Esa tarde, hasta que el reloj marcara las cinco, Eliana aprovechó para darse un baño y despejarse un poco, tenía la mente demasiado aturdida después de todo lo que había pasado en tan poco tiempo, asíque se quitó el vestido sucio, cerró la puerta del baño y allí se preparó la bañera. La llenó hasta arriba, y luego la cargó de espuma ya que le encantaban los baños así y por último se metió dentro de ella relajando su cuerpo e intentando dejar la mente en blanco; pero era prácticamente imposible, le habían pasado demasiadas cosas. Lo único que no se quitaba de la cabeza, era la escena en la que Nevin la salvaba de Kinor. Y una y otra vez ese recuerdo recorría toda su mente sin parar, nunca se había alegrado tanto de que una persona como él hubiera estado tan pendiente de ella, aunque respecto al amor, se puso una regla ella misma para no llevarse de nuevo más decepciones en ese tema: "Hasta que no me enamore de verdad, no daré el siguiente paso"

Sus intenciones eran claras, estaba segura de sus ideas. Antes de entregarse a un hombre como pareja, debía conocerle primero y al estar segura, ya dar el paso y seguir hacia adelante. Sabía de sobra que Nevin era el correcto, pero también sabía de sobra que solo le gustaba, aún quedaba tiempo para enamorarse y sobre todo, no volver a equivocarse. Cerró los ojos despacio y se sumergió en un mundo imaginario, un mundo en el que solo reinaba la paz y la tranquilidad, donde el amor no dolía y el odio no existía, donde la amistad permanecía eternamente sin falsedad, donde la palabra "guerra" no se hallaba ni en el mejor de los diccionarios...Ese era el mundo en el que la mayoría de la gente deseaba permanecer con el objetivo de ser feliz y sonreír a cada instante, pero solo se podía llegar a él a través de la imaginación y la mente.

Llegaron las cuatro y media de la tarde, Clara dio el aviso a su hermana de que debía salir ya del baño si quería volver a Berlín, asíque Eliana cogió una toalla de color blanco y se la enrolló de pecho hasta las rodillas secando con ella poco a poco su dulce y delicada piel morena. Después salió hacia su habitación para escoger un vestido, y como no, eligió uno de color azul, ya que era su favorito, luego se peinó sencillamente con un lazo blanco, se calzó deprisa y bajó hacia abajo donde la esperaba ya Eden junto a Clara, que también se iba con sus amigas a ver si el asunto respecto a su mejor amiga había cambiado y ya su madre le dejaba volver a juntarse con ella.

Las chicas se despidieron de Kiva y subieron al coche de Eden camino a Berlín para encontrarse con los amigos. Al llegar a la puerta de la barbería, un chico alto, guapo, rubio y de ojos azules cuyo nombre era Nevin, esperaba a su dama sentado en la acera, que se levantó nada más ver el coche para saludar a Eden educadamente y a sus dos hijas. Los dos hombres se saludaron sonriendo y cuando Eden se metió a trabajar, Nevin y Eliana acompañaron un poco a Clara para que no se fuera sola y luego, ambos se volvieron yendo en dirección a la fuente. De camino a ella, los dos se limitaban a sonreírse la mayor parte del tiempo sin decir nada, ninguno sabía cómo inicar una conversación para romper ese silencio, asíque cuando llegaron al punto final del destino, se reunieron con los amigos. Eliana saludó a todos uno por uno y luego hablaron unos diez minutos porque se iban, pero ella no entendía por qué. Lo que sí notó fue un comportamiento raro entre sus amigos y Nevin, ya que Dina le guiñaba el ojo y le sonreía asintiendo como una niña pequeña de dos años. Pidió permiso para irse con ellos y Abraham lo negó, se inventó que tenían que ir a casa de Gabriel a hacer un par de cosas y su madre no permitía tanta gente, asíque Eliana y Nevin se quedaron solos una vez más. Las sospechas de un plan ideado por alguno de ellos, empezó a invadir la mente de la chica por completo, asíque se acercó más a Nevin con los brazos cruzados y una de sus cejas arqueadas hacia arriba.

