EPÍLOGO

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Iam-

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Iam-

Ella estaba ahí, con sus ojos desorbitados, se veía perdida, asustada. Una sensación de alerta se disparaba en mí cada vez que la veía con aquella expresión. Mi deber siempre fue protegerla, un labor que me encomendaron por toda la eternidad, sin embargo, hace tiempo eso dejó de ser un trabajo para mí, transformándose en una necesidad. Una necesidad incontrolable de mantenerla a salvo. Ella había logrado despertar una faceta diferente en mí, me intrigaba su manera de actuar, me fascinaba su espontaneidad, su locura, era increíblemente fascinante  observarla reír. Como su rostro se contraía en una sonrisa que irradiaba tanta energía. Ella había logrado acercarme a lo que ellos llaman amor. Ese sentimiento que los humanos tanto añoran experimentar. Ese sentimiento por el cual los humanos vivían y morían. Ese sentimiento que me debilitaba, haciéndome vulnerable. ¿Y es que un ángel no debería de sentir? Los seres humanos son vulnerables por sus sentimientos, por ello nosotros nos privados de esas emociones que nos hacen débiles. Sin embargo, yo no pude.

Años atrás había sido sellado en un hechizo que solo ella podía romper. Morí creyendo que ella era la causante, vi su rostro, su cuerpo atacándome. La traición, el engaño, la ira me consumió por años en aquel estado de inconsciencia. Nunca me imaginé que fuera otra persona disfrazada de ella, sin embargo nunca pude odiarla. Cuando desperté y vi su rostro no pude evitar ese impacto de emociones. Y es que mi vida se basaba en Lunn, la chica que me encomendaron proteger. Era tan loco creer que esa criatura lograría despertar sentimientos humanos en mí. Pero así fue, desde el momento que abrió sus odiosos ojos almendrados sentí debilidad ante ella. Vi tanta paz en ella, tanta inocencia y dulzura. Una niña que desconocía la maldad del mundo que la rodeaba. Ella sola se había ganado mi confianza, creó un lugar en mi corazón sin que yo mismo me diera cuenta de ello.

Nunca supe la razón del porque el destino nos había unido. Porque siempre existe un propósito, está escrito en el libro celestial, no existían las casualidades. Cada acción, cada movimiento, cada consecuencia, todo estaba escrito. Sin embargo, nunca pude descifrar la razón por la cual nos unieron.

Recuerdo haber cuestionado a Dann sobre su hermana, el porque tenía tanto deseo de encontrarla. Decía saber el propósito de ella, la razón por la cual fue creada. Al principio me mantuve alerta, pero sabía que debía de seguir el destino, tenía que seguir las reglas del juego en que nos habían metido, no podía rehusarme, después de todo yo era un simple peón más del montón. Y termine accediendo. Ayude a Dann a encontrar a Jay, después de todoera su destino. Pero al verla tan vulnerable, tan asustada, no pude evitar cuestionarme si en verdad su propósito debía de ser así de insignificante. ¿Ser creada simplemente para que su alma sea consumida por su hermano? En ese instante mi necesidad de protegerla se disparó. Ella no quería eso, ella solo quería ser una humana normal. Entonces, ¿era posible crear tu propio destino cuando los de arriba ya habían sentenciado tu futuro? No lo sabía y lo veía difícil, aún así intente ayudarla a escapar del propósito por el cual fue creada. Traicione a los ángeles, convirtiéndome en un caído. ¿Qué más importaba? La única forma de intentar salvarla era esa.

El punto es que siempre encontré algo extraño en Jay. Era tan distinta a Lunn. Sin embargo era la misma persona, entonces ¿Tenía sentido? Para nada. La estudié, sus pasos, gestos, gustos su comportamiento. No había rastro de Lunn en ella. Sin embargo su alma me transmitía la misma paz que Lunn. Era imposible entender la situación. ¿Porqué perdió la memoria? ¿Por qué sus padres la criaron como su hija? Si en verdad ella era Lunn y había pasado años perdida sin memoria, entonces porque había fotos de ella de niña? Entonces comprendí. Ella había muerto. Lunn estaba muerta. Cuerpo de mortal y alma de ángel. Había algo  verdaderamente perturbador en ella. Su cuerpo nacerá y morirá muchas veces. Sin embargo su alma seguirá siendo la misma. Era una maldición de no acabar, no importaba donde naciera o en qué año, tarde o temprano el destino nos volverá a unir. Sus sentimientos eran eternos y partes de sus recuerdos volverán para atormentarla como un dejavu. Una maldición de vivir y morir hasta que cumpla su cometido. Era como un juego en donde poseía vidas infinitas y la única meta era cumplir su destino para así romper la cadena infinita que habían creado para ella. No entendía del todo, pero sabía que debía de protegerla hasta que ella se sintiera lista para la verdad.

El llanto de la pequeña rompió el lapso en el cual había entrado. Me concentre en la pequeña con sus ojos llorosos, se veía asustada. Me acerque a ella y por extraño que parezca, sonrió.

-Me ayudas a encontrar a mi mami? -Entabló la niña con una sonrisita pícara mientras secaba las lágrimas de hace unos minutos atrás.

-¿Tengo la obligación de hacerlo? -La cuestione con diversión. Ella asintió con su cabecita mientras arrugaba su nariz de forma caprichosa.

-Sip, eres mi ángel guardián.  -Sonreí al recordar aquella misma frase cientos de años atrás- Debes cuidarme Iael.

No respondí, solo tomé su mano y la guíe hasta el otro lado de la plaza en donde se encontraba su madre. Sus mechones rubios y castaños de alborotaban por el viento y ella reía llena de felicidad.

La observé unos segundos antes de soltarla. Sentí un cosquilleo en el pecho al verla sonreirme antes de irse. Era idéntica.

Que extraño puede llegar a ser el destino...

Que extraño puede llegar a ser el destino

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