Un mal día

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Ta-Da~

Donald sabía desde pequeño que la mala suerte estaría pegada a él por el resto de su vida. No le había quedado de otra más que aceptarlo y aprender a vivir con eso...pero había días que eran horribles. Y ese, era uno de ellos. 

Sabía que seria un día horrible cuando se levanto a tropezones de la cama, enredado entre las sabanas y muy pronto cayéndose, llevándose de alguna manera consigo la lampara y la mesita de luz a un lado, golpeándose de paso la cabeza. Sip, había empezado muy bien todo.

Se había caído de las escaleras. No era la primera vez pero aun dolía mucho.

De alguna manera, su desayuno paso de estar sobre la mesa a estar sobre su cabeza. Gruño y se sacudió, solo logrando que la silla en la que estaba sentado se rompiera y lo dejara caer de espaldas contra el piso.

Salio de la mansión para despejarse, solo para terminar corriendo como alma que lleva el diablo cuando un montón de perros muy enojados salidos de la nada lo empezaron a perseguir, ladrando y gruñendo.

También tuvo que esquivar los autos que pasaban a gran velocidad y parecían querer pasar por donde él caminaba.

Termino por tropezar, empujando a alguien y sin querer logrando que lo que estaba bebiendo se le cayera en todo el pecho. Su corazón se detuvo prácticamente cuando el sujeto se volteo a verlo con un gruñido tenebroso. Era un pato muy grande y con músculos, con chaqueta de cuero, pantalones negros y una remera blanca manchada por su causa de marrón. Cabe destacar que corrió sin decir una palabra cuando aquel pato levanto el puño.

Solo para terminar tropezando con barro, cayendo de espaldas contra cemento fresco. Esta de más decir que cuando se levanto, el cemento en su espalda se endureció y lo dejo quieto, impidiéndole moverse. Estuvo así horas hasta que alguien se apiado de él y llamo por ayuda. Eso significa, otras horas más desperdiciadas en sacar aquella cosa dura de su espalda.

Era de noche cuando llego a la mansión, sin prestar real atención a los gritos y caminando directamente al baño, llenando la bañera y undiendose en ella, suspirando al sentir el agua tibia contra su cansado cuerpo. Se quedo ahí casi dos horas. No le importaba si su tío le reclamaba el tiempo excedido en el baño, se lo merecía.

Salio ya cambiado, secándose las plumas de la cabeza con un toalla y entrando a la cocina, sirviéndose jugo en un vaso de plástico. Lo tomo todo y lavo el vaso, dándose vuelta para salir del lugar y sorprendiéndose al ver a alguien parado en la puerta. Era Webby, con expresión de nerviosismo y jugando ligeramente con los dedos.

-He...- Donald se rasco la nuca, para después mostrarle a la pequeña la mejor sonrisa que pudo. -¿Qué pasa Webby?-

-Y-Yo...- se acerco, nerviosa. -¿P-Puedo...?- pareció indecisa, para después suspirar y extender los brazos. -¿P-Puedo a-abrazarlo?- movió las manos de manera nerviosa ante la falta de respuesta. -N-No tiene que decir que si, yo solo...s-solo...un abrazo suele animar a la gente...- Donald rió.

-Me vendría bien algo de animo- se sentó y abrió los brazos, dándole una sonrisa. La pata chillo de emoción, corriendo hacia el mayor y rodeando su cuello con sus brazos, abrazándolo con fuerza. Donald suspiro y sonrío, devolviendole el gesto y palmeando la espalda de la pequeña.

-¡Hey tío Donald!- levanto la vista, los trillizos parados en la entrada con una sonrisa.

-¿Podemos unirnos?- Louie se acerco con las manos en los bolsillos. Webby soltó el cuello ajeno y se dio la vuelta para verlos pero sin moverse fuera del regazo del mayor.

-¡Claro~!- ella agarro la mano del pato de verde cuando estuvo cerca, atrayendolo a su lado y riéndose ante el chillido que dio. Donald rió, acariciando la cabeza de Louie.

-¡Yo también!- el mayor soltó un jadeo, sintiendo como alguien más se dejaba caer de golpe en su regazo. Dewey solo rió, ignorando la mala cara que le dio Louie.

-Yo me uno~- Huey se acerco con una sonrisa de diversión. Y muy pronto, Donald tenia cuatro patitos en su regazo, abrazándolo con fuerza y grandes sonrisa. Sonrío, besando con aire ausente las frentes ajenas, sin darse cuanta que Webby se tapaba el pico para callar su chillido de emoción. Alzó la vista al escuchar un risa ahogada, encontrándose con que su tío Scrooge se acercaba con una sonrisa divertida en el rostro.

-Niños...- golpeo el suelo con su bastón, llamando la atención de los menores. -...¿por qué mejor no van a preparar las cosas en la sala para una noche de películas? Su tío y yo ya los alcanzaremos-

-¡Noche de cine!- exclamaron, levantándose rapidamente y corriendo hacia la sala, casi tropezándose ente ellos.

-¿Todo bien sobrino?- le extendió la mano hacia el pato aun sentado en el piso. -¿Mal día?-

-Si...- suspiro y agarro la mano ajena, levantándose. -Tío Scrooge...-

-No te preocupes Donald, muchacho- él le sonrío. -Un mal día no es nada que no se pueda solucionar con un buen rato en familia- rodeo los hombro del pato con su brazo, empezando a caminar hacia la sala.

-Si...supongo que tienes razón- sonrío ligeramente, viendo como los patitos saltaban de emoción en el sillón, hablando entre ellos y soltando muchos nombres de películas que no conocía. El día, a pesar de casi terminar, podía mejorar.

DuckTales One-ShortDonde viven las historias. Descúbrelo ahora