-DAO-

1.3K 324 31


— ¿Estas segura de querer hacer esto Rosael? — Le preguntó Sebastian observando como Rosa se preparaba para entrar a un laberinto de tierra

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

— ¿Estas segura de querer hacer esto Rosael? — Le preguntó Sebastian observando como Rosa se preparaba para entrar a un laberinto de tierra.

—Sí, será divertido...— se dijo así misma para motivarse. —Entrar... llamar su atención, hacer que me persiga para asesinarme, salir y ustedes lo atrapan en la jaula que les cree, pan comido...

—Intenta explicarle la situación, Dao no te asesinará al instante; hazlo enojar... eso si será fácil. —Le aconsejó Efreet colocándose a un lado de la jaula y Djinn le dio un golpe en su hombro.

— ¡Genio estúpido! ¡Se supone que tienes que motivarla, no decirle que morirá imbécil!—le dejó de prestar atención a Efreet y miró feliz a Rosael apareciendo unos pompones de porrista para darle ánimos. — ¡Tú puedes Rosael! ¡Eres la mejor! ¡Denme una R! ¡Denme una O! ¡Denme una S! ¡Denme una A! ¡¿Qué dice?! ¡¡Rosa!! —Ella sonrió al ver como bailaba para hacerla reír  y se concentró para entrar.

—Muy bien... estoy lista, ya puedes transformarte en pesadilla Sebastian. —él lo hizo y ella lo montó decidida. —Cuando te dé la orden corre lo más rápido que puedas ¿entiendes?—Sebastian afirmó con su gran cabeza llena de fuego y avanzó a paso seguro.

Los dos comenzaron a descender con temor a que algo los atacara, pero mientras más entraban en el laberinto subterráneo más se preguntaban si en realidad ahí vivía Dao, el lugar a pesar de estar muy profundo tenía varias antorchas alumbrando todo el camino, y tras varias vueltas y regresos innecesarios un olor muy peculiar los guio por el camino correcto.

Dentro de todo el laberinto había una extraña casa estilo cueva, desde afuera se podía oír a alguien silbando una canción alegre.

—Tal vez no es tan malvado como dicen... tocaré la puerta e intentaré hacerlo enojar.

—Ten cuidado, no sabemos que esperar... —Rosael bajó y caminó hasta la extraña puerta roja y tocó, entonces el silbido se detuvo y ella se apartó de la puerta, escucharon unos pasos y cuando la manilla se movió aguantaron la respiración, pero quedaron boquiabiertos al ver que el famoso genio malvado usaba un mandil de cocina, solo eso bastó para que todo su físico que sí parecía malvado se fuera por la borda. Él los miró desde arriba ya que era increíblemente alto y su piel morada con una boca extraña lo hacían ver de alguna forma... atemorizante... pero en estos momentos parecía más apenado por la situación.

—Ustedes... ¿Quién demonios son? —preguntó con voz gruñona y ronca y Rosael Reaccionó.

— yo... yo me llamo Rosael, y busco tus servicios como genio. —logró decir sonriendo un poco tímida y Dao bajó su cabeza para olerla, golpeó con su puño la pared y todo el laberinto retumbó por ese acto.

—Yo no trabajo para niñitas débiles... —intentó meterse de nuevo y Rosael detuvo la puerta.

—Quiero que me lleves hasta el próximo genio y así llevarlos con el hechicero Liche. —Soltó rápido antes de arrepentirse y el genio se giró de nuevo, ahora flotaba sobre un remolino de arena.

Engatozada: Rosael¡Lee esta historia GRATIS!