-LAS DESVENTAJAS DE SER VISIBLES-

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— ¿Está mi padre en la aldea?— preguntó Catriel un poco preocupado.

—Sí, pero... no ha querido ver a nadie y tu madre ya no sabe cómo hacer que entre en razón, digamos que tu padre no está en su mejor momento Catriel.

—Vamos... en verdad necesito que me escuche. —Máximo asintió sin saber cómo reaccionaría al ver a cinco hechiceros acompañando a Catriel, de cualquier manera valía la pena su visita.

Los hermanos Krentz iban de tras de Catriel y de Máximo en todo momento, cuando llegaron a la dichosa aldea notaron que era más grande de lo que creían, había miles de casas de campaña, la gente y los niños pequeños casi se encontraban vestidos con ropas de cuero, era como si solo sobrevivieran del bosque, las mujeres tenían una figura esbelta pero un tanto musculosa, eran como una especie de Valkirias, sus largas cabelleras negras se encontraban trenzadas y sus miradas castañas observaban a los extraños intrusos sin saber que esperar, de igual manera las parejas de las mujeres Lycan llegaban como si los hermanos Krentz les fueran a arrebatar a sus familias, era un acto algo posesivo pero así era su naturaleza, se posaban al lado de su mujer para marcar territorio, y aunque no todos eran morenos podía verse que tenían una fuerza increíble, algunos cargaban troncos de árboles enormes sin sentir dolor.

— ¡Miren quien regresó! El hijo bastardo del Alfa. — Gritó Arandiel con otros cuatro hombres junto con él, y lo paró en seco poniendo su mano en su hombro, sin duda era fuerte; el sonido de ese gesto había sobresaltado a algunas mujeres de los alrededores.

— ¡Tú maldito perro no tienes idea de en lo que te acabas de meter! ¡Si el Alfa no te mata no te preocupes, lo haré yo!—gruñó Catriel al recordar en como él había golpeado a Rosael.

—ja, ja, ja perdón por intentar romperle el cuello a tu hechicera... —se burló sin pudor.

—Yo no me disculparé si vuelvo a levantarte como simple cucaracha en el aire, de hecho fue divertido... —Dijo Dev recordándole ahora como él lo había atacado después.

—Esto es asunto de Lycans hechicero de mierda, no creo que el Alfa me ataque a mí, si ve a estos brujitos aquí los sacará y no de la mejor forma. —Respondió Arandiel intentando defenderse.

—Yo que tu Arandiel no diría nada de lo que me pudiese arrepentir después, si continuas te tragaras tus palabras en frente de estos "brujitos" como les dices, ¡Continuemos!—Dijo como última palabra Catriel y continuaron avanzando sin prestarles más atención.

El día había comenzado a nublarse, y el sendero que recorrían era un camino que los llevaría hasta la tienda del Alfa, algunos otros susurraban cosas al ver a Catriel de vuelta, y cuando sus pasos los llevaron al lugar deseado la primera en salir de la gran tienda fue Aidara Lovelace, la madre de Catriel, al mirarlo llevó sus manos a la cara y se lanzó a sus brazos emocionada.

Engatozada: Rosael¡Lee esta historia GRATIS!