-MAGIA ANCESTRAL-

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Rosael intentó controlarse para no salir corriendo, era como estar en una de esas películas de terror y esta vez ella tendría que defenderse

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Rosael intentó controlarse para no salir corriendo, era como estar en una de esas películas de terror y esta vez ella tendría que defenderse.

— ¿No es esto demasiado Inés?—Le gritó Regina e Inés no las miró concentrada en las acciones de Rosael.

— ¡Es este licántropo de magia o uno real se la come si no sabe cómo defenderse!— respondió. —Bueno, si no hace algo este también podría comérsela... ¡Hazlo ya Rosael! ¡Él no es Catriel!— Escuchó Rosael el lejano grito de Inés e intentó mantener la calma, aunque parecía que por fuera pensaba sobre el hechizo que debía hacer; no era sí, sus ojos se abrieron y un miedo terrible corrió por sus venas, era demasiado imponente y enorme, ¿Cómo podría ver a Catriel con amor después de esta prueba? ¿Y si en realidad se transformaba de esa manera delante de ella? Ahora veía que esa relación en verdad no era un juego, ¡estaba enamorada de un maldito hombre lobo! Tal vez habría muchísimas consecuencias... no era ningún chiste eso de que podría matarla sin querer, pero de nuevo cuando su cerebro pensaba las cosas más lógicas su corazón la hacía recordar esa tarde abrazados en el sofá compartiendo sus cosas en común. <<Sin duda vale la pena luchar con su lado salvaje para tener su lado humano>>, pensó y agitó sus manos preparándose para lanzar el conjuro.

Gritó creando un enorme rayo de luz, uno tan grande que cegó a todas las presentes, Inés quien estaba al pendiente de que su hombre lobo no matara a Rosael intentó  ver con mucho esfuerzo, cuando sus ojos se aclararon se sorprendió al notar que él...

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Gritó creando un enorme rayo de luz, uno tan grande que cegó a todas las presentes, Inés quien estaba al pendiente de que su hombre lobo no matara a Rosael intentó ver con mucho esfuerzo, cuando sus ojos se aclararon se sorprendió al notar que él ya estaba dentro de la jaula, y no solo eso... ahora el licántropo era un hombre desnudo tirado dentro de la jaula temblando de frío, Inés de inmediato se acercó intentando recapitular.

— ¿Pero quién es el sujeto?— preguntó Victory acercándose a la jaula e Inés de inmediato respondió.

—No es nadie, es solo una creación mía, cree a un hombre lobo y Rosael lo volvió... humano— Inés se concentró y deshizo al humano en mil partículas de magia que regresaron por sus manos, todo esto sin dejar de mirar maravillada a Rosael. — ¿Te das cuenta Rosael? ¡Tú posees genes mágicos directos de Bastet!

— ¿yo?

—Sí, tu; eres la mayor de tus hermanas... recibiste los primeros genes siendo la primera mujer en tu familia, según las leyendas antiguas de la magia cuentan que el primogénito o primogénita se lleva un poco de los dones de la bruja ancestral, un licántropo tiene niveles de magia oscura muy elevados para tener el vínculo que lo une con la luna llena, nadie puede romper esa maldición que los acongoja, los hombres lobo buscan a alguien que rompa eso, el dolor de la transformación, es casi imposible, a menos que lo hagamos Dorian o yo, pero tu hiciste una jaula y tu magia lo purificó a tal grado de calmar su lado salvaje, lo regresaste a su forma humana.

— ¿Podría hacer lo mismo con Catriel?— preguntó casi al instante y esta vez Doreen le respondió.

—Podría funcionar pero aun no conoces tu magia por completo, podrías hasta pasarte y matarlo, esto fue un golpe de suerte, claro que puedes practicarlo, es arriesgado pero sí.

