-BAR PASIÓN-

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—Bueno, solo quería darte la Bienvenida, como sea ya estás aquí, te traje un poco de pan, — Estiró sus brazos dándoselo y se giró para irse pero antes se detuvo

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—Bueno, solo quería darte la Bienvenida, como sea ya estás aquí, te traje un poco de pan, — Estiró sus brazos dándoselo y se giró para irse pero antes se detuvo. — ¡Por poco lo olvido! Aquí en Secret Valley hay un lugar donde puedes pasar una noche realmente mágica, muchos van a des estresarse, yo trabajo como mesera; estoy segura que te encantará, además de que hoy termino mi turno un poco más temprano, si me esperas un poco podríamos tomar una copa. —Rebuscó en su bolsa y sacó un pequeño folleto.

 —Rebuscó en su bolsa y sacó un pequeño folleto

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— ¿Es esta noche?

—Es todas las noches, solo abre durante tres horas; no más ya que hay toque de queda en el pueblo, te veo después. —Y salió feliz.

Rosael intentó no darle tanta importancia a lo que ella le había dicho del pueblo, había prometido darse una oportunidad y el pueblo estaba en ese paquete, y quien sabe; tal vez viviría una gran aventura en Secret Valley.  Al ver con detenimiento el folleto  un escalofrió recorrió toda su espalda, hasta ese pedazo de papel se miraba sospechoso, ¿por qué ese Bar abría a las 12:00am si había toque de queda en el pueblo? entrecerró los ojos y leyó "sobre la noche de máscaras" siempre había querido ir a una y por ello siempre guardaba un antifaz rojo, vestidos hermosos no le faltaban y bueno... las ganas tampoco.

Se bañó lo más rápido que pudo, buscó uno de tantos vestidos y como siempre eligió uno rojo, debía parar de usar solo ese color pero es que lo adoraba tanto que no pudo evitar usarlo de nuevo, un hermoso vestido de sirena ceñido a su cuerpo, su hermosa cabellera negra suelta, un labial del mismo color y listo, tomó un abrigo y salió caminando por las oscuras luces del pueblo, eran tan tenues, algunas parpadeaban amenazando con apagarse y otras cumplían bien su trabajo iluminando su camino. Lo único que se oía por la calle eran sus tacones, y claro que tenía muy alerta sus instintos mininos, cualquier ruido la inquietaba, hasta que llegó a lo que parecía ser una casa pintada de negro, con la bella puerta que combinaba con Rosael, tallada en madera fina completamente roja. Un poco nerviosa tocó la puerta esperando algún ruido, era extraño por que siendo un bar debería de haber ruido de música o cualquier otro como personas hablando, o tal vez estaba tocando en una casa donde una familia ya descansaba, al pensar en ello decidió darse la vuelta pero el sonido de la puerta la detuvo, se giró y se estremeció al ver que solo estaba abierta muy poco y que alguien vestido de bufón la miraba desde adentro tal vez esperando a que hablara.

Engatozada: Rosael¡Lee esta historia GRATIS!