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Primer acto: un títere sonriente

Segundo acto: el títere ya no sonríe

Tercer acto: el títere desaparece

¿Cómo se llama la obra?


Lo cierto era que a primera vista, a la fugaz mirada que le echabas, Ax parecía un muchacho bastante común. De hecho, si apartabas esas extrañas actitudes como oler cosas para identificarlas o explotar en repentinos ataques de furia, quedaba un buen material.

Nolan y yo ya estábamos seguros de que como mucho Ax debía tener veinte años, no más. Toda su anatomía nos los decía. Era alto como alguien de esa edad; su contextura era la adecuada para un muchacho que se ejercitaba a veces; su rostro era limpio y considerablemente atractivo; y su porte, su presencia, su mirada, eran imposibles de pasar por alto.

Ax tenía algo llamativo, algo fascinante...

Quizás los ojos de colores distintos; quizás el cabello entre cobrizo y negro; quizás la piel cremosa, plagada de moretones y cicatrices, o quizás era... simplemente él. No lo sabía con exactitud, pero había algo desconocido y al mismo tiempo imponente que predominaba en el sitio en el que se encontrase. Entonces no podías ignorar que estaba allí y resultaba magnético de una manera inquietante.

¿Quién era Ax?

¿De dónde había salido?

¿Qué le había sucedido?

¿Por qué se comportaba como se comportaba?

¿Había hecho algo muy malo o era la victima de alguien?

No lo sabíamos. A esas alturas seguíamos sin saber nada de él, pero comenzamos a enseñarle, a explicarle cómo funcionaban las cosas, cómo se conectaban las palabras, y luego a tratarlo como uno de nosotros, como si formara parte de nuestro trágico y sombrío mundo...

Primero le explicamos lo que representaba una fiesta para una familia como la mía. Le mostramos videos de eventos pasados y la curiosidad reflejada en su rostro fue digna de fotografiar. Luego le dijimos que todas esas «personas» no eran peligrosas, que no hacían daño, y que si explotaba en un arranque de ira solo conseguiría que llamaran a la policía.

Finalmente le dejé en claro que nadie podía saber que él vivía en la casita, porque entonces la policía se lo llevaría.

Estábamos progresando mejor de lo esperado. Ya habían pasado tres días desde que mi madre nos dijo lo de la fiesta. Nolan y yo habíamos trabajado sin mucho descanso para enseñarle a comportarse y a expresarse. Ax pronunciaba las palabras y lograba conectar un par, lo cual era un avance, pero no el resultado definitivo. Todavía tenía ciertos problemillas que buscábamos cómo corregir.

De modo que una tarde mientras repasábamos las oraciones, por fin empezó a llover.

Todo el frío y las noches nubladas que se habían acumulado, estallaron en una lluvia torrencial que golpeaba con violencia los cristales empañados de las ventanas. Incluso adentro se oía el repiqueteo. Incluso adentro se percibía un frío casi invernal. Ese ambiente nostálgico pero acogedor que producía un buen aguacero, flotaba en cada rincón de la silenciosa mansión Cavalier.

Nolan ya se había ido. Ax y yo nos encontrábamos en mi habitación porque Eleanor había viajado a Miami y no regresaría hasta el día siguiente. Por los momentos era más seguro tenerlo allí que en la casita. Durante la tarde hacían limpiezas en el jardín y aparecían organizadores a chequearlo todo. A él le causaron curiosidad el primer día que llegaron, por lo que no podía arriesgarme a que Ax saliera y les diera la cara.

S T R A N G E © [Parte 1 y Parte 2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora