Por la tarde, cuando Eden se levantó de la siesta, avisó a sus hijas para irse a la ciudad, y Clara se negó, por el momento no quería pisar Berlín hasta que se calmaran las cosas, aunque cada vez se estaban revolviendo más, Eliana se subió al carro y al llegar allí, la esperaban Dina y Kinor.

Eden se metió hacia la barbería y Eliana se dirigió directamente hacia Kinor controlándose para no darle una bofetada por mentiroso. Cuando Kinor fue a besarla, ella apartó la cara, gesto que al muchacho cabreó.

-¿Cómo estás? Hemos sabido lo que te ocurrió.-dijo él-

-¿Dónde estabas tú cuando eso sucedió?

-Te lo dije, ayudando a mi padre.

-¿Tu manera de ayudar a tu padre es tomar cervezas en el bar con tus amigos?

Dina los miró a ambos y luego se dispuso a irse para dejarlos hablar a solas.

-Yo os espero en la fuente.-dijo Dina-

-Si hubieras estado conmigo, eso no me habría pasado. Eres un mentiroso y no te golpeo porque me das pena y te respeto.

-Atrévete a tocarme, vamos. Además tenía que hacerlo ya que estás últimamente tan pendiente de ese estúpido cartero.

-¿Qué pretendes? ¿Hacerme daño cuando yo ni siquiera he pretendido hacerlo? El cartero es mi amigo como Dina y compañía, te lo dije.

-Habértelo pensado antes.

-Si sigues así, al final esto se acabará.

Eliana fue a darse la vuelta para irse a la fuente y reunirse con sus amigos cuando Kinor la agarra con fuerza del brazo, haciendo daño a su novia.

-Si estás conmigo es para no dejarme, atente a las consecuencias si lo haces, y sé buena.

-Suéltame, me haces daño.

Kinor la soltó.

Después de esa discusión, Eliana empezó a tenerle un poco de temor pero a la vez no podía dejar de quererlo. Supuso que tarde o temprano se encontraría en medio de la espada y la pared. Los amigos de Eliana ya le advirtieron de Kinor y de sus verdaderas intenciones, y Kinor ya quería que dejara de pasar más tiempo con los amigos. Ella siempre tuvo la idea en la cabeza de no abandonar nunca jamás a sus verdaderos amigos por una relación, pero ahora pensaba todo lo contrario, no podía pasar sin Kinor a pesar de haberle hecho daño en el brazo.

Tras soltarla, Kinor fingió estar arrepentido por lo que había hecho y la agarró de la cara con las dos manos mirándola a los ojos mientras que Nevin, desde lo lejos, no se había perdido detalle de aquella pelea al lado de Dina, que no se había ido a la fuente como dijo.

-¿Ves lo que te decía?.-preguntó ella-

-Sí, pero no queda otra que seguir hablando con ella y convencerla de que no nos abandone por él.

-Te duele, ¿verdad?

Nevin la miró y asintió.

-Tenemos que impedir que ese hijo de puta se la lleve.-dijo Dina-

-Está ciega y eso es malo.

-Tú eres el único que puede quitarle esa venda que no le deja ver. No te conozco Nevin pero sé que tú no eres como él. Lo sé por la forma en la que miras a Eliana.

-Haré lo que pueda, y ahora vete a la fuente.

Dina asintió y enseguida se retiró mientras que Nevin seguía observando desde lo lejos.

-Perdóname pequeña, nunca quise herirte.-se disculpó Kinor-

-¿Por qué, Kinor? ¿Qué te hice?

-Me dejé llevar por la rabia, no supe actuar de otra manera que esta, pero te prometo que voy a cambiar.

-Confío en tu palabra.

Tras un abrazo, Nevin, sin que fuese visto por los dos se acercó a ellos y le depositó una nota a Eliana en el bolsillo de su vestido.

-Ah, y otra cosa más.-dijo Kinor-

Eliana buscó su mirada.

-Olvídate de tus amigos, no te convienen.

Eliana se limitó a asentir. Ni siquiera supo por qué o tal vez sí. El miedo de poder perder a Kinor para siempre la atormentaba a cada instante, y haría lo que fuera necesario para permanecer a su lado.

-Del cartero también.-dijo él-

Ambos se agarraron de la mano y caminaron hacia la fuente donde ya estaban sus amigos dispuestos a echar a Kinor del grupo, estaban un poco hartos de que Kinor controlara la vida de Eliana y decidiera por ella en sus cosas. Los amigos de ella estaban de pie, de brazos cruzados sin dejar de mirar a ambos, y con el ceño fruncido, dieron un paso alante.

-Tenemos que hablar chicos...-dijo Kinor-

-Sí, y nosotros también pero si no te importa, creo que vamos a empezar primero.-dijo Abraham-

A Kinor aquel tono no le hizo demasiada gracia.

-Estamos cansados de que elijas por Eliana. Creo que ya tiene edad suficiente para decidir ella sola.

-¿Has acabado?.-preguntó Kinor fríamente-

-Sí, ¿algo que objetar?

-Eliana se queda conmigo. A vosotros no os necesita para nada.

-¿Y tú estarás de acuerdo?.-preguntó Dina a su amiga, que no tenía aliento para contestar-

Eliana simplemente se encogió de hombros.

-Está bien. Has decidido quedarte con él a pesar de que lo negaras miles de veces. Te diré una cosa para cuando abras los ojos siesque los abres: Nos tendrás cuando nos necesites.

Los amigos de Eliana se retiraron, y por los nervios, ella introdujo sus manos en los bolsillos de su vestido encontrando la nota que Nevin le depositó a propósito. Desenvolvió la nota y leyó: "Te espero junto al buzón de siempre, tengo que hablarte.Nevin"

Antes de que Kinor preguntara qué estaba leyendo, arrugó la nota con fuerza tirándola seguidamente al suelo. Llegaron las dos del medio día y Eliana tenía que partir ya a la barbería de su padre. Kinor se dispuso a acompañarla, pero ella quería ir sola, asíque por suerte, Kinor no se opuso a su decisión y cada uno tomó su camino.

Mientras la chica caminaba camino a la barbería, pensaba en si acudiro o no a la cita de Nevin, y entre pensamiento y pensamiento, se encontró con él de frente, que la esperaba junto al buzón. Finalmente dedujo que lo mejor era no ir a la cita, asíque por lo tanto se dispuso a cruzar la carretera para cambiarse de acera y Nevin la ve. Enseguida se da cuenta de que lo está evitando y la llama por su nombre un par de veces seguidas, pero Eliana sigue sin hacer caso y Nevin corre hasta ella poniéndose delante suya.

-¿Ahora te dedicas a evitarme?.-preguntó él-

-No quiero verte más. Me agobio. Sé lo que sientes por mí y me agobia saber que siempre andas detrás.

-Mientes fatal. Recuerda que fui yo quien te ayudó cuando estabas en peligro junto a tu hermana y tú fuiste la que me ayudó cuando tenía problemas con mi padre. Te necesito, y ya no como algo más que un amigo.

-Lo siento, no puedo.

-¿Vas a abandonar a quién de verdad te quiere por él, que no siente nada por ti?

Eliana empezó a llorar, estaba claro que estaba deseando terminar esa conversación.

-Pero le quiero...-dijo Eliana-

-Si él te amase de la misma forma que tú le amas, esto no estaría pasando. Abre los ojos, Kinor no te quiere.

-Pero yo a él sí, y si está conmigo es por algo. Esto se acabó Nevin, no me hables más.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!