-MI ESCONDITE SECRETO

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Aquella mañana hacía un clima perfecto en Secret Valley, Catriel había decidido preparar el café que tanto le gustaba a Rosael, las últimas madrugadas se habían despertado a causa de los llantos y durante el día se complicaba mantenerse al cien, y...

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Aquella mañana hacía un clima perfecto en Secret Valley, Catriel había decidido preparar el café que tanto le gustaba a Rosael, las últimas madrugadas se habían despertado a causa de los llantos y durante el día se complicaba mantenerse al cien, y justo esa mañana los mellizos habían decidido dormir.

Catriel movía los cafés con la pequeña cuchara de madera y disfrutaba del respectivo sonido mientras pensaba en cómo ayudar más a Rosael,  ser madre era algo muy nuevo para ella y Catriel quien ya había vivido la experiencia le ayudaba con paciencia.

Tomó ambos cafés y caminó descalzó hasta su habitación, pero se detuvo al notar que ella no estaba ahí, revisó que los mellizos durmieran tranquilos y comenzó su búsqueda.

—Rose...—susurró para no despertar a los bebés y buscó por la sala pero nada. — ¡Rose!—  Susurró un poco más fuerte  y al pasar junto al baño que se encontraba con la puerta abierta pudo ver  a Rosael acostada en la tina de baño vacía sujetando sus rodillas. —Cariño...

—shhhh los despertarás— dijo susurrando también y él se acercó tierno.—Este es mi nuevo escondite secreto... ven.—Catriel sonrió y al verla ahí tumbada con toda esa ropa holgada y con un poco de leche escurriendo de su pecho, su cabello que siempre tenía estilo estaba completamente sujeto por una liga  y aun así él sabía que la amaba con locura, así que se metió a la tina con ella y se acostó de igual forma, era imposible no abrazarse así que no se quejaban del mínimo espacio  de la tina, era perfecta y el tamaño de la tina también, chocaron sus frentes y Rosa cerró los ojos.

— ¿Qué haces aquí mi amor?— preguntó pasando uno de sus mechones de cabello de tras de su oído y ese gesto llenó de electricidad a Rosa.

—Recordaba.

— ¿Qué recordabas?

—recordaba cómo era mi vida antes... de todo esto, el cómo podía andar en tacones y vestidos caros todo el día, como llegaba a mi enorme departamento y veía películas sola,  como miraba a las parejas casadas con cierta envidia... eso recordaba... solo eso.

— ¿Y extrañas esa vida?

—No... el despertar y ver a mis bebés y a ti es mi paraíso, por más cansado que sea lo volvería a repetir una y otra vez, después de que Djinn me cumpliera el deseo de salvar mi revista sé que puedo manejarla con más inteligencia, antes realmente estaba perdida... mi vida lo estaba y tú me encontraste salvándola por completo en ese puente, — Rosa alzó su mano hasta la boca de Catriel y rozó sus dedos por su contorno. —Esta fue la vida que siempre soñé, así que entré al baño y miré la tina donde todo había comenzado, me metí y noté un silencio que me permitió asimilar el cómo todo había cambiado para bien.

—Te entiendo mi niña, cuando llegué a esta casa con Kate y tuvimos a Layla yo pensé que seríamos felices, que veríamos crecer a nuestra hija y envejecíamos juntos, pero no fue así; y pasó todo lo contrario, y viví muchos días de profunda depresión... así que una noche salí con ganas de no volver jamás, yo... escondí en mi maletero una pistola con una bala de plata, tenía que ir al puente más cercano y después de dispararme caer al agua, pero también pasó todo lo contrario, me encontré con una gatita con la cabeza baja llena de tristeza, ambos congeniamos y la llevé a casa... con el tiempo entendí que todo pasaba por algo,  todo tiene un orden y un motivo... y esa gatita también salvó mi vida, ¡Por completo! Terminé perdidamente enamorado de ella y me dio una oportunidad más para crear una familia, nunca sabes cuándo salvar una vida te cambiará la tuya, soy testigo. — Por largos minutos permanecieron ahí dentro de la tina, dos almas rotas acababan de encontrar el pegamento perfecto y esta vez jamás podrían separar las piezas.

Engatozada: Rosael¡Lee esta historia GRATIS!