Estaba claro que no todo serían felices fantasías si el odio a la raza judía crecía cada vez más y llegaban al punto de exterminarlos por completo. ¿Qué haría sin Kinor, sin sus mejores amigos, sin su familia, sin Nevin...? Que también lo incluyó en sus pensamientos ya que ahora formaba parte de su vida también. Lo que ninguno de los dos sabía, era que son opuestos en casi todo. Ella era judía y él el hijo de un nazi alemán que más tarde se convertiría en uno de los más radicales.

Cuando se cansó de meditar del mundo bueno y del malo, cerró la ventana con cuidado de no despertar a la familia y se metió entre sus sábanas dejando pasar el resto de la noche soñando. Por la mañana, Eliana se quedó durmiendo, quedarse mirando por el balcón a altas horas de la noche, no era demasiado bueno si al día siguiente había que madrugar para partir a Berlín. Clara, un tanto cansada de que su hermana se quedara durmiendo la mayoría de las veces, corrió hasta su cama con fuerza y se lanzó sobre ella para despertarla de golpe y porrazo.

Eliana sobresaltada del susto, abrió los ojos de golpe dándole un empujón a Clara tirándola de la cama, pero se volvió a lanzar sobre ella para que se diera prisa. Sin rechistar, se levantó de la cama, se vistió adecuadamente, se lavó la cara, se peinó y bajó a desayunar, pero le esperaba una buena bronca por parte de Eden, que la próxima vez no la esperaría-

-Última vez que tu hermana y yo te esperamos para irnos a Berlín. Yo tengo mi trabajo y no puedo retrasarlo por tu cansancio o por no dormirte antes.-dijo Eden-

-Está bien padre, la próxima vez no me esperéis, seguid vosotros.

Conforme acabaron de desayunar los cuatro, Eden y sus hijas partieron como todos los días a la ciudad.

Al llegar. ya había dos hombres esperando en la puerta y Eden se dio ligero para abrir el negocio y continuar con su oficio. Tras eso, Clara y Eliana se dividieron de camino y en el portal de la señora Schweitzwer, se detuvo de nuevo a hablar con Nevin, que seguía con el mismo gesto de enojado que el día anterior y no se dio cuenta de que ella se había parado frente a él.

-Hola, estoy aquí.-dijo Eliana-

-Perdona, estoy cansado y no me doy cuenta de nada.

-¿Hablaste con tu padre?

-Eh...Sí claro, todo fue bien.-mintió Nevin-

-¿Qué te dije?

-Tenías razón. Por cierto, tengo que hablar contigo, ¿te apetece tomar café y te cuento?

-Me parece bien.

Ambos se fueron juntos a una cafetería que había cerca de allí. Eliana se olvidó por completo de que sus amigos la estaban esperando, pero si Nevin tenía que hablar con ella sería porque era urgente, asíque por lo tanto, no se negó a hacerlo.

Tomaron sus asientos en la cafetería, se pidieron los dos un café y un trozo de tarta de limón y allí Eliana, esperó a que Nevin le dijera lo que le tuviera que decir. Pasó su taza por los labios absorviendo un trago de café mirándola y habló al fin.

-Ayer vino a hablarme tu novio. Estaba un poco celoso de que yo me lleve bien contigo.

-¿Te habló? ¿Y qué te dijo exactamente?

-Que si intentaba poseerte no volvería a verte. No sé a qué se refería con eso y sinceramente no me interesa, pero si intenta separarme de ti, la próxima vez, mi mano irá directamente a su cara.

-Le dije que te dejase en paz, pero no sé por qué está tan furioso contigo. Cree que te gusto y tiene miedo quizás de perderme, pero él tiene que confíar en mí, o eso se supone.

-Él confía en ti, pero no en mí.

-¿Me explicas mejor eso último que has dicho?

Y entonces Kinor los ve juntos tomando un café, y se pone tan furioso que le da una patada a un balón de un niño, deshinchándolo por completo.

-Cree que te quiero y que intentaré poseerte. Sabe que tú no harás nada pero yo...-dijo Nevin-

-Pero tú no me quieres, ¿no?

El silencio hizo que Eliana saliese de dudas. Nevin la quería desde el principio.

-Yo....-dijo Eliana-

-Tú a mi no, lo sé. Estás enamorada de un imbécil que va a jugar contigo.

-No eres quién para juzgar sin conocer.

-La cuestión es que sí lo conozco.

-¿Ah sí? No me digas...

-No es el primer verano que viene a Berlín. Ese al que tú llamas amor, salió hace dos años con una chica a la que le hizo mucho daño. Por eso no tiene amigos, por eso ahora se va con vosotros.

-¿No tienes otra excusa mejor que inventar?

-Eliana, no es ninguna excusa, no pienses que lo hago para conseguirte, es la verdad.

-Se acabó, no pienso seguir hablando de esto, estás equivocado.

A los pocos segundos, Karl y Markus aparecieron en la cafetería saludando a su amigo y después a la bella dama que le acompañaba, que dejó el dinero sobre la mesa y se fue sin despedirse en busca de sus amigos. Cuando llegó a la fuente, todos la miraban un poco enojados por el simple hecho de no avisar que llegaría unos minutos más tarde, aunque el más afectado era Kinor, que la miraba, más que con enojo, con odio. Dina y compañía se retiraron para que la pareja pudiera hablar a solas.

-Prefieres ver a ese estúpido antes que a mí, ¿no? Pues vete con él.-decía Kinor-

-¿y tú? ¿qué le fuiste a decir? Yo no controlo con quién te tienes que hablar y con quién no.

-Si quieres seguir manteniéndome a tu lado, tendrás que aceptarme tal y como soy y obedecerme.

Eliana empezó a derramar lágrimas, y Kinor le acarició la cara.

-No llores pequeña, no me gusta verte así. Comprende que lo hago para no perderte por otro, ¿entiendes?

Ella asentía, ciega, no quería comprender que Kinor solo la quería para él y para nadie más, y que con su voz de inocente y protector, lo único que intentaba era ser el dueño de Eliana para todo sin replicar.

-Tengo que irme a casa, no podía pasar mucho tiempo contigo esta mañana porque tengo que ayudar a mi padre y hasta la tarde no podré verte. Pero bueno, como te has entretenido...-dijo él para hacerla sentir más culpable-

-Me siento mal conmigo. Lo siento.

-Tú tienes la solución: no pasar tanto rato con tu amigo y pasar más tiempo conmigo.

Eliana asintió.

Kinor se fue de allí y aunque los amigos de ella no habían oído nada de la conversación, pudieron imaginar, que con su ingenio, intentaba apartar a Eliana de los amigos sin que ella lo pudiese notar.

Dina, con el ceño fruncido y a la vez preocupada por Eliana, se acercó a ella por si acaso, Eliana se alejaba de ellos por culpa de Kinor.

-Estamos todos un poco hartos de que ese estúpido tenga que controlar tu vida.-dijo Dina-

-No la controla.

-Pero ¿como que no? Si fue a decirle a Nevin que te deje en paz y segúramente ahora te haya dicho que no pases más tiempo con él, ¿me equivoco?

-Lo hace porque tiene miedo de perderme.

-¡Reacciona, Eliana! Lo hace para que seas solamente suya.

-Creo que estás exagerando un poco, ¿no te parece?

-No quiero que suceda, pero tiene toda la pinta: tarde o temprano te distanciarás de nosotros.

-No os vendería por nada, os lo prometo.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!