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Los 12 de STRANGE

—Paul no me contesta las llamadas ni los mensajes —se quejó Eleanor por sexta vez.

Al oírla, cerré el refrigerador sin medir mi fuerza y tuve incluso que apretar los labios para no soltar una grosería, porque en verdad ya estaba harta de escuchar eso.

Ella ya estaba vestida con su mejor falda de tubo, lista para irse a trabajar y no fastidiar en todo el día, pero por desgracia se había detenido en la cocina a tomar café y a reventar el teléfono del rector Paul a llamadas. Y no era que me tomara a juego el asunto, porque todavía me perturbaba recordarlo mordisqueado, pero en ese instante solo sentía unas intensas ganas de decirle: "el tipo está muerto, ya deja en paz su presencia".

Sí, andaba de mal humor porq1ue solo eran las jodidas seis treinta de la mañana y yo estaba despierta. No había dormido nada. Recordar el cadáver de Tanya, todas las muertes que se habían sumado a este jodido misterio y la discusión con Ax me había llenado la cabeza de caos, preguntas, pensamientos molestos e insomnio.

En resumen: había pasado las horas preguntándome si él en verdad se había ido, si alguien más moriría, si podríamos detener a la sombra y si en algún momento todo esto no se pondría todavía más peligroso. ¿Qué íbamos a hacer solo Nolan y yo en ese caso? A veces era un idiota, pero tenía razón: no teníamos habilidades más que para aumentar el número de cadáveres.

—Ni modo —suspiró Eleanor, guardando el celular en su cartera—. Haré otras llamadas, conozco más gente. No es la única universidad que enseña arquitectura, hay más y...

La paciencia se me acabó y lo solté con fuerza y decisión:

—¡No pienso ir a estudiar nada de lo que estás planeando!

Eleanor no dijo nada al instante. Me quedó mirando con los ojos —enmarcados por las pestañas llenas de rímel— grandes y atónitos. Sabía que estaba sorprendida porque yo nunca le había gritado así en toda mi vida, pero una oleada caliente, impulsiva y firme me había llevado a hacerlo de una vez por todas.

Había pasado la noche pensando seriamente en muchas cosas sobre mi vida, y ya había decidido algo importante:

Basta de la estúpida Mack que no decía nada para no causar discusiones porque no tenía los ánimos para defenderse.

Basta de la estúpida Mack que permitía que la movieran de un lado a otro como un muñeco porque estaba muy sumida en sus aflicciones como para moverse ella misma.

Y sobre todo basta de la estúpida Mack que ayudaba y se preocupaba, pero que luego solo recibía malos tratos.

Simplemente: basta.

Antes de que ella pudiera decir algo, lo agregué yo:

—No voy a vivir la vida que tú quieres que viva —le dejé en claro.

La cocina de estilo moderno quedó en silencio durante unos segundos. Ambas permanecimos cara a cara, cada una a cada extremo de la isla. Esperé una ola de gritos inminentes, pero Eleanor enarcó una ceja, desafiante ante mis palabras.

—¿Ah, sí? —replicó junto a un resoplido—. ¿Y cuál vida, según tú, piensas vivir?

Mantuve el rostro firme con toda la intención de verme adulta e imposible de pisotear o mangonear, justo como una chica totalmente capaz de tomar las riendas de mi vida (a pesar de que justo ahora mi vida era un exasperante y loco caos).

S T R A N G E © [Parte 1 y Parte 2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora