Eliana la agarró un poco más fuerte de la mano, presentía que ya no iba a volverla a ver dentro de pocos días, la pobre se encontraba que no se podía siquiera mover ni tenerse en pie por sí sola.

-Quiero agua...-dijo Eliana-

-Queda tu parte, la he guardado para cuando vinieras.-dijo Jael-

-Yo no la necesito.

Rompió un trozo de su sábana, la que utilizaba cuando dormía, la única que tenía, lo sumergió en el agua poniéndolo después sobre la frente de Clara para que le bajara un poco la fiebre, pero en menos de dos minutos, el trozo de la sábana, algo más parecido a un trapo, ya estaba caliente por ambos extremos y no había agua suficiente para volver a repetir el proceso.

-Tenemos que hacer algo, no podemos, no debo quedarme parada y ver cómo se está muriendo mi hermana ante mis ojos.-dijo Eliana-

-¿Y qué sugieres?. Muchos mueren aquí todos los días y tampoco han podido hacer nada para evitarlo por más que hubieran querido.

-Tu consejo es que yo no haga nada, ¿no Jael?. Prometí que la cuidaría pasara lo que pasara. Ella es la única familia de sangre que me queda aquí dentro. Si la pierdo habré perdido todo.

Clara volvió a llamar a su hermana y Eliana le prestó atención.

-No se puede hacer nada...Es inútil, él ya tenía planeada mi muerte.-dijo Clara-

-¿Qué te hizo cuando yo me fui?.-preguntó Eliana-

-Esperó. Estuvo diez minutos mirando su reloj y de vez en cuando mis ojos para ver si habían cambiado de color como él esperaba, pero no fue así y decidió ponerme una inyección más potente y esa sí me dolió. Volvió a esperar y tras dos minutos, cuando miró de nuevo mis ojos sonrió, me dijo que fuera despidiéndome de mis conocidos porque no me quedaba mucho de vida. Yo pensaba que lo hacía para asustarme, pero ahora me doy cuenta de que hablaba en serio...Su primera inyección era mortal, lo sé, yo hablé con la última chica a la que se la puso y que también murió. Cuando Menguele elije a su víctima es con la intención de no dejarla vivir...Y tú vas a tener suerte, eres más fuerte que yo.

-Vas a sobrevivir, verás.

-No Eliana, para mí la esperanza se ha perdido, yo no quiero que la pierdas, tú estás en mejores condiciones que yo...Así que lucha por ti ahora, prométeme eso y me marcharé feliz.

Ella la miró entre lágrimas y le prometió que no perdería la esperanza ni dejaría de luchar por seguir viva. Esa misma noche, mientras Clara descansaba en el regazo de su hermana, la joven no podía dormir pensando en el tiempo restante que le quedaba a la pequeña de vida, se comenzó a acordar de todo lo que la había ayudado cuando estaba atrapada por Kinor a pesar de tener tan sólo nueve años, recordó el día que juntas se fueron a la feria de Berlín y se subieron a la noria donde ella se sintió tan libre como un pájaro...Y todo eso la hacía mucho más llorar.

-¿Sabes una cosa?.-preguntó Clara-

-¿Qué cosa?.

-Que yo sí creo en las segundas oportunidades a pesar de que el destino no me ha dado el gusto de concedérmela. Sé que tarde o temprano esto se acabará, pero yo no voy a estar para verlo... Quizás las segundas oportunidades sean para quién más las merezca, ¿no crees?.

-¿Y qué has hecho mal para no merecerla?.

Clara pensó.

-Tal vez no haber sido obediente y haberte arrastrado conmigo a este infierno.-siguió la pequeña-

-Ni tú ni yo tenemos la culpa de estar aquí. Y creo que todos merecemos esa segunda oportunidad, excepto la gente que hace daño, como ellos nos lo están haciendo solo por ser judíos. Y ahora descansa, ¿quieres?.

Clara le sonrió e hizo el intento de dormir, y a pesar de su fiebre alta y de no poderse casi apenas mover, consiguió dormir. Al día siguiente de madrugada y como siempre, todo el barracón tenía la obligación de trabajar, todos se pusieron en manos a la obra excepto Clara, que no podía moverse y por esa vez, le perdonaron su día de trabajo. Eliana se pasó toda la mañana y gran parte del medio día cosiendo pijamas y uniformes rotos dejándolos a su vez impecables con su buen lavado a mano, deseando acabar lo antes posible para volver a reunirse con su hermana, la cual seguía durmiendo cuando llegó a su barracón. Con cuidado de no despertarla, le volvió a agarrar las manos haciéndose daño en el brazo todavía no bien curado, pero no le importó demasiado. La cara de la pequeña se había convertido en un color blanquecino, su frente seguía sudando gotas grandes sin parar y de vez en cuando, su cuerpo sufría terribles temblores que aún así, no la despertaban de su dulce sueño, un sueño en el que estaba unida a toda su familia en un mundo sin guerras. Eliana se pasó la mayor parte del tiempo mirándola sin soltar su mano, imaginándose que su hermana debía estar soñando algo bueno como para no despertarse. Llegó Nevin y se acercó a Eliana, observando también el aspecto de Clara, que la vio tremendamente espantosa con ese color tan pálido de cara y esas ojeras moradas tan marcadas... La agarró de la mano y la sintió calurosa y resbaladiza, se notaba que la chica seguía con fiebre.

-Puedo echar una mano y traer paños húmedos sin que me vean.-dijo Nevin-

Eliana asintió y en ese instante, Clara pareció que se despertaba entre leves quejidos de dolor hasta que abrió los ojos...Se habían convertido en opacos, habían cambiado totalmente su color y Clara los movía a una gran velocidad de un lado a otro empezando a ponerse nerviosa, pues su visión había desaparecido.

-No veo... Eliana, ¿qué me pasa?.-preguntó Clara desesperada-

Eliana se acercó a ella muy cerca y le preguntó qué veía, pero Clara contestó que nada, su visión ahora mismo era completamente oscura, sin luz.

-Debieron ser los productos químicos que le inyectó...-dijo Jael-

-¿Eso qué diablos significa?.-preguntó Clara-

-Que posiblemente te hayas quedado ciega...

Clara empezó a llorar descontrolada, suplicando que la mataran, y Eliana no soportaba ver a su hermana de esa manera, se tapó la boca intentando llorar lo menos posible para que la menor no escuchara sus llantos y Nevin la abrazó, como también Jael, algo que a Nevin no le hizo mucha gracia pero lo dejó pasar porque era un amigo más.

-Debo irme, te prometo que haré lo que esté a mi alcance para bajarle esa fiebre.-dijo Nevin-

Ella asintió y se despidieron con un abrazo.

-No te preocupes, se salvará.-dijo como últimas palabras Nevin-

Se marchó y Eliana se sentó al lado de su hermana, que no pudo evitar abrazarla para que no se sintiera sola.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!