Le confesó en el oído cuál era su nombre y su dirección para ir a cogerlo. Egbert buscó a unos cuantos soldados para ir a apresarlo. Salieron por las grandes puertas del local bajo la mirada de los allí presentes y Nevin se acercó a ella.

-Kinor ha entregado a Mara y a Gabriel como a perros y yo se la he devuelto.-dijo ella-

-¿Van a por él?.

-Sí. Debes ir con ellos para evitar que no diga nada o mi familia no tardará en caer. Vamos, vete.

Nevin asintió y dándole un beso de despedida marchó tras ellos como Eliana le había pedido. Unos treinta minutos después, Nevin volvió al local solo, al parecer no los había encontrado por ninguna parte y Eliana comenzó a ponerse nerviosa de pensar que tal vez estaban en su casa llevándose a sus padres y a su hermana, por lo que le pidió que la llevase a casa lo más rápido posible. Cuando llegaron, no había nada raro, todo estaba bien, incluso las luces de casa apagadas también, Eliana corrió deprisa a casa y cuando entró, llamó a sus padres ansiadamente. Eden, Kiva y Clara bajaron las escaleras deprisa y al verlos con vida suspiró de alivio.

-¿Qué pasa? ¿Va todo bien?.-preguntó Eden-

-Sí, sí claro...Esque había oído que se habían llevado a una familia judía que vivía por unas praderas y me he asustado. Pero veo que no se trataba de vosotros.-contestó Eliana-

-¿Y me haces levantarme para esto? Ahora no voy a poder dormir.-refunfuñó Clara-

-Lo siento.

-Venga, a la cama.-dijo Kiva-

Eliana asintió y se despidió de Nevin con un fuerte abrazo y después un beso.

-Si Kinor hubiera hablado ya estarían aquí. A ellos no les importa la hora. Vamos, a descansar. Mañana te busco.-dijo Nevin-

Eliana le dedicó una sonrisa y después se metió en casa para dormir hasta el día siguiente. Por la mañana, Eden levantó a las chicas media hora antes de que se fueran a la ciudad para que se fueran a recoger fresas al bosque como solían hacer todos los años. Ambas chicas con ojeras de no haber dormido lo suficiente se levantaron, salieron a la calle en camisón con un abrigo negro y una cesta cada una adentrándose en el bosque. Eden mitras, hacía las camas y Kiva el desayuno para cuando volvieran las chicas. Todo andaba tranquilo hasta que escucharon los motores de un par de coches. Al principio pensaron que se trataba de Nevin, pero cuando escucharon a más gente se dieron cuenta de que algo no iba bien. Se asomaron por la ventana de la cocina y vieron a diez soldados, entre ellos a Egbert Blau y Nevin Strauss, que estaba allí en contra de su voluntad deseando que nadie se encontrara dentro de la casa en esos momentos. Cuatro soldados se acercaron a la casa y allí cogieron presos a Kiva y a Eden, que se negaban a ser apresados. La mirada de Nevin se cruzó con la de los padres de Eliana, Eden no entendió al muchacho y lo maldijo por traidor y mentiroso.

-No hay nadie más.-dijo un soldado-

Nevin suspiró de alivio. Mientras, en el bosque, las hermanas Gabay recolectaban fresas hasta que escucharon voces terriblemente altas y malhumoradas con algún que otro insulto incluído. Ambas corrieron deprisa y se escondieron detrás de un árbol observando que los soldados ya habían descubierto a sus padres. Egbert se acercó a Eden, que ya lo conocía de antes, comenzó a dar vueltas a su alrededor mirándolo desafiante con las manos cerca de su pistola dispuesto a sacarla en cualquier momento.

-¿De quién son esas dos camas que sobran? ¿A quiénes estás cubriendo?.-preguntó Egbert-

-No son de nadie...-respondió Eden-

Egbert le dio un puñetazo tan fuerte, que Eden cayó al suelo con la nariz ensangrentada. Clara fue a chillar y Eliana le tapó la boca con fuerza llorando las dos.

