-CREANDO PERFILES-

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Un olor delicioso la hizo despertar y abrir lentamente un ojo y pesarosamente el otro, siempre podría haber sido un sueño o tal vez en realidad había ido a esa Mascarada en el Bar Pasión y sí habría existido ese juego de seducción con nada más y n...

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Un olor delicioso la hizo despertar y abrir lentamente un ojo y pesarosamente el otro, siempre podría haber sido un sueño o tal vez en realidad había ido a esa Mascarada en el Bar Pasión y sí habría existido ese juego de seducción con nada más y nada menos que con Catriel.  Volvió a cerrar los ojos engañando un poco a su mente y disfruto del calor de las cobijas, entonces un sonido cercano la alertó sentándose de golpe y ahí fue donde el velo cayó de sus ojos.

Miró a su alrededor llevando sus manos a la cabeza, Catriel no estaba a su lado y se sentía como una adolescente que acababa de pasar la noche con un total desconocido,  y mientras él ya sabía su secreto; ella no conocía absolutamente nada de él, solo que se llamaba Catriel Lovelace, que vivía en Secret Valley, tocaba el saxofón y que hacía el amor de maravilla, al pensar esto último se dio una bofetada.

— ¡Maldita sea Rosael regresa a la realidad!— se dijo en voz baja e intentó calmarse.

En automático pasó por su mente todo lo que había pasado la noche anterior, primero habían llegado directamente a la tina << no comprendo cómo es que la tina no se rompió>>, pensó tapando su boca. Cuando recordaron que podían hacerlo sobre otras superficies salieron húmedos directamente a la sala, << sin duda ese sofá era muy resistente también>>, pensó conteniendo la risa  y al mirar sus ante brazos  se puso seria, varios moretones aparecían... aun no sabía que ser sobrenatural podría ser pero su fuerza era demasiada como para ser un simple humano.

Suspirando recordó cómo fue que él la cargó hasta la cama y ahí volver a hacerlo pero más cómodos, cerró los ojos para recordar una última vez como durmieron y al abrirlos regresó a la realidad, alguien sabía el secreto de su familia y eso era muy delicado, aunque fuera el hombre más sexi y guapo sobre la faz de la tierra no podía poner en peligro el gen minino de su familia, y como buena Krentz tenía que arreglar esa situación antes de que se saliera de control. 

Se paró y escuchando que él movía algunas cosas en la cocina volvió a abrir el armario de Catriel y ahora un poco menos de prisa tomó una camisa a cuadros, le quedaba un poco grande ya que él era muy alto y caminó peinando un poco su cabello, al pasar por el pasillo de la puerta recordó cuando  escapó la primera vez, sin duda ahora era algo completamente diferente.

Se acercó a la cocina y parándose en el arco de la puerta lo miró, de nuevo su estúpido corazón la hacía perder la razón,  verlo ahí cocinando sin playera y con una toalla enredada en su cintura era la imagen perfecta, su cabello con pequeños destellos dorados brillaba con la luz del sol que entraba por la ventana y su piel algo bronceada rogaba por ser bañada en besos con un perfecto labial rojo pasión. Rosael sacudió la cabeza y algo seria y decidida caminó hasta sentarse en uno de los bancos de la cocina.

—Despertaste Rose...  y yo que quería llamarte cuando estuviera listo el desayuno. — dijo Catriel sonriendo alegre y volvió  la mirada al sartén. Para Rosael podrían haber sido palabras muy adecuadas para la ocasión, pero ahora tenía que demostrarle que no la tenía en la palma de su mano.

Engatozada: Rosael¡Lee esta historia GRATIS!