Eliana estaba en su habitación cosiendo el vestido de su hermana que estaba roto, cuando Nevin entra de golpe por la puerta con una carta en sus manos. Ella se levanta atónita ante la reacción de Nevin y no sabía si acercarse o alejarse.

-Aquí hay una buena noticia y otra mala...¿Estás dispuesta a leerla?.-preguntó él-

Eliana finalmente se acercó, observó la carta unos segundos y luego la cogió sentándose en la cama.

"Querido Nevin, te escribo para que sepas lo que me pasó hace poco. Estaba vigilando a los presos cómo hacen su trabajo y me encontré con una cara que me resultó familiar y que cuando la reconocí, averigüé algo una cosa muy curiosa. Era el padre de la judía con la que estuviste cegado y que nadie sabe dónde está escondida. Esa zorra se acercó a ti para estar protegida y ahora está por ahí sola y perdida. No os preocupés por mí, estoy bien, tengo trabajo por meses incluso por años. Cuando tenga un hueco libre os escribiré la próxima carta avisando el día que iré. Cuida de tu madre y tú sigue aprendiendo a ser un buen soldado para que entres a Auschwitz. Un saludo de Manfred".

Al acabar de leerla, miró al frente sorprendida y luego a Nevin.

-Está vivo, ¡mi padre vive!. Es lo que llevo tiempo esperando saber.-decía Eliana-

-Sí, pero te olvidas de un pequeño detalle. Mi padre ya sabe quién eres...si se corre la voz en ese campo entre los soldados sabrán dónde estás y que yo te he ayudado.

Eliana comenzó a pensar una solución para ese problema, después se dirige a su escritorio cogiendo un bolígrafo y un papel.

-Entonces envíale tú una carta diciendo que me han enviado a Bergen-Belsen, que tú mismo me encontraste. Así no saldrá el rumor de allí.-dijo Eliana-

-Esa idea me gusta.

Ambos se sonrieron y Nevin se sentó en la silla que había junto al escritorio sobre el que empieza a escribir la carta ante los ojos de Eliana:

"Padre, me alegra saber que estás bien. Ahora que has mencionado a esa mentirosa, has de saber una cosa. Hace una semana la encontré a ella y a su hermana por los alrededores de su casa y las envié al campo de Bergen-Belsen con la orden expresa de que fueran duros especialmente con ellas, así que no te preocupes, esa ya no me resulta un problema. Siento no habértelo comunicado antes, pensaba que lo sabías. Espero pronto tu regreso y mi llegada a Auschwitz. Nevin."

Sonrieron cuando él la acabó de escribir y luego Eliana lo miró a los ojos seriamente.

-Tengo que pedirte algo más...Y estás en todo tu derecho de negarte a hacerlo.-dijo ella-

-Dilo.

-Tenemos que salvar de la muerte y de esos campos a todos los judíos que podamos.

-¿Qué propones?.

-Ponte en algún sitio con algún compañero que sea de tu misma forma de pensar, como Karl y Markus, y en vez de darles muerte, llevémosles a donde me cambiaron la identidad. Podría hablar con ese chico y convencerle de ser una ayudante.

-¿Crees que puede funcionar?.

-No creo nada, pero por intentarlo...Lo sé, sé que nos jugamos muchas cosas, yo más que tú, pero ellos también se merecen a alguien que les ayude como a mí me ayudaron, ¿no te parece?.

-Está bien. Estaremos juntos en esto y hasta el final.

Los dos se miraron, ella le sonrió y seguidamente rozaron sus narices de un lado a otro. Al cabo de una semana, Manfred contestó por última vez a la carta de su hijo mostrando su contento por la falsa noticia que había recibido, y Nevin junto con Karl y Markus se pusieron en un sitio de la ciudad para pedir documentaciones y si eran judíos, llevarlos ante aquel joven muchacho que les cambiaba la nacionalidad y el nombre original por otro falso que fuese alemán. Aquella mañana de aquella primavera de 1941, mientras Nevin y sus amigos intentaban rescatar a los judíos, Eliana salió de casa para convencer a aquel chico de ser una ayudante, cuando a lo lejos ve a Egbert, que nada más verla, se acerca a ella sonriendo y deseándola en silencio cada vez más, aunque respetaba mucho que Eliana estuviera con Nevin. Egbert podía ser un soldado sádico y malo con los "enemigos", pero ante los suyos se comportaba de manera respetuosa y educada, eso no quitaba, que Nevin ante sus ojos era un rival, un rival que también competía por el amor de la misma mujer.

-¡Gretel!.-exlamó él-

-¿Ya no me dices Steimberg?.-preguntó Eliana-

-Creo que ya tenemos la suficiente confianza, ¿no crees?.

Eliana le sonrió y le alzó una de sus cejas, dándose ambos un abrazo, abrazo que ella detestó.

-¿A dónde vas tan sola?.-preguntó él-

-Tenía que salir a comprar un par de cosas y bueno así me despejaba, esque he tenido una leve discusión con Nevin y me apetecía ir sola.-mintió para que Egbert no la acompañara-

-En ese caso señorita, te dejo seguir tu camino. Espero verte pronto.

-Lo mismo digo.

Egbert le cucó un ojo y ambos se fueron cada uno por su camino. Eliana entró a aquella tienda de libros donde el joven se hacía pasar por bibliotecario, silvó la contraseña y se puso frente a él mirándole a los ojos.

-Eres un alemán, todavía no entiendo por qué quieres ayudarnos...-dijo Eliana-

-Yo sí, pero mi madre es judía, yo mismo la ayudé a escapar. Por supuesto nadie sabe quién es mi madre ni dónde nació, pero apuesto a que no has venido para hablar de mí.-contestó el chico-

Eliana alcanzó una silla que tenía al lado y se sentó frente a él.

-Yo, al igual que tú tenemos el mismo interés en protegerlos, mi visita se debe a si yo podría ayudarte a cubrir quiénes son. Nevin y dos amigos suyos se han situado en un punto fijo en la ciudad para traer judíos y echarles una mano como tú has hecho conmigo. Sólo enséñame a hacerlo y lo haré.

-Nos arriesgamos, lo sabes.

-No tendría por qué suceder.

El joven pensativo la miraba sin saber qué hacer, pero tener a alguien para que le ayudase siempre resultaba una mejor tarea, así que la llevó a una puerta oculta tras una estantería que él solo sabía de su existencia y allí la enseñó a cambiar identidades. Había un escritorio, una silla y una vela para iluminar, además de una estantería con un par de libros que contenían nombres y apellidos alemanes.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!