-¿Me puedes explicar por qué se van?.-preguntó Eliana-

-No sé. Bueno, Abraham ha dicho que se iban a casa de Gabriel.

-No me lo creo. Me dá la sensación de que planean algo.

-Ellos no, quizás yo sí.

-No entiendo...

-Voy a llevarte a un sitio.

Ahora Eliana lo entendía, asíque sonrió.

-¿Y a dónde me llevas?.-preguntó intrigada-

-Es un secreto, pero debes aceptar las condiciones, si no, no vale.

-¿Aceptar las condiciones?

Nevin le sonreía.

-Está bien, acepto.

Nevin sacó un pañuelo de uno de sus bolsillos y se lo puso con cuidado tapando sus ojos.

-Tendrás que ir todo el camino así.-dijo Nevin-

-Vale, pero tendrás que guiar mis pasos.

-Confía en mí.

Nevin la agarró de una mano y continuaron el camino, aunque a veces, Eliana tropezaba con alguna piedra que no era vista en el asfalto y los dos se reían a carcajadas mientras la gente los observaba.

-No puedo continuar, al final me mataré por el camino.-dijo Eliana-

-Como que me llamo Nevin que tú llegas sana y salva.

La cogió en brazos y anduvo con ella todo el camino hasta llegar a su destino. La llevó a un puente dónde las vistas eran esenciales: tenía una altura extraordinaria y bajo él, cruzaba un río con gente en pequeñas barcas mientras se declaraban las parejas u otros simplemente observaban el paisaje con una sonrisa. A los dos extremos, estaba lleno de vegetación, árboles y árboles altos con hojas cayendo de sus ramas y rosaledas preciosas.

-¿Lista?.-preguntó Nevin-

Eliana emocionada, asintió sonriendo y él le fue quitando poco a poco el pañuelo de sus ojos. Y entonces, Eliana, al ver las bonitas vistas, se quedó parada con las pupilas dilatadas y brillantes, por lo que el mismo asombro, borró su sonrisa. Nevin la miraba, y juzgó por su cara, que no le había gustado la sorpresa o que ya había estado allí antes, asíque se desilusionó por completo.

-Ya habías venido antes, ¿no?. Lo siento, soy un estúpido.-dijo Nevin-

-No, nunca he estado aquí. Es precioso Nevin, me encanta donde me has traído.

Él suspiró de alivio.

-Luego podríamos alquilar unas barcas y dar una vuelta, ¿te apetece?

-Sí, me encantaría.

Nevin se puso a su lado sin decir nada y los dos observaban el bonito paisaje que la propia naturaleza ofrecía.

-Por cierto, ¿y esa pequeña bolsa que llevas en el bolsillo?

Nevin la sacó, y en su interior se podían ver las migajas de pan.

-¿Y esto?

-Verás.

Nevin cogió un puñado de migajas y la mitad de ellas se las repartió a Eliana en la mano, y entonces, detrás de ellos, comenzaron a posarse las palomas en el suelo. Él lanzó unas cuantas al suelo con suavidad y las palomas comenzaron a comer. Eliana probó después, y lo tiró con tanta fuerza que las palomas salieron volando. Se sentía un poco avergonzada por haber hecho el "ridículo" delante de Nevin en una ocasión tan especial.

-Lo siento, me siento idiota.-dijo ella-

-No te preocupes, se me ocurre algo mejor.

Nevin le volvió a dejar unas pocas migajas en la mano y la hizo ponerse de rodillas en el suelo junto a él con la mano extendida hacia adelante.

-Ahora, espera y verás.-dijo él-

Al minuto, dos palomas se volvieron a posar en el suelo y poco a poco se iban acercando a la mano de Eliana, hasta que empezaron a comer lo que había dentro de la palma muy despacito. Eliana, al ver eso, miró a Nevin y le sonrió ampliamente.

-Y ahora, un poco más despacio, intenta acariciarlas.-dijo Nevin-

-¿Estás loco?

-Hazme caso.

Eliana sin reproches y despacio, fue acercando su otra mano hacia las palomas para acariciarlas y lo consiguió. Las aves se dejaron llevar por la confianza de ella. Los dos rieron mientras se miraban y de pronto, las palomas salieron volando dejando la mano de Eliana vacía.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!