Una llovizna caía, mojando su cabello y un viejo jersey que había sacado de alguno de los cajones, gris y con algún agujero en la parte baja, una mancha de pintura blanca en el pecho. Pero le gustaba, porque podía resguardar las manos en las mangas por lo grande que le quedaba, y olía a pino por el tiempo que debía de llevar guardada ahí.
La hacía sentir real, al igual que las vistas.
Bradford era un lugar gris, pero había algo confortante en aquella ciudad. En las chimeneas industriales y las líneas de casas obreras formando calles irregulares y consumidas por el tiempo. Lo podía apreciar todo desde ahí, sentada en una de las ramas más altas de la copa de una haya. Uno de los cuantos árboles que se podían apreciar en el jardín de la familia Malik.
Quizás lo reconfortante fuese que Zayn parecía animarse siempre que venía a visitar, lo libre que parecía estar aquí por la falta de periodistas de cotilleo, la gran familiaridad con la gente. O a lo mejor porque estar con su familia le recordaba a sus raíces, a lo que fue su hogar.
Sin duda había algunas facetas que echaba de menos en ella. Pero si alguien le preguntase de volver atrás en el tiempo y poder escoger una opción en la que se pudiese quedar en Pakistán, no cambiaría ninguna de sus decisiones.
Suspiró, cansada. La noche anterior no había dormido mucho porque Zayn había tenido una pesadilla y gritó en medio de la noche, despertándola a pesar de no estar en la misma habitación. Era bueno que se estuviesen quedando en la vieja casa -la cual nunca había visitado con anterioridad- y no con el resto de su familia. Pero le pidió que se quedase con él, y eso hizo. Pero no pudo volver a pegar ojo. Tanto por su preocupación como por el fuerte agarre en su cintura.
Si en ese momento se hubiese fijado, se habría dado cuenta de que el susodicho ya no se encontraba en el salón leyendo con su hermana menor, los cuales podría ver por la ventana. Ni se percató que Trisha, junto con sus tres hijas, habían salido por el portal y desaparecido a la vuelta de la esquina. Ni se dio cuenta del muchacho intentando de mala manera escalar las primeras ramas. Porque estaba demasiado ensimismada observando cómo el humo de las chimeneas se entremezclaban con las nubes hasta hacerse una masa de color homogénea.
Tan solo lo notó cuando una de las ramas se sacudió fuertemente, causando el reconocible sonido de las hojas agitarse, chocando las unas con las otras. Tenía el rostro un poco pálido, tres metros más abajo de donde ella se encontraba.
—¿Me vas hacer subir hasta ahí arriba?— Dijo con voz tensa— no creo que sea bueno para mi vértigo.
La chica rió, inclinándose para poder ver mejor.
— No te he pedido que subieras en primer lugar.
— No hagas eso— suplicó, refiriéndose a su peligrosa postura. Hizo lo que pidió sólo para reconfortarlo. Tan solo estaba a dos metros de altura y el pobre chico ya temblaba, asegurándose de que su agarre contra el tronco fuese fuerte. Una vez encontró que estaba sentado de una manera más que menos reconfortante, volvió a mirar hacia arriba.— Te llamé un par de veces, pero estabas pensando en las musarañas.
— Perdona— se disculpó al mismo tiempo que ponía el pié contra la corteza, bajando con tanta facilidad que por un momento a Zayn le recordó a un felino. Procedió hasta dar con la rama más aproximada al chico.
Se encontró con que había aterrizado más cerca de él de lo esperado; su rostro a apenas un par de centímetros. Podía ver las diminutas gotas acumularse en sus espesas pestañas, aparentando que hubiese pequeñas esferas de cristal descansando sobre éstas, al igual que el resto de su piel. Apostaba que ella no se vería tan bien, dado que llevaba más tiempo bajo la lluvia. Su cabello -más encrespado de lo normal gracias a la humedad- estaba impregnado en un pesado rocío. Además, se había puesto una capa de mascara que a esas alturas debía de haber manchado sus párpados.
— Hey— musitó, sin poder apartar la vista de sus hipnóticos ojos acaramelados, marrones, con un par de rasgos verdosos, un pequeño lunar en el iris derecho, brillantes, almendrados... Todo aquello en tan solo un par de iris.
— Hey— contestó con una pequeña sonrisa, igual de hipnotizado.— ¿Qué hacías ahí arriba?— Preguntó tras medio minuto en silencio, prácticamente teniendo una mirada conversacional.
—Tomar el aire, pensar— se encogió de hombros— nada importante.
— ¿No crees que es un día demasiado húmedo para estar aquí?
La muchacha se encogió de hombros. Puso ambas piernas a un lado, quedando de frente a Zayn.
— Sabes que me gustan este tipo de días. Son relajantes.
El castaño asintió, pensativo. Como no se atrevía a mirar lo que había bajo sus pies, alzó la mirada, donde podía ver la silueta de las ramas desnudas contra el gris.
—¿Cómo te encuentras hoy?
No había hablado con él desde que llegó de su quinta sesión con el psicólogo mas temprano aquella mañana. Fue una de las razones por las que quería venir aquí. Además de estar con su familia -quienes los habían acogido con brazos abiertos y un montón de comida en la mesa-, quiso recurrir a un psicólogo al que había recurrido un par de veces a lo largo de su juventud, y con el que había establecido cierta confianza. Comenzar de cero con un completo desconocido no era algo que esperase con gran anticipación, así que aquella era su mejor alternativa.
