CAPÍTULO 46

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Todos tenemos claro que aunque el tiempo avance sesenta minutos por hora, la percepción que tenemos de él es totalmente relativa de acuerdo a la situación que esté enfrentando el individuo

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Todos tenemos claro que aunque el tiempo avance sesenta minutos por hora, la percepción que tenemos de él es totalmente relativa de acuerdo a la situación que esté enfrentando el individuo. Pues así es, el tiempo es relativo. Porque en el momento en que oí la voz de Iam sentí como si el tiempo a mí alrededor se hubiera detenido, como si cada segundo se desplazase con pereza. Lo irónico era que aunque los segundos parecían no avanzar, mi vida se estaba yendo junto con ellos.  No había más tiempo para mí. Ni para dudar ni para lamentarse. No era el momento indicado para tratar de entender las cosas, debía huir. No sabía cómo iba a lograr escabullirme pero estaba segura de que si seguía con ellos el tiempo de mi vida se seguiría agotando. Como si un reloj de arena estuviese llegando a su final.
Debía huir.

-Oigan, deben despejar la zona. –Oí una voz desconocida y lejana en medio de mis pensamientos. Pestañeé varias veces intentando recomponerme. No había oportunidad que desaprovechar. Un paso en falso me costaría la vida. Levanté el mentón para visualizar al dueño de aquella voz. Un hombre de edad media se encontraba parado enfrente con el ceño fruncido y las manos puestas en su cintura en forma de jarra. “Está enfadado” fue lo primero que pensé en el momento en que lo vi. Sentí como el agarre de Dann se desvanecía y mi cuerpo se ablandaba. No pensé dos veces y me abalancé contra el hombre escondiéndome detrás de él.

-¡Ey! ¿Señorita pero qué está ocurriendo? –Escuché la voz del hombre mientras se giraba para verme. Miré hacia atrás y a lo lejos pude observar a un cúmulo de periodistas en conjunto con sus cámaras y micrófonos al aire. Estaban enfrente de la comisaría. Solo quedaba a unas cuadras. ¿Podría llegar hasta allí? ¿El tiempo estaría a mi favor?

El tiempo es relativo.

Sin pensar más, corrí. La adrenalina corría por cada una de mis venas. No sentía cansancio ni temor, no sentía nada. Como si estuviese flotando fuera de mi cuerpo. Como si mi mente estuviera bloqueando algún tipo de transe. La única manera de que no controlen tu cuerpo a través de tu mente… es sacar la mente del cuerpo. Yo estaba bloqueando a Dann. No sabía cómo lo había logrado pero no era el momento indicado para discutir eso. Volví a concentrarme en mi camino y una punzada de alivio recorrió mi cuerpo. Estaba a solo una cuadra del cúmulo de periodistas. Si lograba llegar allí podría escapar.

Pero fue muy estúpido de mi parte creer que eso ocurriría. Sentí un fuerte tirón en  mi cintura cuando solo faltaba una cuadra para llegar a mi meta. Debido a la velocidad con la que había corrido perdí el equilibrio al ser detenida de golpe. Caí de rodillas y sentí como la tela de mis jeans se rasgaron en contacto con la acera. Ahogué un grito de dolor debido al impacto con el que caí. Levante mi rostro con el temor y la rabia plasmada en él. Pero eso fue solo un rasguño en comparación con el dolor que sentí al ver el rostro de Iam enfrente de mí imposibilitándome el paso.

-Déjame ir por favor. –Supliqué mientras las lágrimas se acumulaban en mis ojos. –No te juzgo por tus acciones, tus razones tendrás, pero déjame ir por favor. –Repetí mientras intentaba levantarme pero las piernas me temblaban. Tenía las rodillas ensangrentadas a tal punto a que penas me respondían, no podría correr así.

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