-BAJO LA LLUVIA-

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— ¿Djinn?— él se giró hacía ella una última vez y Rosael sonrió

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— ¿Djinn?— él se giró hacía ella una última vez y Rosael sonrió. —Todo estará bien. —él frunció el ceño sin entender a qué se refería completamente y siguió caminando al Liche, Rosael se volteó y caminó y se arrodilló frente a Efreet quien aún estaba muy débil y le costaba respirar. —Tranquilo Efreet estoy contigo... tranquilo. — le dijo suave recargando la cabeza del genio en sus piernas, no era capaz de dirigir la mirada al trono del Liche, sabía en que acabaría Djinn y aun que admiraba el acto que estaba haciendo era doloroso.

Por el rabillo del ojo se escapaba un campo de visión y con él era imposible no distinguir la figura de Djinn siendo tomado del cuello mientras le quitaban su energía vital.

—Cada genio tiene niveles de energía diferente, yo soy el más fuerte y por eso no me afectó, Dao solo está cansado y Efreet... bueno Efreet tardará en recuperarse, el más débil es Djinn por eso no resistirá.

—Tiene mis respetos el imbécil— comentó Dao sentado. —Aun así puede pasar otra cosa.

— ¿Qué? ¿Qué puede pasar?—preguntó Rosael un poco eufórica, daría lo que fuera con tener un poco de esperanza de que él viviera.

—Un genio sube de nivel cuando hace cosas buenas, dependiendo de los deseos que los que nos encuentran, así que no es fácil siempre tener acciones buenas, aunque las hagamos y nos elevemos... nunca faltará alguien con malas elecciones que nos haga bajar de nivel, así que sería un verdadero milagro si ese fuera su caso... su energía se elevaría y no moriría, solo quedaría como Efreet. —respondió Marid observando a Rosael preocupada.

Ella se armó de valor y decidió ver que pasaría, sería algo muy fuerte de ver pero sin duda había una esperanza. El Liche después de varios minutos lo soltó y lo dejó caer cual trapo, Rosael corrió hasta él y se tiró a su lado recargando su oído a su pecho, pero no oía nada.

— ¿Djinn? Por favor... no te vayas, acabas de hacer algo realmente heroico, debes sobrevivir. —Ahora su cuerpo se encontraba helado, y no resplandecía de magia, su piel casi azulada tampoco brillaba, de tras de ella escuchaba las risas del Liche, al verlo ahora era un hombre totalmente renovado, y aun que ahora parecía más Carlos V que un simple zombi podía ver la maldad en su mirada.

— ¿Entonces quieres que me deshaga de la mitad de los protectores de la realidad?—preguntó con una voz ahora no tan tenebrosa mientras se ajustaba su saco antiguo.

—Si... —limpió sus lágrimas y soltó la cabeza de Djinn con cuidado en el suelo.

—No hay problema, donde haya muerte hay fiesta, —y sonrió paranoico. —Tráeme mi libro de las sombras. —le ordenó a la bruja y ella corrió arrastrando una mesa hasta el Liche, el libro era tan grande que no se podía cargar. El Liche peinó su cabello negro azabache y buscó la página que quería. —Aquí está... este hechizo dura una hora... si esperas... está hecho.

Engatozada: Rosael¡Lee esta historia GRATIS!