2 de Enero de 1944, Auschwitz.

Era la hora de trabajar, Eliana estaba cosiendo un par de uniformes con sus compañeras al aire libre soportando el frío invernal que se adueñaba de todo el campo, pero Eliana se lo tomaba con calma, su cuerpo ya se iba acostumbrando a las heladas, cuando de pronto, un par de soldados conducían a judíos a las cámaras de gas. No supo por qué, pero tuvo que mirar en aquel grupo donde entre todos ellos, vio a sus padres, probablemente la última vez. Clara y Eliana se levantaron y les vieron marchar, la menor de las hermanas se quiso acercar, pero Eliana la detuvo cogiéndola del brazo. Por primera vez en cinco años, Eliana y su padre intercambiaron su última mirada y ambos labios esbozaron una sonrisa. Iban en dirección a las cámaras de gas, donde al llegar a un vestuario, les ordenaron quitarse los pijamas y colocarlos en los banquillos de madera. Kiva y Eden se dieron las manos y entraron juntos a la cámara, una sala lúgubre y tétrica que ponía los pelos de punta. A pesar de que allí la gente estaba apretujada, pudieron mirarse a los ojos y decir unas últimas palabras de despedida.

-¿Recuerdas?. Así nos enamoramos, mirándonos a los ojos...-dijo Eden-

-Y así, en esta última mirada moriremos.-contestó Kiva-

Se abrazaron y ambos empezaron a recordar el día en el que se conocieron en un pequeño local al compás de la música y en su país natal, Polonia.

-Me lo has dado todo Eden, todo lo que podía soñar lo he tenido al alcance.-dijo ella-

-Más dos hijas preciosas cuya mayor tiene tu rostro, y la pequeña el mío.

-Las echaré de menos.

-Yo también...

Siguieron abrazados entre lágrimas hasta que una pequeña tubería se abrió desde lo alto de la cámara, y tras ese pequeño hueco, un hombre enmascarado con una máscara de gas, echó un bote entero de Zyklon B y luego la cerró. Mientras el gas seguía saliendo y saliendo, las víctimas notaban cómo poco a poco faltaba aire en sus pulmones, y tras un leve desmayo, iban cayendo al suelo hasta que se quedaban dormidos para siempre.

Quince minutos después, la cámara fue abierta y los soldados, con ayuda de los presos fueron sacando los cadáveres en carretillas donde luego los depositaban en los montones de cadáveres para después quemarlos y hacerlos así desaparecer. Clara y Eliana vieron los cuerpos inertes y desnudos y se abrazaron entre llantos. Sin poder evitarlo, cuando fueron llevados a las montoneras, corrieron hacia ellos y allí les lloraron. Por allí pasaban Egbert y Nevin, él se quedó desolado al ver lo que había sucedido, pero tuvo que contenerse. En cambio, Egbert sintió ganas de hundir más a las dos chicas y se acercó a ellas junto a Nevin sonriendo.

-Una pena, ¿verdad?. La mentirosa ha perdido a sus padres. Un final merecido sin duda, nadie engaña a un soldado. ¿Verdad Nevin?.-preguntó Egbert, que también quería que le dijera algo-

-Cierto. Tienes lo que te mereces.-respondió Nevin sin sentirlo-

Eliana no tuvo en cuenta las palabras de Nevin ya que sabía que no era eso lo que en realidad sentía, y que lo que estaba sucediendo le dolía más que cualquier otra cosa.

-La próxima es tu hermana y la última serás tú.-dijo Egbert-

Eliana con furia se levantó del suelo y se encaró contra Egbert sin pensar en las consecuencias.

-A mi hermana no la vas a tocar, ¿qué te crees por llevar un uniforme?. Dais pena tú y tus amigos...

Egbert se quedó un par de segundos parado y enseguida reaccionó dándole un puñetazo en la cara reventándole la nariz, y una vez en el suelo, una patada en la espalda. Nevin se mordió tan fuerte la lengua que se hizo una herida profunda con el filo de sus colmillos, y para que no se notara, se tragaba su propia sangre.

-Maldita, ¿quién te consideras para hablarme de esa manera?. Por suerte tuya no te mato porque ese médico te quiere viva, sino, yo hubiera tenido el gusto de acabar contigo cuando te vi en las filas. Vamos Nevin, antes de que pierda mis estribos.

Nevin y Egbert se retiraron de allí y Clara atendió a su hermana, que le seguía sangrando la nariz a causa del fuerte golpe.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!