El último día de clase, el viernes mientras Eliana y compañía atendían en clase, aprovechaban para hablar entre susurros cuando la profesora escribía en la pizarra.

-¿Somos fantasmas o qué?.-preguntó Abraham-

-Por más que levantamos la mano, no nos preguntan la lección.-añadió Eliana-

-Y siempre les mira a ellos.-dijo Dina refiriéndose a los de la fila izquierda-

Entonces Noami, la profesora, se dio la vuelta y volvió a preguntar una pregunta relacionada con lo que estaba explicando, Eliana levantó la mano primero, pero cedió el turno de palabra a un joven alemán.

-Yo he levantado la mano primero.-dijo Eliana-

Todas las miradas se centraron en ella.

-No interrumpas mis clases.-dijo Noami-

-Perdona, con esto de ignorar a los de la fila derecha, tú misma consigues que los demás interrumpan tus clases. Si yo he levantado la mano antes, ¿por qué pasas la respuesta a otro?

Una joven alemana de la fila izquierda se levantó de su sitio malhumorada mirando a Eliana.

-¡Porque eres una judía y una polaca! ¿ya lo entiendes?.

-Cállate, a ti no te estoy preguntando.-contestó Eliana-

-Esque esa es la respuesta a tu pregunta.-dijo Noami-

-Creo que todos tenemos derecho a aprender y a preguntar dudas y sobre todo a que se nos expliquen las lecciones por igual. Como a todos.

-Vosotros no.-dijo la alemana-

-¿Y tú sí? ¿Qué tienes tú que no tenga yo?

-Belleza.

Los jóvenes alemanes rieron ante ese comentario, y los judíos la miraban de reojo.

-¿Y eso es un punto a favor para que a ti te puedan enseñar y a mí no? Voy a ignorar tu comentario, ser más bella que yo o de quien te creas superior, no te hace mejor persona.-dijo Eliana-

A la joven se le borró la sonrisa de la cara y miró a Eliana con odio. Dina observó a la alemana repelente sonriéndole burlona, pero por creída, le habían callado la boca. Eliana y Noami se cruzaban ahora las miradas esperando a que la profesora contestara con una respuesta coherente y madura, propia de su edad.

-Si no se os pregunta, es porque es lo que se ordena, y supongo que será por que os lo merecéis.-dijo Noami-

-Déjalo Eliana, es inútil.-dijo Dina-

Eliana guardó silencio y en lo que quedó de clase, no volvió a levantar la mano ante una pregunta ni volvió a preguntar las dudas, ya que antes, Abraham lo había hecho y no se lo había explicado. Al sonido del timbre, todos recogieron sus cosas, pero antes de salir, Noami la detuvo con esa voz que decía su nombre ordenándole cerrar la puerta y Eliana obedeció.

-Las cosas ahora son así, ¿lo entiendes? Los profesores estamos obligados a hacer lo que se pide ahí fuera.-dijo Noami-

-Y tú no eras así, ¿verdad?.

-No soy lo que aparento...Si no lo hago pueden denunciarme, igual que a ti si no llevas la estrella cosida en tu ropa.

Eliana se miró la ropa, sabía de sobra que no llevaba la estrella, no quería llevar puesto algo que no quería y menos por obligación.

-¿Por qué no me denuncias entonces?.-preguntó Eliana-

-Porque todos tenemos derecho a luchar por nuestra vida.

Alumna y profesora se miraron a los ojos y ya Eliana se fue en busca de sus amigos, que la esperaban en la puerta. Comenzaron a preguntarle, pero Eliana simplemente contestó con una mentira, y aunque eran sus amigos, decidió dejar las cosas guardadas entre las dos, por lo que les dijo que Noami le había advertido de que si se le ocurría volver a interrumpir las clases, tendría serios problemas. Nevin ya la esperaba y le resultó extraño no ver a Clara después de lo que se había entretenido hablando con su profesora. Ambos se besaron y él le preguntó que qué tal le había ido el día, y Eliana le contestó como siempre lo mismo:

-Bien.

Abrazados todavía, Clara seguía sin llegar y debían irse a casa, ya que seguramente Eden ya las esperaba. Empezaron a incomodarse.

-Ya debería haber vuelto...-dijo Eliana-

Nevin preocupado también, inició su marcha hacia las clases del piso inferior donde los más pequeños daban clase junto a Eliana, que lo seguía. Los pasillos estaban vacíos, no había nadie, pero sí se oían voces, gritos y hasta golpes. Uno de los gritos fue identificado, era la voz de su hermana pidiendo ayuda, asíque la chica fue la primera en correr en dirección a donde se escuchaba el jaleo, y al entrar en una clase, se encontró a la joven alemana que antes le había plantado cara, agarrando el cabello de Clara y estampando su cabeza contra la pizarra. Cuando Eliana vio los ojos de su hermana, se acercó a su enemiga con toda la rabia cogiendo una de las reglas que estaban colgadas en la pizarra y le dio un golpe en la cara tan fuerte, que la dejó inconsciente. Entonces el corazón de Eliana empezó a latir a una velocidad incalculable produciéndole una sensación de ahogo, creía que la había matado y soltó la regla inclinándose hacia la joven tomándole la pulsación en la muñeca, y al notar que latía, se calmó un poco más.

-Tenemos que irnos de aquí.-dijo Nevin-

Pero Eliana estaba impactada, nunca se había visto en una situación tan horrible. Clara y Nevin la ayudaron a levantarse y entonces los tres salieron corriendo dejando a la muchacha ahí tirada. A la salida, ambas se abrazaron y Eliana no dejaba de preguntarle que si estaba bien, y Clara le contestaba que sí, que estaba bien. Unos minutos después de que el asunto se calmara un poco, Nevin observó su reloj, llegaba tarde por lo que se despidió de las chicas y salió corriendo hacia su casa por los motivos familiares que tenía que soportar cada día. Las dos se fueron también corriendo hacia la barbería y allí Eden ya las estaba esperando. Por suerte, Clara no tenía heridas y Eden no preguntó por qué tanto retraso, subieron al coche y partieron de nuevo a casa.

***

Al atardecer de ese mismo día, Nevin la esperaba con su coche aparcado en una orilla de la acera y no se dio cuenta por suerte de la estrella cosida que llevaba Eden en su ropa.

-Te voy a llevar a un sitio.-dijo él-

-Donde sea pero contigo.

Nevin sonrió y le tendió la mano a su novia para que la cogiera, y Eliana se la dio. Él, caballero, le abrió la puerta del copiloto y montó sonriente, cuando Nevin subió, sacó un pañuelo marrón de uno de sus bolsillos del pantalón y se lo colocó a Eliana sobre los ojos para que no viera dónde la llevaba.

-¿Me vas a secuestrar?.-preguntó Eliana mirando a Nevin a ciegas-

-Me has descubierto.

Ambos rieron y ya Nevin se puso en marcha.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!