-JUNTA EN LA COCINA-

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No sabían cuando había pasado pero

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No sabían cuando había pasado pero... Dorian y Catriel se habían convertido en los mejores amigos en ese mismo día, no paraban de platicar sobre cosas que a ambos les gustaban y reían juntos sin parar, Inés y Rosael se quedaron platicando en la cocina acomodando la cena.

—Es la primera vez que veo a Dorian tan amigo de alguien, pero... me alegro, Catriel sin duda es un buen hombre, no debe ser fácil tener que ser el Alfa provisional de una aldea para protegerlos, eso sin tener los dones del Alfa.—Afirmó Inés partiendo verdura.

—Sí, él parece ser alguien humilde y eso me encanta... tal vez es un poco más grande que yo...pero no sé por qué más allá de alterarme eso me parece sobrenaturalmente sexi en él.

—Te apuesto que si fuera viejo físicamente jamás te habrías fijado en él.

—es que no me lo imagino de setecientos años, a su lado soy una niña... por otro lado me hace sentir joven...—Ambas rieron con ganas y una repentina comezón en la espalda de Rosael le hizo recordar la capa. —Ahora que lo recuerdo... tienes que decirme como me la quito.

— ¿quitarte que?— preguntó fingiendo no saber de qué hablaba.

—No bromeo Inés... ¡la capa! Llevo casi una semana con ella y no es muy cómoda que digamos.

—Ya sé que no bromeas Rose, pero tienes que recordar lo que te dije el día en el que te la regalé... te dije que a veces se ponía caprichosa.

— ¿y eso que quiere decir?

—Verás... —Se limpió las manos con un trapo y le explicó. —La capa es muy poderosa, mucho en verdad, parece que no pero sin duda lo es. — respondió breve y Rosael frunció el ceño.

— ¡Inés! No le des más vueltas a la situación, solo dime que ocurre.

— ¡Esta bien! ¡Está bien! Es que quería comprobar una teoría y tú eras perfecta para ello, no pensé que la capa fuera a tardar tanto y quería esperar... —mientras decía esto caminó hasta la nevera y tras no fijarse resbaló jalando a Rosael de la capa al suelo con ella, primero las dos comenzaron a reír como locas pero después Rosael abrazó a Inés para ayudarla a levantarse y fue cuando Inés inhaló aire sorprendida, se alejó unos pasos de Rosael y la miró como si acabara de descubrir algo.

— ¿Inés? ¿Por qué me miras así? ¿Estás bien? —le preguntó cautelosa e Inés la miraba sin saber cómo explicarle, se acercó a Rosael despacio y posó su mano en su vientre, Rosael inmóvil esperaba que dijera algo.

—Estas embarazada.

— ¿te estas burlando de mí?—preguntó al instante dando unos pasos para atrás. —no es gracioso.

—Jamás bromearía con algo así...

—deja de jugar.

—No juego Rosael, de tu cuerpo se desprende energía doble, no hace mucho aprendí a sentirla, es casi inevitable hacerlo, al tocar tu vientre sentí una pequeña vibración... una muy pequeña pero existente.

Engatozada: Rosael¡Lee esta historia GRATIS!