CAPITULO 23

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Todo estaba demasiado claro

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Todo estaba demasiado claro. Ese idiota había tenido una relación amorosa con Lunn.

Ahora todo cobraba sentido para mí. ¿Por qué él me había abrazado la vez en que nos conocimos?, claro él pensaba que yo era su novia. ¿Por qué había intentado besarme aquella vez en el auto?, claro él se imaginó que yo era Lunn. ¿Por qué seguía persiguiéndome y no me dejaba en paz?, claro pues yo era su último recuerdo de ella, yo era su último recurso. Yo solo cumplía el papel de recordatorio para él. Cuando me dijo que yo le gustaba, no me lo estaba diciendo a mí sino a ella. Cuando me salvó en la cascada, no me estaba salvando a mi sino a ella. Cuando me besó en su habitación.... La besó a ella, no a mí.

Todo fue un maldito engaño.

Me sentía furiosa. Él se había burlado de mí. Dejé expuestos mis sentimientos cuando él nunca tuvo la intensión de relacionarse conmigo. Él no quería nada conmigo, solo la quería a ella. Siempre fue ella. Cada mirada, cada sonrisa, cada abrazo y cada beso... todo fue dirigido a ella, nunca fue para mí. Por eso su actitud bipolar conmigo, por un momento pensaba que yo era Lunn y al otro se le daba por recordarse de que yo no era ella y ahí me volvía a tratar como mierda.

Preferiría arrancarme los ojos antes que sacar una sola lágrima por él. No iba a llorar, definitivamente no. Jamás lloraría por un idiota como él. Él no se merecía mi llanto. Él no se merecía nada de mi parte. Jamás en mi estúpida vida lloraría por él, me suicidaría antes de sacar una lágrima por el idiota ese.

-¿Por qué estas llorando Jay? -La voz de mi padre inundó mi habitación haciéndome enfurecer aún más con su desubicado comentario.

Rápidamente limpie las estúpidas y desobedientes lágrimas que habían caído de mis ojos. Aclarar que eran lágrimas de rabia más que nada.

-No estoy llorando. -Carraspeé unas cuantas veces intentando recomponerme.

Al menos disimula que no eres tan idiota como para estar llorando por él.

-Si tú lo dices. -Entrecerró sus ojos y luego siguió hablando. -La cena está lista.

-Ya voy. -dicho esto él salió de mi habitación y desapareció por el pasillo.

Solté un sonoro suspiro y luego me golpeé la cabeza unas diez veces con una almohada rosa intentando hacer que las malditas lágrimas desaparezcan de mis ojos por arte de magia. Cuando por fin las idiotas lágrimas obedecieron y dejaron de aparecer tomé mi celular y marqué el número de Austin, lo llamé con desesperación.

-Ven a casa ahora -dije con la voz más seca y llena de amargura que podría haber salido de mi boca.

-Hola querido mejor amigo, ¿Cómo estás? ¿Cuánto tiempo? Te extrañe -dijo con sarcasmo, revoleé los ojos con fastidio.

-Te necesito aquí AHORA -Espeté con enfado.

-Ya voy gruñona. -Refunfuño y luego cortó la llamada dejándome otraves en el depresivo silencio de mi habitación.

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