Un nuevo año comenzó y Eliana ya tenía sus diecisiete años, un cumpleaños que celebró con su familia, sin Nevin. En la ciudad lo celebró con sus amigos en casa de Dina para que la gente no viera las estrellas cosidas en todas las ropas menos en la de Eliana. La navidad estaba ya a nada de finalizar y Eliana se moría de ganas por pasar un día junto a Nevin donde fuera. Ninguno de los dos tenía noticias de ambos, no sabían que era del uno ni del otro, simplemente se encontraban por las calles e incluso a veces, ni se miraban porque Egbert estaba junto a Eliana o la chica de pelo rubio oscuro junto a Nevin. Una tarde de principios de enero, Eliana caminaba sola por la calle simplemente para pasearse, no había quedado de verse con nadie y de repente se chocó contra alguien. Vio frente sus ojos un uniforme con una esbástica a modo de brazalete. Se comenzó a poner nerviosa y poco a poco empezó a alzar la mirada hasta que se encontró con unos ojos azules que le resultaban familiares. Nevin la miraba con su uniforme, lo que significaba que ya estaba dentro de las Juventudes Hitlerianas.

-Te ves bien...-dijo Nevin para romper el hielo-

-No tanto como tú.

.Tuve que hacerlo, mi padre me obligó. Dicen que pronto entraremos en guerra y tengo que estar preparado.

-Ya veo...Pues suerte con tus clases, seguro que aprendes rápido.

Eliana continuó su paso y Nevin no podía permitir que se fuera, no quería tenerla tan lejos, cada vez la deseaba con más fuerza y ya no sabía qué hacer.

-Todo por un uniforme de mierda...-añadió él-

Eliana se paró, detuvo sus pasos y se dio la vuelta poniéndose frente a él algo enojada.

-Sabes que no es solo el uniforme. Ahora que ya estás dentro y al lado de esos que me odian, tengo más motivos para alejarme de ti. Y si no te odio es porque no puedo, mi amor puede con las ganas de odiarte. La mayoría de la gente que ha entrado en las Juventudes también pensaba como tú y han acabado delatando familiares.

-Yo no haría eso, me conoces. Jamás te delataría. Sí, cierto es que intentan lavar nuestro cerebro, pero yo no escucho, debes creerme, te necesito conmigo, no puedo estar ya más sin ti. Me estoy volviendo loco porque no sé que puedo hacer para tenerte.

Automáticamente, sus labios se fueron acercando y al estar a punto de juntarse, Eliana se apartó y no por falta de ganas, sino porque ahora eran "enemigos".

-No puedo.-dijo ella-

Silencio. Entonces Nevin preso de ansias por besarla, la cogió de la cara y la miró a los ojos.

-Sí puedes.

La besó con ganas. Eliana se resistió al principio, pero ardía en deseos por él y acabó besándole también. Después lo abrazó con fuerza sin soltarlo ni un minuto, estar así, a su lado era lo que más deseaba sin duda. Cuando el besó terminó, ambos ojos de Nevin y Eliana derramaban lágrimas de alegría, emoción y a la vez rabia por todo el tiempo que habían estado separados.

-Déjame estar contigo. Y no tengas miedo, no pienso delatarte por mucho que me digan esos imbéciles. Lo último que quiero es perderte por esto y parecerme a mi padre. Seguiré queriéndote como la primera vez incluso mucho más, te haré feliz cada día y te prometo hacerte sonreír pase lo que pase. Olvida el uniforme, olvida lo que somos...Dediquémonos a que esta llama no se apague. Nada me haría más feliz que estar a tu lado otra vez.-dijo él-

No hubo palabras, Eliana se echó a los brazos de Nevin, lo que significaba que ya estaban juntos de nuevo después de todo lo que había sucedido, por fin volverían a ser felices. Fue una reconciliación inesperada y deseada por parte de los dos. Al fin volvían a estar juntos y esta vez, se prometieron no separarse, estar juntos siempre aunque él estuviera en las Juventudes aprendiendo a ser un buen soldado para cuando estallase la guerra en Alemania. Ahora todas las casas debían tener colgada en la fachada, una esbástica les gustara o no, excepto los judíos, claro, que debían llevar cosida la estrella de David, cosa que Eliana y su hermana no llevaban porque estaban ocultando sus identidades. Depronto, Egbert apreció por allí e interrumpió la escena entre aplausos un tanto enojado por verla otra vez con Nevin.

-Solo espero que hayas tomado la decisión correcta.-dijo Egbert-

-La ha tomado.-contestó Nevin-

-No te estoy hablando a ti, sino a ella. ¿Crees que por ser de las Juventudes ya eres mejor que yo?. Mírate, si ni siquiera piensas como nosotros. Pero lo acabarás haciendo igual que todos.

-Tampoco me interesa parecerme a ti. Creeme, igualarme a ti no me satisfacería.

-Eso dices ahora, pero cuando los profesores te enseñen la realidad me pedirás ayuda y querrás ser como yo.

-Lárgate y haznos un favor.

Egbert sonrió a Nevin con frialdad y luego a Eliana, que besó su mano a modo de despedida y se marchó.

-Será imbécil, ¿qué se piensa? ¿que voy a ser igual? ¡Se equivoca!. Antes muerto.

Eliana lo cogió suavemente de la cara con sus dos manos intentando tranquilizarlo un poco, no valía la pena cabrearse por un loco como Egbert.

-Antes me decías que prefería estar con él que contigo, yo nunca podría estar junto a un hombre que más de una vez ha golpeado a mi padre y que además odia a los judíos. Mi único objetivo fue disimular.-dijo Eliana-

-Y te pedí disculpas, no sabía todo eso.

-Debo volver.

-Esta tarde pasaré a recogerte.

Eliana asintió y cada uno tomó su camino, pero antes, se despidieron con un fuerte abrazo y un beso intensamente intenso lleno de pasión. Nevin al fin llegó a casa contento y feliz porque ya tenía consigo lo que más deseaba tener desde que la perdió. Su madre Marie, lo recibió también feliz de verlo bien, ya que sabía que su hijo lo había pasado mal por temas amorosos. Él sintió la necesidad e hablarlo todo con Marie, de serle sincero y contarle quién era Eliana pra que le aconsejara bien. Sabía que en ella se podía confiar puesto que estaba en contra también de las ideologías del Fhürer. Ambos se sentaron en el salón y allí Nevin la agarró de las manos contándole despacio y con detalle toda la verdad. Le dijo cómo la conoció y por todos los problemas que la chica había soportado. Desde el ex novio que la trataba mal, hasta los problemas familiares incluyendo que Manfred también andaba tras ella. Marie entendió muy bien a su hijo y sintió una fuerte curiosidad por conocer a Eliana, saber cómo era aunque Nevin ya la hubiera descrito unas cien veces.

-¿Y qué te parece si la conozco esta tarde?.-preguntó Marie-

-Si ella gusta sí. Después de lo de padre no le gusta demasiado venir...

-Lo entiendo. En cualquier caso, cuídala mucho, ¿quieres?.

Nevin asintió a su madre y luego le dio un dulce beso en la frente, pero Manfred como siempre interrumpía los momentos tranquilos, y a pesar de que esta vez no iba ebrio, iba como no, enojado con todo el mundo. Marie y Nevin guardaron silencio hasta que pasó de largo y ya ella le deseó suerte con Eliana, que la conservara y la cuidara, y sobre todo que la protegiera de los peligros que había ahí fuera.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!