-LLAMADAS-

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Al abrir los ojos por la mañana Rosael se estiró y recordando que había un hombre al que apenas conocía en su sala se paró brincando, se bañó y se cambió, una vez lista salió y lo miró en su cocina

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Al abrir los ojos por la mañana Rosael se estiró y recordando que había un hombre al que apenas conocía en su sala se paró brincando, se bañó y se cambió, una vez lista salió y lo miró en su cocina.

— ¡Buenos y grises días! Estoy preparando la especialidad de mi madre, huevos rancheros, eran mis favoritos cuando era niño así que los sé hacer a la perfección, ¿Qué tal la noche después del susto?

—Con algunos sueños un tanto extraños... nada del otro mundo.

—Iba a comentarte que creo que sería mejor que salieras del pueblo por los tres días, es lo mejor, me encantaría cuidarte créeme pero tengo unos asuntos que tratar, no sé tal vez podrías visitar a tu abuela o yo que sé.—Rosael levantó la mirada observándolo, era como si todo encajara con su sueño loco de caperucita.

—Mi abuela viaja todo el tiempo, el verla sería un milagro, además no es una persona muy... amorosa.

—Algún primo... hermano, no sé, pero sal del pueblo linda, en estos momentos Catriel es débil a sus impulsos. — Y justo como caída del cielo una llamada entró al celular de Rosael.

—Aquí Rosael...

—Hola mamacita... ¿a qué hora sales por el pan? —preguntó una voz aguda y Rosael soltó una carcajada.

—Hola Regina, aquí el pan llega solo, y no creo salir.

—En fin, las chicas y yo... y cuando digo "las chicas" me refiero a tus hermanas y todas tus cuñadas, estamos planeando el viaje pijamada... ya toca. —Rosael soltó un largo suspiro y sonrió, "El viaje pijamada" era un viaje que hacían dos veces al año todas las chicas Krentz, atender a hombres y miniños no era nada fácil y así se distraían haciendo lo que toda chica hacía en una pijamada, diversión con el gen minino.

— ¡Es perfecto! ¿Para cuándo lo han planeado?

—Para mañana temprano, así que nos reuniremos en mi casa hoy para irnos temprano, ¿crees poder llegar? Kilian nos consiguió una camioneta preciosa donde cabemos todas así que por la comodidad no te preocupes.

—Si por supuesto, haré mi maleta y te veré esta tarde en tu casa, gracias por esto Regina, en verdad necesitaba salir de aquí antes de volverme loca.

—No te preocupes, esta vez me toca a mí manejar, y además encontré un lugar perfecto; créeme será una verdadera noche de chicas, entonces, te veré después... mamacita... — Volvió a hacer su tono de voz gracioso y mientras Rosael sonreía colgó.

—Listo, ya tengo a donde huir estos tres días, solo espero que el hombre lobo no me siga.

—No te preocupes, yo me encargo de eso, procura alejarte lo más que puedas, si no comes tus huevos rancheros lo haré yo... —Rosael volvió la mirada a su plato y comenzó a disfrutarlo, en verdad sabían deliciosos, aunque la situación no era tan mala le proporcionaba estrés; se sentía contrariada, extrañaba a Catriel, al que había conocido ese día donde se confesaron todo, quería verlo y era imposible, solo por varios días, era como si le quitaran la droga a un adicto... él era su metanfetamina.

Engatozada: Rosael¡Lee esta historia GRATIS!