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¡Joder, siempre estuvo "aquí"!

Nolan y yo nos echamos hacia atrás en un gesto automático de protección y susto. Alzamos las manos para demostrar que no éramos enemigos, y tal vez lo hicimos así porque eso habíamos visto en las películas, no porque tuviésemos la inteligencia para hacer lo correcto.

Fusiles, cascos, chalecos antibalas, granadas en los cinturones, alturas enormes... Los enemigos eran ellos, no nos quedó ninguna duda.

—¡¿En dónde está el muchacho?! —insistió con fuerza el hombre armado.

Tenía una voz violenta. Detrás de él había unos seis hombres más, todos vestidos igual: con un uniforme negro, muy parecido al de la CIA, pero sin ese logo. En realidad, su ropa no tenía ningún logo, nada que los identificara como policías o agentes, o lo que fueran.

Aunque sospeché que no eran nada de eso, sino los tipos peligrosos que habían estado rondando la casa últimamente. Los mismos que habían entrado aquel día que Ax nos ocultó en la alacena.

Ahora no había alacena, ni mucho menos Ax. Nos veían clarísimo a Nolan y a mí, y nos apuntaban con una firme intención de balearnos con la más mínima excusa.

—¡No sabemos nada! —respondió Nolan, alertado.

Se veía tan asustado como yo, y supe que también debía de tener el corazón a punto de salírsele por la boca.

—¿En dónde esconden al chico? —repitió el hombre, y esa vez lo pronunció con un detenimiento amenazante al mismo tiempo que reafirmaba la posición de la enorme arma.

—¡No está aquí! —grité en respuesta—. ¡Se fue! ¡No sé a dónde, pero se fue anoche o quizás esta mañana!

Nolan giró la cabeza de manera abrupta y me miró con los ojos de par en par y el pecho subiendo y bajando, acelerado, como preguntándome: "¡¿Ax se fue?! ¡¿Y tú no me lo dijiste?!".

Pues no contaba con que aquello iba a pasar tan de repente.

—¡Las manos detrás de la cabeza! —nos exigió el tipo—. ¡Rápido!

Obedecimos, sobresaltados. Tener tantas armas apuntándonos me hizo entender que Nolan y yo no podíamos hacer nada más que hacerles caso para que no nos mataran al instante. Sí, en verdad nos habría servido tener a Ax. En el fondo incluso deseé que apareciera de repente como los chicos heroicos y sexys de los libros, pero también tuve la fea sensación de que eso no sucedería.

El tipo que parecía el cabecilla del grupo de... ¿soldados?, se movió hacia un lado, todavía sin dejar de apuntar, y todos detrás de él despejaron el camino hacia la puerta.

—¡Caminen! —ordenó y señaló con la punta del arma en esa dirección—. ¡Y si hacen algún movimiento extraño, disparen primero al chico!

En lo que soltó esa amenaza hacia Nolan, yo misma empecé a caminar como pedía. Nolan me siguió, y deseé con todas mis fuerzas que también acatara las ordenes sin intentar nada raro que lo pusiera en un peligro mayor.

Pero sí lo intentó mientras caminaba detrás de mí:

—¡Pero es que no sabemos nada! —defendió.

Solo que al tipo no le importó eso. Nos gritó con mucha más fuerza:

—¡¡¡Caminen!!!

Fue espeluznante. No nos quedó de otra que atravesar la entrada del despacho y caminar por el pasillo, en silencio, mientras el grupo de tipos armados nos seguían y nos apuntaban. Me pregunté a dónde nos llevarían. Me pregunté qué haría Eleanor al descubrir que yo no estaba.

S T R A N G E © [Parte 1 y Parte 2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora