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Cosas que se pueden hacer en una cita: comer juntos, besarse, matar...

—¿Tienes que usar eso? —preguntó Nolan de brazos cruzados, medio enojado.

La situación: Dan me había enviado un vestido.

Sí, como en las películas.

Habíamos encontrado la caja en la habitación que Nolan y yo compartíamos, sobre mi cama. La habíamos abierto sin saber qué rayos era y nos habíamos quedado de boca abierta al ver el vestido blanco con tirantes. Ahora que lo habíamos extendido sobre el colchón, no se veía tan largo. Calculaba que debía quedarme por los muslos y bien ceñido en la cintura pero suelto sobre las caderas. Solo podía pensar que era algo bonito, aunque muy inesperado.

Nolan, al parecer, pensaba otras cosas porque siguió refunfuñando mientras lo mirábamos:

—¿Qué cree él que eres? ¿Julia Roberts en Pretty Woman que puede comprarte ropa?

—Creo que solo se dio cuenta de que el único trapito que tengo ahora es el uniforme —hice una teoría.

—Lo que creo es que tiene un fetiche contigo —replicó Nolan, nada contento—. ¿Y de dónde sacó dinero para comprarlo? ¿Y en dónde lo compró si estamos lejos de todo?

Buenas preguntas, pero lo miré, confundida.

—¿Qué pasa contigo últimamente y ese intenso instinto sobreprotector? —le pregunté, en verdad sin comprenderlo—. Tú no eras así antes.

—¡No lo sé! —exclamó él, como si no pudiera encontrar una respuesta clara—. Pero esto no me gusta, así que solo ponte el uniforme, anda.

Podía ponerme el uniforme porque el vestido no me entusiasmaba demasiado, solo que hacerle caso mientras quería mangonearme en exceso nada más serviría para que él quisiera hacerlo más.

—Me voy a poner el vestido y ya —dejé en claro sin derecho a réplicas.

Nolan se llevó las manos a la cara y las mantuvo ahí mientras se movía por la habitación, muy frustrado y dramático.

—Dios, me siento muy incomprendido —casi sollozó—. Dan y tú juntos es lo peor que ha podido pasar.

Prestarle atención a ese drama también iba a servir para que no se detuviera.

—¿En dónde está el bichito? —fue lo que pregunté en un punto más importante.

—¿Si te digo le cancelas a Dan? —intentó sobornarme.

Pareció tener la esperanza de verdad, pero tuve que matarla.

—No —lo desilusioné—. Solo dime.

Su cara de sufrimiento y frustración fue aún más dramática, como si lo estuviera torturando demasiado con mis decisiones respecto a Dan, por lo que presioné con la mirada. Tras un momento se rindió y suspiró:

—Lo puse debajo de la cama.

Me agaché y metí el brazo debajo hasta que encontré una caja. Cuando la saqué, la caja se sacudía de los golpes que esa cosita daba desde el interior, porque la tapa estaba sellada con mucha cinta adhesiva gruesa. Muchísima. Nolan había hecho casi una capa nueva con ella. Se veía un poco desastroso, pero al menos parecía funcionar para que no se escapara.

—Nolan, por Dios... —murmuré mientras sostenía la caja, juzgando su método.

—¡Le hice hoyos! —defendió él—. Además, es como de metal, no creo que respire.

Bueno sí, la tapa tenía algunos agujeros como hechos con un bolígrafo, pero yo tampoco estaba segura de si necesitaba oxígeno. De hecho, no tenía ni idea de dónde podía provenir esa cosa, por qué estaba en la organización o de cómo averiguar qué era en realidad. Había aparecido de repente, como lanzado. Pero, ¿por alguien? Y si no era Mantis, ¿entonces quién? Ni una teoría se me ocurría. La familiaridad de su olor era lo único que evitaba que entregarlo fuera una opción.

S T R A N G E © [Parte 1 y Parte 2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora