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El chico raro es atractivo,

¿Pero y si sus secretos son horribles?


—¡Vas a morir, Ax, porque yo mismo te voy a matar!

El amenazante grito salió de Nolan, que estaba parado frente a la puerta de la habitación de la casita de la piscina, golpeando la madera a puño cerrado en un intenso nivel de furia. Gracias al cielo Eleanor había salido a ocuparse de algunos asuntos, porque probablemente su escandalo se había escuchado hasta en los garajes.

Yo me encontraba sentada en uno de los sofás de la salita con la barbilla apoyada en la mano, mirando la escena. Nolan sostenía un traje de gala cubierto por una bolsa protectora y lo que quería era entrar a la habitación, pero estaba cerrada desde el otro lado.

—¡Es un puto traje, no una jaula de hierro caliente! —volvió a gritar Nolan, tan alterado que se le marcaban algunas venas en el cuello—. ¡Sal ya mismo o te juro que tumbo la puerta y te lo pongo a la fuerza! ¡Y mira que no me va a importar cuantos pizarrones me lances!

Suspiré. Llevaban así un par de horas. Nolan había llegado muy animado con el traje que había rentado para que Ax usara en la fiesta. En cuanto Ax vio las tres piezas, altern­ó la mirada entre Nolan y yo, desconcertado. Nolan había sacado la chaqueta y se le había acercado para probársela. Entonces Ax había retrocedido, Nolan avanzado, Ax rodeó los sofás, Nolan lo persiguió, Ax empezó a esquivarlo, Nolan comenzó a seguirlo más rápido y... Ax terminó encerrado en la habitación, negado a ponerse "eso".

Nolan golpeó varias veces más con bastante fuerza. La puerta se sacudió con estrépito. Aguardó un momento por si Ax entraba en razón y finalmente decidía abrir, pero en lo que no sucedió nada se giró hacia mí, furioso.

—Ya está, ve a buscar la llave —me exigió.

Se lo dije en un tono monótono:

—Si entras así se va a enojar y luego te vas a enojar tú y van a terminar enojados los dos y hoy es el peor día para pelear porque Eleanor estará pendiente de todo, más de Ax.

—No me importa —refutó Nolan junto a una mueca de enojo.

Volvió a golpear la puerta con el lateral del puño. Cuando se cansó pegó la oreja y la mejilla a la madera para escuchar durante un momento. Resopló con hastío.

—¿Qué demonios tiene en contra de la ropa? —se quejó, todavía pegado allí.

—Quizás solo no le gusta porque no lo tenían acostumbrado a vestirse —respondí con simpleza—. A lo mejor le dijeron que una camisa también lo mataría. No lo sé, de verdad metieron muchas cosas en su mente.

Como si eso le hubiera recordado algo importante, Nolan se apartó unos pasos de la puerta, dejó el traje sobre la primera superficie que vio cerca y luego apretó los labios y se frotó los ojos con dos dedos. Respiró hondo como si intentara reunir paciencia y calma.

—Bien —exhaló—. Bien. Está traumado, está traumado.

No era que Nolan fuera un insensible. En realidad le tenía muy poca paciencia a todo. Había sido así desde siempre. En la primaria solía colorear con tanta efusividad que terminaba pintando fuera de la línea y se enojaba mucho por eso. Ahora era lógico que con Ax siendo tan terco e impulsivo, salía lo peor del Nolan con tolerancia cero.

Decidí intervenir. Me levanté de la silla y fui hasta la puerta. Di algunos toques suaves antes de hablar:

—Ax, recuerda lo que hablamos de la fiesta —le dije—. Si mi madre detecta algo raro, van a sacarte de aquí. No puedes ir solo en jean y sin camisa, la gente no lo entendería.

S T R A N G E © [Parte 1 y Parte 2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora