Ambos comenzaron a reír y ella sin duda se acercó a su boca y le besó en público, llegó Clara parándose en frente de ellos observándoles sonriendo. Al parecer se dio cuenta de que los tortolitos ni habían percibido que estaba esperando, asíque la pequeña para captar sus atenciones, dijo:

-Hola, he llegado hace cosa de un minuto. Podéis seguir, pero ya sabes que padre nos espera.

-¿Cuándo has llegado?.-preguntó Eliana-

-He dicho que hace un minuto, veo que no te has enterado ni me has oído.

-Perdón...

Los tres siguieron en marcha y a mitad del camino, se encontraron con Manfred, esa persona con la que Eliana ni quería, ni esperaba encontrarse...Manfred observaba a su víctima de arriba a bajo con descaro delante de su hijo y de su hermana, que no pudo aguantar las ganas de callarse.

-Deja de mirar así a mi hermana...-dijo Clara-

Eliana puso a Clara detrás suya y Nevin se colocó delante de Eliana para que no la siguiera mirando.

-¿Qué quieres?.-preguntó Nevin-

-Nada, solo quería saludar a estas dos jóvenes.

-Pues a mí desde luego no te acercas...-replicó Clara-

-No se acercará a ninguna.-comentó Nevin-

-Vete a casa, tu madre te reclama para hacer un par de cosas.

-Está bien, tú delante de mí.

Las miradas entre padre e hijo se volvieron a clavar con odio, Manfred continuó su camino primero hacia casa.

-Lo siento.-se disculpó Nevin-

-No importa. Y ahora vete, tu madre te necesita y no quiero ser yo el motivo que te retrase.-dijo Eliana-

Ambos se besaron por última vez y las hermanas continuaron caminando hasta la barbería donde ya estaba Eden esperándolas. Lo primero que hcieron las dos, fue abrazarlo con fuerza, el golpe que Egbert le había dado estaba marcado todavía en la cara, y eso a las chicas también les dolía.

-Lo habéis hecho bien. Estoy orgulloso de vosotras.-dijo Eden abrazándolas-

-No sabes el miedo que he pasado.-dijo Eliana-

-Lo difícil ya lo tenéis. Ahora ese soldado os proteje. Estaréis a salvo.

-¿Por cuánto tiempo?

-Si todo va bien hasta que todo esto acabe.

-¿Acabe? ¿Y cuándo acabará? No ha hecho más que comenzar y la próxima vez me apartarán de ti y de madre.

-No tiene por qué pasar. A ahora a casa, nos espera un buen plato de comida. Y ni una palabra a vuestra madre de lo sucedido, ¿entendido?.

Las chicas asintieron y montaron al coche para ir a casa y llenar los estómagos. Una vez en casa, Eliana contó que en clase, los habían dividido. Los alemanes iban a la fila izquierda y los judíos a la fila derecha, como también contó que la profesora era un poco repelente por la forma de dirigirse a ella y a sus amigos judíos, por la manera de hablar siempre de mal humor y por la forma de comportarse en clase, ya que solo mostraba afecto a los alemanes. Kiva y Eden comentaban sus opiniones, estaban totalmente anonadados, el país cada vez se estaba hundiendo más en la miseria y a los judíos se les trataba con más desprecio y asco. Nadie los necesitaba ni los quería. Nada más acabar de comer, las chicas se subieron cada una a su habitación para hacer los deberes que habían mandado ya en el primer día de clase aunque por suerte no eran muchos, prácticamente unos seis cada una. A las cinco de la tarde ya estaban listas para partir de nuevo a Berlín, donde en la puerta de la barbería bajaron como siempre. Una vez que Eden se metió dentro, Clara tomó su camino mientras Eliana esperaba a Nevin. Dos minutos después, lo recibió con un beso en público y un abrazo fuerte cargado de cariño, más la sonrisa de ambos. Se cogieron de la mano y Nevin la llevó hacia un parque, donde no había nadie en su interior, solo Egbert vigilando la entrada, pero Eliana esta vez no tenía miedo, ya estaba bajo la protección de ese hombre por lo sucedido aquella mañana. Egbert nada más verlos se hizo a un lado para permitirles entrar, y para ser cortés, cuando pasaron por la puerta, el soldado se limitó a saludar solamente a ella.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!