-¡Contéstame, cerdo!. ¿Sabes?, me estoy hartando de vuestro royo; ese de ir protegiendo a los demás y no sabéis que lo único que hacéis es perder el tiempo, ya que los cogeremos a todos tarde o temprano. Última oportunidad, ¿de quién son esas dos camas que sobran?.-insistió Egbert-

-Ya dije que de nadie.-volvió Eden a contestar-

Egbert perdiendo la paciencia y los estribos, cogió a Kiva con fuerza del cuello.

-Miente otra vez y ella pagará por tus errores. ¿A quién cubres? Sé que esas dos camas son de tus hijas, ¿dónde están?.

-Están en la ciudad, pero no sé dónde van. Por favor, suéltala.-mintió Eden para que liberaran a Kiva-

El soldado la empujó con fuerza contra el suelo y Kiva se llevó las manos al cuello, que ya poco le faltó para morir. Justo entonces, un sollozo de Clara se dejó oír y supieron que había alguien detrás de aquel árbol. Nevin supo de quiénes se trataba. Egbert volvió a mirar a Eden.

-Con que en la ciudad,¿no?. ¡A por ellas!.-ordenó Egbert-

Nevin se ofreció voluntario, ellas sin conocer quién era el hombre que las perseguía, echaron a correr velozmente sin rumbo, sin pensar a dónde ir. De pronto, Nevin alcanzó a Eliana por la espalda y ella empezó a chillar y a pedir que la soltara con el pelo alborotado impidiéndole ver quién era hasta que ambos ojos se encontraron.

-¿¡Tú!?. ¡Eres un traidor, me dijiste que evitarías esto y mira lo que has hecho!.-dijo Eliana-

Él sacó la pistola y Eliana temió por su vida, cuando allí, en la parte en la que estaban los soldados y los padres de Eliana, se escucharon dos disparos. Kiva y Eden, pensando que las había aniquilado, comenzaron a llorar abrazados. En el bosque, Eliana miraba a Nevin para que le pidiera una explicación de todo.

-Me obligaron a irme...Yo no sabía dónde y al llegar a mi destino me quería morir. No pude hacer nada, fue Kinor quien habló, y afortunadamente no dio nombres, solo la dirección.-dijo él-

-¿Qué haremos ahora?.-preguntó Eliana-

-Por el momento yo tengo que volver, regresaré a por vosotras y ya se me ocurrirña algo. No os preocupéis, no vendrán a por vosotras, ellos creen que os he matado con este par de disparos que di al aire.

-¿A dónde llevarán a mis padres?.

-A Auschwitz.

-¿Y tú no podrías cuidar de ellos allí?.

-Todavía no tengo permiso para entrar allí, y además, ¿qué hago con vosotras?.

-Dime cómo es ese campo.

-Un engaño.

-No te entiendo...

-La gente va a llí pensando que van a trabajar, pero no es cierto. Según tengo entendido, los explotan, les hacen trabajar demasiado duro arriesgándose a morir si no obedecen o no hacen correctamente lo que se les ordena.

A Eliana se le puso un fuerte nudo en la gargante que le impedía respirar.

-Tenemos que hacer algo Nevin.-dijo Eliana-

-Me encantaría, mas no se puede. Mi deber ahora es cuidar de ti y de tu hermana, estoy seguro de que es lo que querrían tus padres.

La voz de un soldado se escuchó a lo lejos llamando a Nevin y este besó los labios de Eliana para despedirse. Le prometió volver y le ordenó que no se movieran de allí. Él apareció por fin y cuando se puso frente a los padres de ellas, les guiñó un ojo para advertirles de que no había hecho nada y que sus hijas estaban bien. Eden ahora entendió a Nevin y le susurró mientras caminaban, que las cuidara mucho, que confiaba en él. Los dos se miraron y Nevin asintió, prometiéndole por dentro que nunca permitiría que le hicieran daño a ninguna de las dos. Metieron a Kiva y a Eden en un camión también con judíos dentro y partieron al tren con destino a Auschwitz.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!