-CONFESIONES SOBRE RUEDAS-

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Era difícil que las mujeres Krentz se encontraran para disfrutar de su tiempo, rodeadas de hombres gato y miniños siempre recurrían a dos fechas al año para hacer "el viaje pijamada" un viaje donde solo ellas salían y se alejaban de todas la preocupaciones del día a día.

— ¿Pero que se supone que está haciendo Victory? Ya deberíamos irnos... —Dijo Ángela ya dentro de la camioneta junto con todas las demás.

—Tal vez solo pasó al baño, o no sé... tal vez no le gustó el jabón de manos y ahora fue a asesinar al que creó la marca. —Comentó Eleonor y todas las demás rieron hasta que la silueta de Victory salió de la casa de Kilian con una bolsa pequeña de pan y como si tuviera todo el tiempo de mundo se sentó y comenzó darle de comer a las palomas que bajaban.

— ¡Victory! — gritaron todas al unisonó y ella sin pararse las miró y las saludó tierna con la mano.

— ¡Oye Tory! ¿Te gustaría venir a un viaje pijamada con nosotras?— preguntó Inés y Victory sonrió como si fuera la primera vez que oyera sobre dicho viaje.

— ¡Oh claro! ¿Pero mi maleta?— cuestionó sacudiendo su short y se acercó al auto.

— ¡Qué casualidad! ¡Hay una maleta tuya en el auto con toda tu ropa lista para el viaje!—Gritó Camerón mientras las demás sonreían conteniéndose.

— ¡Vaya! ¡Pero que consideradas son! Entonces sí, vamos... — subió al auto y las demás aplaudieron al ver que al fin ya se irían.

Durante el largo camino de carretera comentaban sus pequeñas historias graciosas...

—Una vez Kilian me hizo enojar y en verdad más allá de no hablarle actué como si nada pasara, pero cuando se fue a trabajar reemplacé su pasta de dientes con salsa pura de habanero, él fue el que no quiso hablarme durante una semana después... —Rosael no paraba de reír con las venganzas que Regina planeaba contra Kilian, sin duda era con la que mejor se llevaba y aun que amaba a todas sus cuñadas estaba muy feliz de que Kilian se casara con una mexicana.

— ¿Y qué fue lo que hiciste para que te hablara de nuevo? ¿Seducción?— preguntó Camerón limpiando las lágrimas de risa tras imaginar a su hermano enchilado.

—La reconciliación fue más graciosa, le hice su comida favorita a mi hija, Tacos al pastor... nadie en su juicio se resiste a ellos, y cuando Kilian los olió desde nuestra habitación bajó y se sentó sin hablar, ¡parecía un niño pequeño sin saber cómo disculparse! ¿Y saben que fue lo más gracioso? Sacó el tubo de pasta donde le había puesto salsa habanera ¡La había guardado y comenzó a ponerle a los tacos! —La risa de Regina contagió a las demás y no paraban.

— ¿y que aventuras te han tocado Rosa? ¿Ya hiciste nuevos amiguitos en ese pueblo desconocido? ¿Algún chico sexi? ¿O tal vez algún numero de alguno que me pases?— le preguntó Victory guiñando un ojo y Rosael sonrió al verla tan insistente.

Engatozada: Rosael¡Lee esta historia GRATIS!