Suspiró con cansancio. Jugando con uno de los anillos que adornaban sus largos dedos, pensó en cómo se encontraba hoy, porque ni él lo sabía muy bien. Cierto es que se sintió mucho mejor una vez había escapado de aquel estresante estilo de vida, aunque fuese solo por un tiempo limitado. Tan solo este sentimiento de libertad había causado que el monstruo se hubiese debilitado a la mitad. Pero seguía luchando, y Zayn estaba batallando con uñas y dientes contra él.
— Bien, supongo— se encogió de hombros.— Dr. Ronson me ha recetado unas pastillas.
— ¿Las tomarás?— Preguntó esperanzada. Sabía que los antidepresivos eran muy efectivos, y que a pesar de sus efectos secundarios, era lo que más ayudaba a superar la enfermedad, junto con terapia.
— Ya empecé— hizo una pausa.— Hace una hora.
— ¿Y cómo te sientes?
El chico sonrió un poco, mirándola por el rabillo del ojo.
— No lo se, Shaz. No creo que funcione igual que una aspirina.
— Oh.
Reía por lo bajinis, divertido. Aquello a Shazia le pareció enternecedor. Le pellizcó la mejilla, echándole la lengua por reírse de ella.
—¿Podemos bajar ya?—Preguntó, acordándose de algo.
— Cuando quieras.
— Me gustaría enseñarte la ciudad. Las pasadas navidades no tuvimos mucho tiempo.
— ¿Crees que es buena idea? Ya sabes, con toda la prensa y la gente volviéndose loca con todo este asunto...
—Apenas habrá gente a donde quiero llevarte.
***
Tras cambiarse por unas prendas más permeables, la llevó a un descampado. El lugar semejaba haber sido un proyecto en construcción hace muchos años, pero que nunca se llevó a cabo. La única evidencia eran piezas de cemento prefabricadas cubiertas en hierba y tierra por el paso del tiempo. La única señal de que gente había estado ahí eran las paredes de cemento cubiertas en distintos tipos y estilos de graffitis.
Fue simple, Zayn le contó que ahí era donde más tiempo pasaba con sus amigos. Bebiendo cerveza, cubriendo gris con aerosoles. Aquel había sido el primer lugar al que fue tras que lo expulsasen del instituto, cuando no se atrevió a volver a casa y enfrentar a sus padres se había escondido tras aquellos bloques del fondo por tres horas antes de tomar el suficiente coraje de sobrevivir cualquier castigo que le fuesen a poner.
Luego desafió a que diese con todos los graffitis que fuesen suyos. Para ser sincera, aquello no le resultó muy difícil. Primero porque conocía su estilo. Segundo porque bajo todas sus obras había un "ZM" a su vera en rojo chillón.
Tras ello tomó su mano y la llevó a un parque cercano, donde pasaban el resto del tiempo que no estaban en el descampado o en casa jugando a los vídeo juegos. Un lugar corriente, pequeño, con muchos bancos que necesitaban volver a ser pintados y ardillas correteando. Le dieron un par de galletas que Shazia había llevado consigo, y el animal inmediatamente saltó sobre su pierna. Lo que causó que gritase del susto, el animal saliese corriendo con la galleta en la boca y Zayn soltase una carcajada en el momento que la chica dio un traspiés.
Fue divertido, pensó. Y emocionante, volver a pasar tiempo a solas con él ahora que sonreía un poco más. Se alegraba de ser testimonio de su mejora y poder estar a su lado para apoyarlo en todo lo que necesitase.
Luego de aquella aventura entraron a un local al azar a comer algo y resguardarse de la luvia que solo empeoraba minuto tras minuto. Zayn tenía pensado llevarla a un lugar más tras ello, pero la lluvia se había vuelto en tormenta, viéndose obligados a llamar a un taxi de vuelta a casa. La vieja casa.
— ¿No quieres ir a cenar con el resto?— Preguntó, porque era lo que habían echo desde que llegaron.
Pero el chico negó, alegando que hoy le apetecía tranquilidad.
— Pero no hay nada que pueda cocinar.
— Hay algo llamado pedido a domicilio, ¿o ya te has olvidado de eso?— Se burló al mismo tiempo que insertaba la llave en la cerradura.
Rodó los ojos, pero se sintió un poco tonta por no pensar en aquello. Entró tras él, colgaron los impermeables en el perchero, y se adentraron en el salón. El lugar estaba bastante vacío en comparación a lo que se imaginaba que aquel pequeño hogar debía de ser con seis personas viviendo en él, pero seguía habiendo cierta personalidad en ella.
— Hey, Shaz.
Antes de que pudiese contestar, ya la había abrazado por la cintura y pegado los labios a los suyos, acogiéndola en un cálido beso. Tan pronto salió de la sorpresa inicial le devolvió el gesto, entrelazando las manos tras su cuello. Su aliento era cálido en comparación al resto de su piel. Le sorprendió porque Zayn no estaba especialmente cariñoso con todo lo que le había pasado, -algo completamente comprensible-, y no iba a quejarse lo más mínimo.
— ¿A qué vino eso?— Preguntó tras separarse.
El chico tenía esa pequeña sonrisa asomando en la comisura de sus labios, y sus mejillas estaban tan rosadas como la punta de su nariz.
— A nada. ¿Quieres ver una peli?
— No sé, ¿quieres tú?— Alzó una ceja, aún con los pulgares masajeando su cuello en pequeños círculos. Volvió a robarle otro beso.
— Me encantaría.
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He conseguido actualizar una vez más antes de marchar!! El caso es que ahora marcho en serio, salimos como en, 6 horas. (Quien se atreva a decir que no me esfuerzo en esto no se merece un lugar en esta fic).
¿Agradecedme con votos (200 (me siento obligada a pedirlos porque si no hay una diferencia como de 80 -.-)) y comentarios? ¿Por favor? Lo agradecería mucho <3