CAPÍTULO 11

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Sentí como el sol me daba en la cara de una manera molesta

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Sentí como el sol me daba en la cara de una manera molesta. Me moví en mi cama incómoda mientras trataba de tapar mi rostro con mi manta pero de igual manera la luz transpasaba a través de las sábanas. Abrí los ojos fastidiada y fruncí el ceño.

Maldita luz.

Había días que amaba la luz y días en los cuales la odiaba más que a cualquier cosa en el mundo. Era rara, lo sé. La bipolaridad era parte de mí ser.

Y definitivamente hoy era uno de esos días en los que odiaba la luz y eso significaba solo una cosa: Malhumor por el resto del día.

Atájense que Jay no está para bromas.

Me levanté y me fui al baño para asearme. Al entrar al baño me cepillé los dientes, me lave la cara y me peiné. Mi cabello amaneció bastante oscuro, incluso se veía de un castaño medio chocolate. Era extraño, había días que amanecía así y días en que amanecía con el pelo casi blanco. Le resté importancia pues era algo normal para mí. Luego me cambie de ropa y ¡Tarán!

Toda una diva como siempre.

Bajé a la cocina hambrienta con mis pasos perezosos y la espalda levemente curvada, al llegar allí me encontré con aquellos ojos azules que me hipnotizaban.

Mierda. Me había olvidado que él estaba en la casa.

Automáticamente cambie mi postura. Ya no parecía una orangután hambrienta sino una dama delicada y elegante. De repente mi malhumor se esfumó.

Si, una dama aunque no lo crean.

-Buenos días. -dije con una voz cantarina mientras me sentaba en una silla frente a Iam.

Mi padre estaba sonriente como siempre mientras comía su desayuno. Iam tenía su plato vacío y una taza de café a su lado. Tome la cafetera y me serví un poco mientras tomaba una tostada y me la metía a la boca. Levante la mirada y lo encontré a él mirándome. Le sonreí amablemente y él me devolvió la sonrisa.

¡Dios, como amo su sonrisa! Pero aunque por fuera parezca un tierno cordero sé que por dentro es ágil como un felino y oscuro como la noche.

Demasiada imaginación Jay. Cállate y mejor pon en práctica tu plan de seducción.

Tosí un poco al recordar aquel plan y lo ridículo que sonaba ahora que lo pensaba bien.

Seguí comiendo mi tostada. Durante todo el desayuno él se pasó acosándome con la mirada, y yo solo quería correr como un perro asustado con su cola entre las patas.

Vamos Jay, tu serias la seductora no él. No dejes que te intimide.

-Bueno, tengo que salir y Jay deja de teñirte el pelo. Les dejo no hagan nada raro. -dijo mi padre mientras salía por la puerta y hacia un juego extraño con sus cejas.

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