-EN TIEMPOS DE GUERRA-

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Los dolores de Rosael aumentaban y la lluvia también, Catriel quería ayudarla, pero tenía miedo de descuidarse y que todos los Creadores de la realidad los atacaran de espaldas, por otro lado, ellos se habían impresionado desde que Catriel llegó y...

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Los dolores de Rosael aumentaban y la lluvia también, Catriel quería ayudarla, pero tenía miedo de descuidarse y que todos los Creadores de la realidad los atacaran de espaldas, por otro lado, ellos se habían impresionado desde que Catriel llegó y algunos lo miraban con
temor, algunos otros ni siquiera se acercaban; era más que obvio que estaban siendo obligados por alguien más fuertes que ellos, pero aun así su afán era asesinarlos.

Así que Catriel aprovechó esta repentina lejanía de ellos y volviéndose una ráfaga de luz gracias al nuevo hechizo se transformó en humano de nuevo, pero esta vez sin duda aparecía vestido.

—¡Sebastian cúbreme! —le gritó acercándose a Rosael —¡Aguanta mi niña... solo un poco más! —Con esfuerzo sobre humano Rosael lo miró rendida.

—No... ya no puedo más Cat, ya tienen que nacer... es ahora... —Otra contracción la invadió y gritando tomó la camisa de Catriel acercándolo más a ella.

—Entonces será aquí.... Mírame cariño todo está bien ¿entiendes? —Intentando mantener la calma levantó el vestido de Rosael y acomodó la capa de lado, levantó también sus mangas que le estorbaban y observó la situación. —A la cuenta de tres vas a pujar lo más que puedas, 1... 2... 3 ¡puja! —Rosael lo obedeció y comenzó a pujar, pero segundos después se detuvo a falta de aire, llevó su cabeza hacía atrás y procuró recuperarse para volver a empezar. —Ya puedo sentir al primero Rose, vamos linda ¡puja!

De nuevo pujó arrancando pedazos de plantas mientras hacía su mejor esfuerzo.

—¡Catriel necesito ayuda aquí! —logró escuchar a Sebastian quien retrocedía al mismo tiempo que los Creadores de la realidad caminaban hacía él.

—¡Necesito más tiempo, los bebés están naciendo ahora!

—¡¿justo ahora?!—gritó un tanto desesperado y regresó la mirada a sus enemigos, y en lo que Catriel se encargaba de Rosael y los mellizos, Sebastian se armó de valor y produjo una enorme llamarada de fuego que les impedía el paso, y aun que al principio resultó un buen plan ellos parecían haber hechizado sus capuchas negras contra ese tipo de magia y avanzaron como si nada hubiera pasado.
Uno de ellos se burló de lo que Sebastian había hecho y creando una enorme esfera de luz verde lo sacó volando hasta el otro lado del bosque.

Rosael se sentía un poco inútil de no poder hacer más para ayudar en esos momentos y siguió pujando aún con los Protectores acercándose ahora a ellos, por segundos que se volvieron horas eternas se sentían perdidos, hasta que después de tanto esfuerzo se oyó el llanto del primer bebé y Rosa descansó un poco mientras que Catriel lo tomaba y la sangre se enjuagaba con la lluvia que no paraba, de inmediato se lo dio a Ella y lo cobijó con la capa.

—Es Adrian... es Adrian... —repitió llorando Rosael y miró también que ya no tenían salida y La bebé ya amenazaba con salir.
Catriel observó a Rosael y la distancia que faltaba, cuando pensó en volverse Lobo de nuevo cuatro rayos de colores cayeron frente a él.

Engatozada: Rosael¡Lee esta historia GRATIS!