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...(continuación)

MACK

Al verme a mí misma en las imágenes hacer esa pregunta, entendí que el recuerdo que de la cocina que yo tenía siempre estuvo alterado y que nunca fue del todo correcto.

Porque yo recordaba haber visto a mi padre hablar con ese "desconocido" desde la cocina, pero, en realidad, mi versión pequeña se había acercado lo suficiente a ellos para oír parte de la conversación.

Es decir que la chica número dos me lo había modificado antes.

Pero continuó ante mí la verdadera escena:

Al escucharme intervenir en la conversación con aquella inocente pregunta, Jael dio unos pasos hacia atrás para que la oscuridad lo hiciera menos reconocible para mí. Después de todo, ya antes habían acordado mantener a sus familias lejos de su amistad.

Pero mi versión pequeña se veía confundida, y en especia, aterrada. Claro que más aterrado quedó Godric cuando procesó que su hija acababa de escuchar que debían "matar". Y luego lo que lo hizo sobresaltarse fue que mis ojitos se fijaron con pasmo en las manchas de sangre que había en su camisa.

Pero la imagen que yo tenía en frente, con esa edad, fue la de que algo espantoso estaba sucediendo.

O peor: que mi padre había hecho algo espantoso.

—Mack, hija, ¿qué haces despierta? ¿Caminas dormida? —reaccionó mi padre.

Con rapidez le entregó la caja a Jael. Luego se acercó a la pequeña Mack, tratando de ocultar todo el nerviosismo y la alteración que estaba sufriendo dentro de su cuerpo y su mente, solo para mostrarse como una figura paterna calmada y así transmitirle lo mismo.

—Tenía hambre —dijo mi versión pequeña, inquieta y asustada. A pesar de que mi padre se agachó frente a mí con una sonrisa, mi infantil y curiosa atención pasó a Jael.

El recuerdo me hizo tener la certeza de que la pequeña Mack no lo había visto antes porque las reuniones con Godric en su laboratorio subterráneo siempre habían sido secretas. Era un desconocido ante sus ojos, y dentro de toda la situación no le inspiró confianza.

Mi padre me cargó (en el recuerdo) como siempre lo había hecho.

—De acuerdo, te daré algo de comer y luego te llevaré a la cama, caminante nocturna —me dijo con voz suave y cómoda.

—¿Quién es él? —preguntó mi versión pequeña aún con los ojos fijos en Jael, mientras Godric me llevaba hacia el interior de la casa.

—¿Recuerdas lo que te dije de saber si estás soñando o no? —Se rio mi padre, siempre con esa actitud de paternidad divertida pero misteriosa.

—¿Estoy soñando? —Dudé en sus brazos.

—Es posible... —mintió Godric.

Como ambos se perdieron hacia el interior de la casa, Jael no pudo escuchar más. Sabía que Godric volvería tras acostar a la niña, por lo que apenas se quedó solo, lo primero que hizo fue soltar una gran bocanada de aire y frotarse la cara.

Miró la caja en sus manos. Las certezas, incluso sobre sus pensamientos, fueron claras para mí:

Él también estaba temblando, pero gracias a la oscuridad, Godric no lo había notado. Jael tampoco había querido que lo notara, porque ser una figura débil no era algo que le gustara.

Y todo este asunto acababa de darle como una flecha debilitadora en el pecho.

Su investigación de años...

S T R A N G E © [Parte 1 y Parte 2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora