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MACK.

Hay algo que no quieren que veamos...


Estaba en una celda.

Llevaba un día allí.

Ni siquiera me habían explicado por qué.

No sabía en dónde estaba Nolan. Ni Ax. Ni cómo estaba Dan. Ni nadie. Hacía frío. Todavía llevaba puesto el vestido y me habían apretado demasiado fuerte para que dejara de patalear al tratar de encerrarme.

Una puerta se abrió al fondo del pasillo. Varios pasos. No vi a las personas que venían hasta que se detuvieron frente al cristal que me separaba de la libertad: Teodorus, el padre de Nolan; y Gesher, el entrenador y soldado que no me agradaba para nada con su pose de manos juntas adelante, piernas medio separadas y barbilla alzada con superioridad.

—¿Por qué estoy aquí? —les pregunté de inmediato, enfadada.

—Ni Ax ni Vyd están por ninguna parte —respondió Teodorus con su voz calmada—. La organización no entiende qué está pasando y consideran que... bueno, no estás trabajando con nosotros.

—¿Y me tienen que encerrar sin preguntarme si eso es cierto o no? —repliqué, ceñuda.

—Te preguntaron a dónde fue Ax y no dijiste nada —dijo Gesher esa vez, frío, serio, severo—. Si te lo pregunto de nuevo, ¿vas a responder?

Claro que no, imbécil, pensé.

Me quedé callada por casi un minuto.

—Ahí tienes tu propia respuesta a por qué estás encerrada —dijo él.

—Creí que eran buenas personas —fue lo que solté. Mi mano estaba apretada en un puño tenso.

—Hubo un muerto —reveló Gesher—. El techo cayó sobre él cuando todo estaba descontrolado por la energía de Ax. Los guardias están alterados y enojados. Hicieron un reclamo. No te quieren fuera.

El caos en la organización, las luces parpadeando, el suelo temblando, todo cayendo, la cita desastrosa con Dan, Ax apareciendo para ahorcarlo, luego su ataque en la habitación... Recordaba todo y a pesar de que Ax me había hecho entender por qué sus emociones se habían desatado así, no podía evitar sentirme algo culpable porque no había advertido que podía ponerlo peor.

Intentar atraerlo solo había terminado en una tragedia...

Por un instante extrañé los momentos en casa, en la casita de la piscina, enseñándole cómo hablar. En cierto modo, estábamos en paz.

También extrañé a mi madre. Ahora que no estaba, comenzaba a entender el valor. Después de todo, solo tenía dieciocho años. Había cometido un error de adolescente por mis sentimientos hacia Ax y veía lo horrible de las consecuencias. Un consejo me habría servido tanto para entender lo que en realidad debí haber hecho...

Estaba tan arrepentida y preocupada.

—Él no controla eso —intenté explicar, acercándome al cristal, ahora afligida—. No controla su poder si no entiende sus emociones. Está frustrado y enojado porque las cosas no van bien, entonces su energía...

—¿Qué es lo que no va bien? —me interrumpió Gesher, inteligente.

Me di cuenta de mi error y me puse nerviosa.

¡¿Qué estaba pasando conmigo?!

¡¿En dónde estaba mi capacidad para desviar e inventar algo convincente?! Me sentía tan vulnerable y asustada...

S T R A N G E © [Parte 1 y Parte 2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora