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Resumen: Ax, Vyd y la chica número dos entraron a la prisión de número siete, pero todos estaban muertos. Ax sintió algo malo, controló a Vyd y a la chica para ponerlos a salvo y entró solo al interior de la celda principal en donde las luces se apagaban y prendían de una forma que da miedito. Ax sintió que alguien más fuerte que él estaba en ese lugar y le preguntó: "¿quién eres?" Empezamos a partir de ahí.

El número uno contra... ¿quién?

AX.

Ax no recibió una respuesta.

Recibió un ataque.

Desde esa oscuridad, una figura se lanzó sobre él con intenciones de noquearlo de un golpe, pero sus reflejos fueron rápidos y lo esquivó. Confundido, tuvo que ser el doble de rápido en otro esquive porque esa misma persona también le arrojó una nueva ráfaga de puñetazos.

Un momento, ¿era número siete quien lo atacaba? Porque no estaba entendiendo lo que pasaba.

Con el siguiente golpe que intentó darle, Ax le reconoció. Sí, se trataba de número siete, pero, nueva pregunta: ¿por qué quería golpearlo si, como parte de STRANGE, debía ser capaz de conocer el olor y la energía del número uno?

Para impedir que tuviera éxito porque sus intentos en verdad eran rápidos y potentes, Ax evadió un puñetazo y le dio un golpe en el estómago.

El impulso echó a número siete hacia atrás, así que entre los parpadeos de luz de las bombillas, él pudo ver cómo se enderezaba.

Este individuo de STRANGE era difícil de encajar en un género específico. Quizás ni siquiera lo tenía:

Su piel estaba por completo arrugada, como los dedos que pasan mucho tiempo en el agua, pero a su vez seca. Sus rasgos eran confusos, afilados. No tenía cabello, ni siquiera una ligera capa de crecimiento, y sus extremidades eran delgadas, pero, por supuesto, muy resistentes. Algo que parecía una armadura o un chaleco de acero le cubría desde el torso hasta las piernas. De su espalda, de su propia piel y tal vez sostenidos de los huesos modificados de su columna, salían dos tanques alargados y adecuados para que formaran parte de su anatomía.

Otra pregunta en la mente de Ax: ¿número siete era la fuerza tan poderosa que había sentido en el interior de esa celda?

Volvió a atacarlo con rabia. Ax evitó el golpe, desconcertado. La rapidez de sus manos era impresionante, eso gracias a la flexibilidad de sus habilidades, como las aguas que fluyen sin control y con potencia.

Número siete podía cargar con la presión de una inundación, pero no había agua que pudiera manipular. No la había recibido en muchísimo tiempo en esa prisión, por esa razón su piel estaba tan deshidratada.

Y si lo estaba, ¿de dónde sacaba la fuerza con la que intentaba derrumbarlo? Porque una energía poderosa fluía de su cuerpo, más que la del propio Ax. Tampoco se había convertido en un fallo, de eso estaba seguro, por lo que esa no era la causa.

Ax estaba tan confundido por la falta de sentido de la situación que, en uno de los golpes, su esquive no fue tan veloz y debido a un puñetazo en el pecho fue impulsado hacia atrás. Su espalda desnuda impactó contra el cristal de la celda de una forma tan potente que, a pesar de que estaba diseñado para que no se rompiera, se resquebrajó.

Demonios, en verdad quería matarlo.

Ax consideró sus opciones:

Atacar era lo más fácil, pero no podía dañar a número siete porque eso significaba dañarse a sí mismo y quitarse más energía.

S T R A N G E © [Parte 1 y Parte 2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora