CAPÍTULO 43

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Ok, lo entiendo

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Ok, lo entiendo. Tengo a una legión de ángeles detrás de mí. Casual. Seguro les pasa a todos. Cosas cotidianas de la vida. Sí, normal.

¡POR QUÉ DEMONIOS!

Naciste con esa suerte campeona.

Coloqué mis manos sobre mi rostro mientras respiraba entrecortadamente tratando de calmar la ansiedad dentro de mí. ¿Ahora resultaba que tenía un hermano? ¿Matt no era mi hermano? ¿Y mi madre… mi padre…. Todo fue una simple farsa? Dolía pensar en ello. Tenía miles de preguntas para Iam pero primeramente quería estar enterada de su pasado. Quería saberlo todo. Sabía que sería un gran golpe enterarme de todo de una sola vez, aun así quería saberlo todo.

-¿Qué más recuerdas? –Inquirí ansiosa mientras lo miraba directo a los ojos. Él vaciló unos segundos como si estuviera meditando qué decir.

-Creo que es suficiente información por ahora. –Carraspeó haciendo que su voz sonara más grave. -¿Tienes alguna pregunta respecto a lo que sabes? –En el momento en que me hizo aquel cuestionamiento fue mi familia lo primero que me llego a la mente.

-¿Mi familia… lo saben? –La duda estaba plasmada en mi voz. Definitivamente si él me confesaba que mi familia estaba enterada de todo yo lo tomaría como una cachetada en pleno rostro. Me sentiría engañada por las mismas personas que yo había considerado “mi familia”.

-No lo sé Jay, no recuerdo a tu familia. –Y en definitiva sonó sincero. No podía culparlo, él estaba igual de perdido que yo. Éramos dos almas inquietas tratando de encontrar una salida en medio de la infinita oscuridad.

-Entiendo… -Admití mientras curvaba mi boca en una mueca que fracasó como sonrisa. Tampoco era el momento correcto para sonreír. Me sentía desorientada. Era horrible la sensación de perderte en tu propio pasado, en tus propios recuerdos. Tenía la mirada perdida en las paredes de la habitación. Estaba inmersa en mis pensamientos desalentadores hasta que la voz de Iam me sacó de toda aquella discusión interna.

-Vamos. –Exclamó sonriente mientras se levantaba de la cama y se despeinaba su cabellera de manera juguetona. Se veía tan dulce con sus hoyuelos marcando territorio en sus mejillas. Nunca antes lo había visto tan sonriente, anteriormente siempre evitaba sonreír como si una simple sonrisa lo hiciera ver frágil.

-¿Dónde? -Cuestioné sin sacar mi mirada de su rostro.

-Es sorpresa. –Respondió mientras hacia una reverencia de la realeza como si estuviera enfrente de una princesa. Luego se inclinó hacia mí de manera elegante  y me tendió una mano invitándome a levantarme. Bufé ante su repentina ocurrencia de tratarme como una doncella.

-No seas idiota. –Inquirí mientras una sonrisa suave se plasmaba en mis labios. Nunca había conocido éste lado de Iam. Él siempre había plasmado su actitud de manera reservada, silenciosa y definitivamente me había dejado claro que era un chico que aborrecía bromas, “No soy un chico de bromas” había oído alguna vez de sus propios labios.  Sin embargo el Iam que tenía enfrente era juguetón, divertido, inquieto y sonreía constantemente. Actuaba como si la vida fuera un juego y solo debíamos dejarnos llevar. ¿Acaso éste Iam era el verdadero? En las visiones sobre sus recuerdos había visto la misma actitud resplandeciente. ¿Qué había pasado con Iam que lo hizo cambiar drásticamente su actitud? ¿Había sido por causa de Liane? Tal vez al quedar bloqueado pensando que yo lo había intentado asesinar hizo cambiar su actitud… Aun así algo dentro de mí me decía que esa no era la causa. Es como si hubiera algo más  escondido detrás de toda aquella oscuridad. ¿Cómo es que un ángel quedó hundido en aquella oscuridad? Debió haber pasado por algo realmente desgarrador. Era irónico ver ahora a un caído con tanta luz en una simple sonrisa, al parecer él aun no lograba recordar la causa de su dolor. Estaba consciente que en el momento en que recupere su memoria volvería a meterse dentro de su caparazón lleno de secretos en el cual yo no era bienvenida. Por lo que debía indagar en su pasado antes de que ello ocurriese.

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