Cuando el día terminó y empacaron todo para volver cada una a sus casas Rosael volvió a la casa de Kilian por su automóvil, su actitud había cambiado, era un sentimiento extraño, cuando por lo regular se maquillaba ahora no quería... ganas le faltaban, se sentía confundida y un poco aterrada por volver a encontrarse con su guapo licántropo, ya en su auto bajó la cubierta y disfrutó del viento haciéndolo convertible, sabía que aún faltaba una noche de luna llena para Catriel, ¡Una más! Pero ella por algún motivo ya no tenía ganas de ver a sus hermanos, quería estar sola y pensar, ya se había cansado de huir, pero otra parte de ella quería llegar y esconderse debajo de su cama, era más que obvio que él la buscaría.

Mientras conducía por la carretera pasó por el puente donde estuvo a punto de lanzarse, sin pararse recordó aquella vez que él cambió su vida, la sacó del lodo y la bañó, hizo que ella creyera de nuevo en el amor y a pesar de su edad, era algo milagroso. Al estacionar su auto sacó su maleta y entró a su casa cerrando la puerta lo más rápido que pudo, cerró las cortinas y apagando la luz tomó la capa que  Inés le había regalado, era mejor que él pensara que aún no había llegado, y si esa capa cubría el rastro como Inés lo hacía la usaría, por minutos antes de ponérsela la miró en sus manos, respiró hondo y se la puso, la ató por su cuello y se sentó a un costado de su cama a nivel del suelo, abrazó sus rodillas y balanceándose cerró los ojos intentando pensar cual sería su siguiente paso.

Sin darse cuenta se quedó dormida ahí en el suelo, entonces alguien tocó su puerta tan fuerte que le hizo pegar un brinco, un poco espantada y aun escabulléndose avanzó hasta la sala, si era Catriel aún no se sentía segura para verlo... ¡necesitaba más tiempo! Sí lo quería pero quería pensar más el cómo sobre llevar una relación tan complicada como la suya, asomó un ojo por el muro que separaba su habitación de su pequeña sala y miró la puerta como si esa fuese a comérsela.

— ¡Rosael abre la puerta cariño!— Lo escuchó y de repente comenzó a respirar más rápido de lo normal, ¡se estaba hiperventilando! A gatas llegó a su cocina y tomó una bolsa para respirar en ella.

— ¡No estoy! — gritó y se dio cuenta del estúpido error que acababa de cometer, se dio un golpe en la frente con la palma de la mano enfadada con ella misma y miró de lejos. — ¡Quiero decir... que aún falta una luna llena, no debes estar aquí!

— ¡Cariño necesito hablar contigo urgente... es sobre lo que Máximo te haya dicho sobre el hechicero maestro! ¡Rosael! ¡Abre la puerta ahora!—Catriel no notó lo desesperadas e incesantes que resultaban sus palabras y solo logró espantarla más. —Estoy bien te lo prometo... solo hablemos mi amor, te necesito, en verdad necesito tu ayuda... solo... abre...

— ¿y si no abro que harás? ¿Soplaras tan fuerte hasta tirar la puerta?— Dijo de nuevo sin pensar antes y su comentario fue muy adecuado para la situación, pero Catriel no pudo aguantar la risa y comenzó a carcajearse sin parar, lo cual hizo que Rosael lo observara por el cristal y se maravillara al verlo tan guapo y feliz.

—No... espera, a menos que en tu casa se oculten tres tiernos y jugosos cerditos, si están ahí es mejor que los delates, entrégamelos y no te haré daño cariño— de nuevo comenzó a reírse de tus propios chistes y Rosael terminó por reír también, sin duda Catriel sabía cómo romper el hielo, esta vez Rosael no lo sintió tan influenciado por la luna llena y decidió abrir, giró la perilla y lo miró de frente, él la observó de pies a cabeza y entrecerró los ojos.— Hola linda caperucita... llegó el lobo... —Rosael abrió los ojos a mas no poder y se miró, ¡Se le había olvidado quitarse la capa! Ahora él pensaría que lo habría hecho a propósito para alimentar su deseo.

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Engatozada: Rosael¡Lee esta historia GRATIS!